El Disco de Festos, ¿tablero de juego milenario o texto indescifrable?
Una nueva investigación científica desafía 116 años de interpretaciones sobre el enigmático artefacto minoico
Cuando Luigi Pernier dirigía las excavaciones del palacio minoico de Festos en nombre de la Escuela Italiana de Arqueología de Atenas, no imaginaba que estaba a punto de realizar uno de los hallazgos más enigmáticos de la arqueología del Egeo: el Disco de Festos. El 3 de julio de 1908, entre tierra negra, cenizas y fragmentos de cerámica, el arqueólogo italiano extrajo un disco de arcilla cocida que se convertiría en uno de los objetos más debatidos y estudiados de la civilización minoica.
El objeto, de aproximadamente 16 centímetros de diámetro y 2 centímetros de grosor, apareció en el ala noreste del palacio, en una habitación rectangular donde también se halló una tablilla con inscripción en Lineal A, un sistema de escritura minoico aún no descifrado. Lo que hacía único a este disco no era solo su antigüedad —fechado entre 1850 y 1600 a.C., durante el período de transición entre el Minoico Medio y el Minoico Tardío— sino su extraordinaria decoración: 241 símbolos impresos mediante sellos en la arcilla húmeda, dispuestos en espiral desde el borde exterior hacia el centro, en ambas caras.
Los 45 signos diferentes representan una fascinante variedad de imágenes: figuras humanas en diversas posturas, animales como peces, aves e insectos, plantas, herramientas, armas y elementos arquitectónicos. Están organizados en grupos separados por líneas verticales, formando 61 unidades que parecen palabras, 31 en una cara y 30 en la otra.
Durante 116 años, este objeto extraordinario ha resistido todos los intentos de traducción. Más de 50 hipótesis han fracasado. Ahora, en enero de 2026, una investigación científica de Constantinos Ragazas propone algo revolucionario: quizás el problema no sea descifrar el mensaje, sino que hemos estado clasificando mal el objeto desde el principio. El Disco de Festos no sería un texto escrito, sino un objeto diseñado para seguir reglas o instrucciones, muy posiblemente un prototipo de juego de mesa.
LA CIVILIZACIÓN MINOICA Y EL PALACIO DE FESTOS
Para comprender la importancia del Disco de Festos, es necesario conocer el mundo que lo creó. La civilización minoica, que floreció en Creta durante la Edad del Bronce, desarrolló una sofisticada cultura palacial sin precedentes en el Mediterráneo oriental. Los grandes palacios minoicos —Cnosos, Festo, Malia y Zakros— eran más que simples residencias de la élite. Funcionaban como auténticas ciudades-estado donde se gestionaban las actividades políticas, económicas y religiosas.
Festos, el segundo palacio en importancia después de Cnosos, dominaba la fértil llanura de Mesará y controlaba los accesos al mar del golfo homónimo. El palacio tuvo dos fases constructivas principales. El «palacio viejo» fue edificado hacia 1900 a.C. y destruido alrededor de 1700 a.C., probablemente por un terremoto. Sobre sus ruinas se levantó el «palacio nuevo», más pequeño pero más monumental, que sería destruido definitivamente hacia 1450 a.C.
La civilización minoica mantenía intensos vínculos comerciales con el Próximo Oriente y el Egipto faraónico, una conexión cultural que resultará crucial para comprender la nueva teoría sobre el Disco.

UN SIGLO DE HIPÓTESIS DESCARTADAS
Desde su descubrimiento, decenas de investigadores han intentado descifrar el Disco. El arqueólogo Gareth Owens, tras 30 años de estudio, propuso que contiene un himno dedicado a una diosa minoica, con repeticiones de posibles palabras como «QE-RA» que quizás significara «diosa madre». Otros lo interpretaron como un documento administrativo, un inventario de productos del palacio o una lista de tributos. También se sugirió que podría representar un calendario astronómico con ciclos lunares o conocimientos estelares codificados.
La hipótesis del juego de mesa, curiosamente, no es completamente nueva. Poco después del descubrimiento, el arqueólogo italiano Alessandro Della Seta ya señaló que la rígida segmentación del disco y su organización en espiral resultaban difíciles de conciliar con la escritura. Sin embargo, en la obsesión generalizada por descifrarlo como texto —alimentada por el éxito del desciframiento del Lineal B por Michael Ventris y John Chadwick en 1952— esta hipótesis fue marginada durante décadas.
El problema fundamental es que el Disco de Festos es un objeto absolutamente singular. No existe ningún otro ejemplo en este sistema de escritura, ninguna inscripción bilingüe que permita establecer correspondencias con lenguas conocidas, ningún contexto arqueológico que confirme o descarte las interpretaciones. Sin estos elementos de contraste, cualquier traducción permanece en el terreno de la especulación.
