El sonido de la guerra en la Antigüedad: Carnyx y Draco

Carnyx de Tintignac enfrentado al Draco de Niederbieber
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El paisaje sonoro del campo de batalla constituía un elemento estratégico fundamental: los ejércitos no solo debían verse imponentes, sino también sonar aterradores. El estruendo de miles de combatientes, el choque del metal, los gritos de guerra y, sobre todo, los instrumentos musicales específicamente diseñados para el combate, creaban una atmósfera psicológica que podía decidir el resultado de un enfrentamiento antes incluso del primer choque físico.

Los pueblos antiguos comprendieron tempranamente que el sonido podía desmoralizar al enemigo, coordinar movimientos tácticos, reforzar la cohesión del grupo propio y establecer una presencia territorial audible a kilómetros de distancia. En este contexto bélico-ritual surgieron dos instrumentos particularmente fascinantes: el carnyx celta y el draco utilizado por romanos y posteriormente por diversos pueblos europeos y asiáticos.

Ambos representan la sofisticación técnica y simbólica con la que las sociedades antiguas abordaron la dimensión acústica de la guerra, combinando función práctica, significado ritual y efectos psicológicos en artefactos que trascendían su mera utilidad como instrumentos musicales o estandartes militares.

 

EL CARNYX CELTA

El carnyx era un aerófono de metal, generalmente de bronce, utilizado por los pueblos celtas entre el siglo III a.C. y el siglo III d.C. Su característica más distintiva era su forma vertical, con un tubo largo que terminaba en una embocadura en la parte inferior y, en el extremo superior, una elaborada cabeza zoomorfa, típicamente de jabalí, aunque también se documentan serpientes, dragones y otros animales de significado totémico.

El carnyx medía entre 1,5 y 2 metros de altura y se sostenía verticalmente durante su ejecución, proyectando el sonido por encima de las cabezas de los guerreros. Esta disposición no era casual: permitía que el sonido viajara largas distancias y creaba un efecto acústico descendente, como si procediera del cielo o de entidades sobrenaturales. La boquilla, similar a las de trompetas modernas, se situaba en el extremo inferior, mientras que el pabellón superior, frecuentemente articulado mediante bisagras, podía moverse durante la ejecución, añadiendo un componente visual aterrador.

Las reconstrucciones arqueológicas y experimentales han demostrado que el carnyx producía sonidos extremadamente potentes y penetrantes. El timbre era áspero, gutural y diseñado para el impacto psicológico. Los intérpretes podían ejecutar toques simples, notas sostenidas y glissandos que, multiplicados por decenas de instrumentos tocando simultáneamente, generaban un muro sonoro verdaderamente intimidante.

Función bélica y ritual

Las fuentes clásicas grecorromanas documentan el impacto aterrador del carnyx. Polibio, en sus Historias (Libro II, 29), describe la batalla de Telamón (225 a.C.) entre romanos y galos cisalpinos mencionando el clamor de innumerables trompetas y cuernos celtas. Diodoro Sículo (V, 30) señala que los galos utilizaban trompetas que producen un sonido áspero adecuado al tumulto de la guerra. Estas descripciones no son meras anécdotas: reflejan una estrategia deliberada de guerra psicológica.

El carnyx no solo servía para aterrorizar. También cumplía funciones de señalización táctica, permitiendo coordinar movimientos de grupos de guerreros en el caos de la batalla. Su sonido distintivo podía indicar avances, retiradas o reagrupamientos. Además, poseía un profundo significado ritual y cosmológico: el jabalí, animal más frecuentemente representado, simbolizaba ferocidad, valentía y conexión con el Otro Mundo en la mitología celta. Tocar el carnyx era, por tanto, invocar poderes sobrenaturales en favor del propio bando.

La etimología del término carnyx deriva de la raíz gala carn- o cern-, que significa «asta» o «cuerno», la misma raíz presente en el nombre del dios Cernunnos, señor de los animales salvajes.

Hallazgos arqueológicos significativos: contextos rituales

Los restos de carnyx son relativamente escasos, dado que el bronce solía fundirse y reutilizarse. Un patrón significativo emerge del análisis de los hallazgos: los carnyx se encuentran frecuentemente en entornos rituales, no en contextos domésticos. Estos depósitos votivos aparecen en lugares sagrados, frecuentemente asociados con agua (turberas, lagos, ríos) o santuarios.

Los más importantes son los descubiertos en Deskford (Escocia) y Tintignac (Francia). Otros fragmentos de carnyx se han encontrado en Sanzeno (Italia) y varios puntos de Europa central y alpina. El descubrimiento de Tintignac permitió identificar en 2012 fragmentos hallados en décadas anteriores  como pertenecientes a carnyx.

En enero de 2026 se anunció uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de las últimas décadas: el descubrimiento de un carnyx en Norfolk (Inglaterra). El depósito ritual, fechado entre 50 a.C. y 50 d.C., contiene un carnyx casi completo —el más completo jamás encontrado según los expertos— con tubo, boquilla y pabellón intactos, junto con fragmentos de un segundo carnyx. Lo extraordinario del hallazgo es que incluye también el primer estandarte de cabeza de jabalí encontrado en suelo británico, fabricado en láminas de bronce extremadamente delgadas.

Fuentes iconográficas

El caldero de Gundestrup (siglo II-I a.C.), descubierto en Dinamarca en 1891, constituye la representación más célebre del carnyx en el arte antiguo. En su placa interior E aparecen tres músicos tocando carnyxes verticalmente en una escena que probablemente representa un ritual de muerte y renacimiento: guerreros caídos en batalla son sumergidos en un caldero por una figura divina de gran tamaño, emergiendo transformados como jinetes que cabalgan hacia el Otro Mundo. Una serpiente, símbolo de renovación, guía a los jinetes resucitados.

Esta representación fue fundamental para las reconstrucciones modernas: cuando solo se conservaba la cabeza del carnyx de Deskford, las imágenes del Gundestrup permitieron comprender que el instrumento se sostenía verticalmente, con el tubo elevándose desde la boquilla inferior hasta la cabeza zoomorfa superior. El carnyx también aparece en monedas celtas y galo-romanas como símbolo de identidad militar y cultural.

 

Carnyx en el caldero de Gundestrup
Carnyx en el caldero de Gundestrup (foto: Claude Valette)

 

EL DRACO ROMANO

El draco representa un fenómeno distinto pero paralelo: un estandarte militar que incorporaba componentes sonoros. Las evidencias sugieren que fue adoptado por los romanos, de pueblos dacios y sármatas, a principios del siglo II d.C., convirtiéndose en elemento característico de la caballería romana tardía y posteriormente de diversos pueblos germánicos y balcánicos.

El draco consistía en una cabeza de bronce o metal precioso, generalmente con forma de dragón, lobo o serpiente estilizada, montada sobre una asta. De esta cabeza surgía un largo tubo de tela, originalmente seda en los modelos orientales o lino en las versiones occidentales, que se extendía varios metros como el cuerpo serpentiforme del animal. La boca de la cabeza metálica estaba abierta y, en muchos casos, equipada con una lengua móvil de metal.

El mecanismo sonoro era ingenioso: cuando el estandarte se movía a caballo o con viento fuerte, el aire entraba por la boca abierta y circulaba por el tubo de tela. Este flujo generaba vibraciones que, amplificadas por la cavidad de la cabeza metálica y moduladas por la lengua móvil, producían un silbido agudo y penetrante, un bramido o un zumbido grave según el diseño específico. El efecto se intensificaba durante las cargas de caballería, cuando el movimiento rápido maximizaba el flujo de aire.

Función militar y simbólica

El draco cumplía múltiples funciones integradas. Como estandarte, identificaba unidades militares específicas, especialmente escuadrones de caballería (alae y vexillationes). La Notitia Dignitatum, documento administrativo del siglo V, ilustra numerosos dracones asociados a unidades concretas del ejército tardorromano. En batalla, permitía a los jinetes mantener la cohesión y a los comandantes visualizar la posición de sus tropas.