LA PROPUESTA DE 2026: UN PROTOTIPO DE JUEGO
El estudio de Constantinos Ragazas no se basa en intentar descifrar símbolos, sino en analizar cómo se fabricó el objeto, cómo está diseñado y dónde se encontró. El análisis microscópico revela asimetrías significativas entre las dos caras del disco. Las impresiones de los sellos en una cara son notablemente menos profundas que en la otra. Esta diferencia es coherente con una fabricación secuencial mientras la arcilla cambiaba de plasticidad: la arcilla fresca permite impresiones más profundas, mientras que la arcilla parcialmente seca produce marcas más superficiales.
La espiral incisa proporciona evidencia independiente. Presenta diferencias en la regularidad de su curvatura entre ambas caras, lo que confirma que las dos caras no se crearon en una única sesión de trabajo. Este patrón sugiere un proceso iterativo de diseño y refinamiento, típico de la creación de un prototipo funcional, no de la escritura de un mensaje definitivo.
El diseño espacial del Disco también aporta pistas importantes. Cada cara tiene dos zonas claramente diferenciadas: un anillo exterior con compartimentos cerca del borde, y una espiral que va desde ese anillo hacia el centro. Lo interesante es que el modo en que conectan estas dos zonas es distinto en cada cara. En una cara la conexión parece tosca, como si el diseñador hubiera tenido que improvisar para encajar todos los símbolos. En la otra cara, esa misma conexión está resuelta de forma más elegante y fluida. Este tipo de mejora entre una versión y otra es típico cuando alguien está perfeccionando un diseño, probando y corrigiendo sobre la marcha.
Hay otros detalles que no encajan con la idea de un texto escrito. Cuando alguien escribe, normalmente ajusta el tamaño de las letras o las palabras para que todo quepa bien en el espacio disponible. Aquí ocurre lo contrario: los símbolos parecen forzados para encajar en casillas de tamaño fijo, sin importar si quedan apretados o hay espacio sobrante. Es como si las divisiones entre compartimentos fueran lo importante, no el contenido en sí. Además, no hay ni una sola corrección ni tachadura en todo el disco, lo cual es extraño si se tratara de un texto.
La orientación de los símbolos también resulta llamativa. Las figuras del anillo exterior están orientadas hacia fuera, como si estuvieran pensadas para que alguien sentado frente al disco las viera del derecho. Los símbolos de la espiral interior, en cambio, siguen la dirección de la espiral. Si fuera un texto para leer, todos los símbolos deberían estar orientados en la misma dirección para facilitar la lectura. Sin embargo, esta disposición tiene todo el sentido si pensamos en un tablero de juego donde varios jugadores se sientan alrededor y cada uno debe ver correctamente las casillas que tiene delante.

EL PARALELO EGIPCIO: EL JUEGO MEHEN
El estudio identifica un paralelo cultural crucial: el juego egipcio Mehen, documentado desde el Período Predinástico hasta finales del Reino Antiguo, aproximadamente entre 3500 y 2180 a.C. El tablero del Mehen se tallaba en forma de serpiente enroscada en espiral y simbolizaba a la serpiente Mehen, una deidad protectora asociada con el inframundo y la resurrección. Las fichas del juego, generalmente en forma de leones o leonas, se desplazaban a lo largo de la espiral.
Creta mantenía intensos contactos comerciales con Egipto desde los primeros siglos del II milenio a.C., lo que hace verosímil que las élites cretenses conocieran los juegos egipcios y pudieran adaptarlos a su propia cultura.
Un dato importante es que, aunque existen textos antiguos escritos en espiral en otras culturas, el Disco de Festos no se parece a ninguno de ellos. Los textos en espiral suelen tener las palabras escritas de forma continua, siguiendo la curva sin interrupciones. El Disco, en cambio, tiene la espiral cortada en secciones rígidas, como casillas. Además, los minoicos nunca escribieron textos en espiral. Ni en su escritura jeroglífica, ni en Lineal A, ni en Lineal B existe un solo ejemplo de texto circular o en espiral. ¿Por qué harían una excepción justamente con este objeto?


UN PROTOTIPO INCONCLUSO
El contexto arqueológico aporta la evidencia final. El Disco fue hallado en un depósito quemado dentro de un área de almacenamiento o servicio del palacio. El detalle más revelador es que el objeto era arcilla sin cocer en el momento de su depósito y parece haberse preservado por una cocción accidental durante el incendio destructivo. Estos factores son consistentes con un objeto en desarrollo, un prototipo, y no con una inscripción terminada y lista para su uso ceremonial.