Pero su dimensión sonora añadía capas adicionales de significado. El bramido del draco durante una carga de caballería multiplicaba el impacto psicológico: el enemigo no solo veía aproximarse centenares de jinetes, sino que escuchaba un coro de rugidos sobrenaturales. Amiano Marcelino (XVI, 10, 7) describe los dracones romanos como dragones fijados en lo alto de astas que, cuando el viento los agitaba, silbaban como si estuvieran enfurecidos.

La simbología del dragón conectaba con tradiciones apotropaicas presentes desde Mesopotamia hasta China. El dragón era simultáneamente protector del propio bando y terror para el enemigo, guardián fronterizo y depredador mítico.

Fuentes iconográficas

Las fuentes iconográficas son más abundantes: el draco aparece en relieves de la Columna de Trajano como botín de las Guerras Dacias (101-106 d.C.), confirmando que fue adoptado por los romanos de estos pueblos.

 

Draco dacio o sármata en la Columna Trajana
Draco dacio en la Columna Trajana (foto: Conrad_Cichorius)

 

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, el draco no desapareció. Fue adoptado por pueblos germánicos, especialmente sajones y anglosajones. El Tapiz de Bayeux (siglo XI) muestra claramente un draco anglosajón durante la batalla de Hastings (1066), constituyendo una fuente visual excepcional. En Europa oriental, la tradición perduró entre pueblos eslavos y en las estepas euroasiáticas.

 

Estandarte normando con un draco en la batalla de Hastings representada en el tapiz de Bayeux
Estandarte normando con un draco en el tapiz de Bayeux (foto: Wikimedia)

 

DÓNDE PODEMOS VERLOS HOY: MUSEOS Y LUGARES VISITABLES

EL CARNYX DE DESKFORD (Museo Nacional de Escocia, Edimburgo. Escocia)

Del instrumento original, fabricado en bronce y latón entre los años 80 y 200 d.C., solo sobrevive la cabeza de jabalí. La pieza conservada muestra la mandíbula inferior articulada con bisagras y varias láminas de bronce que formaban el paladar de la boca. Las descripciones del hallazgo de 1816 mencionan una lengua de madera montada sobre un resorte de bronce en la garganta, pero tanto esta como la cresta y los tubos del instrumento se han perdido.

Junto a la pieza original, el museo exhibe la reconstrucción completa realizada por John Creed en 1993, que permite comprender las proporciones y funcionamiento del instrumento. En la reconstrucción, el cráneo superior funciona como cámara de resonancia, separado de la boca y garganta por un paladar estriado que actúa como «paladar blando» móvil. La lengua montada sobre resorte vibra cuando el aire pasa a través del tubo, permitiendo que la bestia de metal «muerda» el aire mientras suena. Los ojos de esmalte rojo —una técnica de gran dificultad técnica— son parte de la reconstrucción y confieren a la cabeza una presencia inquietante.

La reconstrucción, de casi dos metros de tubo vertical coronados por la cabeza de jabalí, se basa en las imágenes del caldero de Gundestrup, que muestran cómo se tocaba verticalmente el instrumento. La pieza original pertenece al Aberdeenshire Museums Service, prestada permanentemente al museo nacional. El hallazgo ocurrió en 1816 en una turbera de Deskford (Banffshire), lugar que las excavaciones recientes (2012-2015) han revelado como sitio ritual con uso ceremonial desde el Neolítico. El instrumento fue deliberadamente desmontado antes de su deposición, como era costumbre ritual.

 

Carnyx de Deskford
Carnyx de Deskford (foto: Simon Chadwick)
réplica del carnyx de Deskford
Réplica del carnyx de Deskford (foto: dun_deagh)

 

EL TESORO DE TINTIGNAC (Maison du Patrimoine, Naves, Francia)

Este espectacular tesoro se descubrió en la pequeña localidad de Naves, en el departamento francés de Corrèze, en noviembre de 2004. Es el conjunto de carnyx más espectacular jamás hallado, compuesto por siete trompetas de guerra celtas, junto con cascos ceremoniales, espadas, escudos y un caldero, todos deliberadamente destruidos y enterrados en un pozo ritual bajo lo que debió ser un santuario galo-romano.

Cuatro de los objetos, restaurados, se exhiben en la Maison du Patrimoine, inaugurada en junio de 2022. En el centro de la sala principal, protegido por una vitrina de seguridad, se encuentra el carnyx completo con cabeza de jabalí: la única trompeta de guerra celta completa encontrada hasta la fecha en todo el mundo. Con sus 1,8 metros de longitud, el instrumento está prácticamente intacto, permitiendo a los investigadores comprender por primera vez la totalidad del diseño.

A su lado se exhibe el extraordinario casque-cygne (casco-cisne), una pieza ceremonial de bronce con forma de ave acuática de cuello estilizado, tan delgado y delicado que desafía la lógica de su supervivencia durante dos milenios. La embouchure (boquilla) del carnyx serpent —el séptimo carnyx hallado, único en Europa por su cabeza de criatura serpentina fantástica en lugar del habitual jabalí— y un pequeño caballo-enseña completan la exposición permanente.

El proyecto de un gran museo se abandonó por falta de presupuesto (varios millones de euros), pero está prevista una ampliación que permitirá exponer más piezas del tesoro de Tintignac. Los otros tres carnyx y los cascos restantes permanecen en las reservas, esperando financiación para su exhibición pública.

 

carnyx de Tintignac
Carnyx de Tintignac (foto: Mayr Harrsch)
carnyx de Tintignac
Carnyx de Tintignac (foto: Claude Valette)

 

EL CARNYX DE NORFOLK

El descubrimiento del carnyx de Norfolk se anunció en enero de 2026 y constituye el hallazgo más importante en décadas. Es el carnyx más completo jamás encontrado, con tubo, boquilla y pabellón intacto. Actualmente se encuentra en las instalaciones de conservación del Norfolk Museums Service.

Las láminas de bronce del estandarte de jabalí son extremadamente delgadas y frágiles tras 2,000 años bajo tierra. Los conservadores trabajan meticulosamente para estabilizar los objetos antes de cualquier exhibición pública. Un forense determinará en 2026 si el hallazgo es declarado «tesoro» según la ley británica, lo que determinará su destino final: probablemente el Norfolk Museums de Norwich o una colección nacional.

Junto al carnyx completo se hallaron fragmentos de un segundo, un estandarte de cabeza de jabalí – el primero descubierto en suelo británico -, cinco umbos de escudo y un objeto de hierro de función desconocida.

 

Carnyx de Norfolk
Carnyx de Norfolk (foto: Norfolk Museums Service)

 

Otros carnyx en colecciones europeas

Otros fragmentos de carnyx se encuentran en el Museo Británico de Londres y el Museo de las Antigüedades Nacionales de Saint-Germain-en-Laye (Francia).

 

EL DRACO DE NIEDERBIEBER (Landesmuseum Koblenz, Coblenza. Alemania)

En lo alto de la Festung Ehrenbreitstein, la fortaleza que domina la confluencia del Rin y el Mosela en Coblenza (Alemania), el Landesmuseum Koblenz exhibe una pieza única en el mundo: la cabeza de draco de Niederbieber, el único estandarte draco romano completamente preservado.

Fabricada en aleación de cobre que le confiere un tono dorado, esta cabeza de dragón está fechada en el tercer cuarto del siglo II d.C. y fue hallada en la fortaleza romana de Niederbieber, cerca de Neuwied. La boca permanece abierta en un rugido perpetuo, con los mecanismos visibles para la fijación del tubo de tela que habría formado el cuerpo serpentino del dragón. Cuando el estandarte se movía durante las cargas de caballería, el aire entraba por esta boca y generaba el silbido aterrador que describieron los autores clásicos.

 

Estandarte romano draco de Niederbieber
Draco de Niederbieber (foto: Sergio Geijo)

 

DÓNDE PODEMOS OIRLOS HOY. ARQUEOLOGÍA EXPERIMENTAL Y RECREACIÓN SONORA

La arqueología experimental de las últimas décadas ha conseguido lo impensable: devolver la voz a instrumentos silenciados durante casi dos milenios. Hoy es posible escuchar el carnyx y el draco fuera de las vitrinas de los museos, en contextos que van desde salas de concierto hasta bandas sonoras de Hollywood.

Los proyectos de reconstrucción

En 1991, el Dr. John Purser inició el primer proyecto serio de reconstrucción del carnyx de Deskford. El equipo reunió al arqueólogo Fraser Hunter, el orfebre John Creed y el trombonista John Kenny. Trabajando solo con la cabeza de jabalí conservada, modelaron los tubos inferiores basándose en las imágenes del caldero de Gundestrup. El diseño de la boquilla fue especulativo, pero cuando el carnyx de Tintignac se descubrió en 2004, reveló una boquilla idéntica: validación arqueológica 13 años después.

La reconstrucción se presentó en el Museo Nacional de Escocia en abril de 1993. John Kenny se convirtió así en la primera persona en tocar el carnyx tras 2000 años de silencio. Creed fabricó tres réplicas: una quedó en el museo, las otras dos en Carnyx & Co para interpretación pública.

El carnyx de Tintignac presentó nuevos desafíos. Tras el descubrimiento de 2004, el arqueólogo Christophe Maniquet lideró el equipo científico y Joël Gilbert, del laboratorio de acústica de la Universidad de Maine-CNRS, dirigió la investigación acústica. El lutier Jean Boisserie construyó la reconstrucción mediante técnicas tradicionales de forja en bronce. Este carnyx tenía tubos completamente rectos con boquilla fija integral, imposible de tocar verticalmente. Las simulaciones revelaron que probablemente faltaban unos 10 centímetros para alcanzar su longitud óptima.

Alessandro Ervas reconstruyó en Italia un tercer carnyx basándose en fragmentos de Sanzeno, identificados en 2012 en el norte de Italia.

 

John Kenny tocando el carnyx
John Kenny tocando el carnyx (foto: emaproject)

 

Los intérpretes que los hacen sonar

John Kenny es la figura central en la interpretación del carnyx. Trombonista profesional y profesor en la Guildhall School of Music de Londres y el Royal Conservatoire of Scotland, tras tocar por primera vez en 1993, ha desarrollado toda una carrera alrededor del instrumento. Su actuación más espectacular fue en marzo de 2003, cuando tocó en solitario ante decenas de miles de personas en el Stade de France de París. Desde 2014, como miembro del European Music Archaeology Project (EMAP), ha dado conciertos por toda Europa con las reconstrucciones de Deskford y Tintignac. Ha grabado múltiples álbumes centrados en el carnyx como Dragon Voices y The Voice of the Carnyx.

Abraham Cupeiro, nacido en Sarria (Lugo) en 1980, es el gran nombre español en la recuperación de instrumentos ancestrales. Construyó su propio carnyx en latón basándose únicamente en una imagen de moneda romana. Cuando arqueólogos franceses le invitaron a ver el carnyx de Tintignac, la diferencia entre su reconstrucción y el original era de milímetros. Su proyección internacional ha sido espectacular. Para Gladiator II (2024), Harry Gregson-Williams viajó específicamente a Galicia para grabar los sonidos del carnyx, el cornu y el aulós. Para Life on Our Planet (2023) de Spielberg, Cupeiro tocó 25 instrumentos distintos. Ha grabado tres álbumes —Pangea y Os sons esquecidos entre ellos, disponibles en plataformas digitales— con la Real Filharmonía de Galicia y la Royal Philharmonic Orchestra en Abbey Road Studios.

Más allá de estos dos intérpretes clave, grupos de recreación histórica como Clan Alba (Escocia), Ambiani (Francia) y Comitatus (Reino Unido) realizan demostraciones públicas con carnyx y draco en recreaciones que simulan formaciones militares antiguas. El ensemble italiano Synaulia está especializado en música romana con tuba, cornua y tibia, mientras que bandas contemporáneas como Snow Ghosts han incorporado el carnyx tocado por Kenny en su álbum A Quiet Ritual (2019), llevando estos sonidos ancestrales a nuevas audiencias.

 

El carnyx celta y el draco romano representan la sofisticación con la que las sociedades antiguas abordaron la dimensión acústica de la guerra. Lejos de ser meros instrumentos musicales o estandartes decorativos, constituían tecnologías integradas de comunicación, identificación, y manipulación psicológica.

 

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