Independientemente de su función, el Disco de Festos representa una extraordinaria innovación técnica. Los 241 símbolos fueron realizados mediante presión de sellos jeroglíficos preformados sobre la arcilla blanda. Es decir, cada símbolo se fabricó como una pequeña pieza independiente, similar a un sello, que se podía usar repetidamente para estampar el mismo signo en diferentes lugares del disco. Esta técnica de usar piezas reutilizables para crear textos o símbolos es el mismo principio que usaría Gutenberg más de 3.000 años después con su imprenta, donde cada letra era una pieza independiente que se podía combinar y reutilizar.
Esta sofisticación plantea una pregunta inquietante: ¿por qué crear un sistema de impresión tan elaborado para un único texto? La respuesta podría estar en que los sellos no se diseñaron para escribir un mensaje, sino para marcar las casillas de un tablero de juego que podría producirse en múltiples copias.
¿QUÉ TIPO DE JUEGO PODRÍA SER?
Aunque el estudio de Ragazas no propone reglas específicas del juego, la estructura sugiere algunas posibilidades. El Disco de Festos podría tratarse de un juego de recorrido desde el borde exterior hacia el centro, similar al Mehen egipcio o al posterior Juego de la Oca europeo. La cenefa externa podría representar posiciones especiales con bonificaciones, penalizaciones o eventos rituales. Los diferentes símbolos podrían codificar acciones específicas, movimientos permitidos o eventos del juego. Las dos caras podrían representar versiones alternativas, niveles de dificultad diferentes, o dos etapas de un mismo recorrido.
El hecho de que cada cara tenga un número ligeramente diferente de unidades —31 en una cara y 30 en la otra— podría indicar ajustes en el diseño del prototipo, refinamientos que se hicieron tras probar la primera versión.

IMPLICACIONES DE LA NUEVA PROPUESTA
Si el Disco de Festos resulta ser efectivamente un tablero de juego, confirmaría algo que ya sabemos por otras culturas contemporáneas: que los juegos de mesa en la antigüedad eran mucho más que simple entretenimiento. Como ocurría en Egipto con el Mehen o el Senet, los juegos podían incorporar profundo simbolismo religioso y servir de cohesión social entre las élites. Lo que sí sería excepcional es la técnica empleada para fabricarlo, con sellos reutilizables que anticipan la imprenta en más de tres milenios.
Esta reinterpretación, lejos de cerrar el debate, lo reabre desde una perspectiva completamente nueva. Libera al objeto de la carga de ser un texto misterioso y lo replantea como un fascinante artefacto de la cultura material minoica. El caso del Disco de Festos ilustra una lección fundamental: a veces, el problema no es encontrar la respuesta correcta, sino hacer la pregunta correcta. Durante 116 años, la pregunta ha sido «¿qué dice este texto?». La nueva investigación sugiere que deberíamos haber preguntado: «¿qué tipo de objeto es este realmente?».
DÓNDE VER EL DISCO DE FESTOS
El Disco de Festos se exhibe en el Museo Arqueológico de Heraclión, en Creta, uno de los museos más importantes de Europa y el principal museo dedicado a la civilización minoica en el mundo. El museo cuenta con 27 salas distribuidas en dos plantas, con la colección más completa de arte minoico del mundo. Además del Disco de Festos, destacan el colgante de las abejas de Malia, la Diosa Serpiente, la cabeza de toro o ritón, frescos minoicos como el del salto del toro, y numerosas piezas que abarcan 5.500 años de historia, desde el Neolítico hasta la época romana.
El museo se puede combinar perfectamente con la visita al palacio de Cnosos, situado a solo 13 kilómetros de Heraclión, o con una excursión al yacimiento arqueológico de Festos (Phaistos), donde fue descubierto el disco, ubicado a unos 60 kilómetros al sur de Heraclión, en la llanura de Mesará. El palacio de Festos, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2025 junto a otros lugares de la cultura minoica, ofrece una extraordinaria visión de la arquitectura palacial minoica, con su impresionante propileo occidental, el patio central, los apartamentos reales y los almacenes.
MÁS INFORMACIÓN
MUSEO ARQUEOLÓGICO DE HERACLIÓN (Xanthoudidou 2, 712 02, Heraclión, Creta)
HORARIOS: consultar web
TARIFAS: Entrada general 20€
WEB: heraklionmuseum.gr
FUENTE PRINCIPAL
Ragazas, Constantinos: "The Phaistos Disk as a Board Game: Evidence from Manufacture, Spatial Design, and Context". Research Gate.
Carvajal, Guillermo: "El disco de Festo puede ser el tablero de un juego de mesa milenario en lugar de un texto indescifrable". La Brújula Verde.
