Honderos baleares, guerreros de élite de la Antigüedad
De las Guerras Púnicas a la Copa del Mundo
«La honda es el arma más mortífera usada por las tropas ligeras, porque el plomo es del mismo color del aire e invisible en su trayectoria…»
Onasandro, Strategikos
Con estas palabras, el estratega militar griego Onasandro describía uno de los instrumentos bélicos más eficaces del mundo antiguo: la honda. Un arma silenciosa, de largo alcance y enorme capacidad destructiva que convirtió a los habitantes de las Islas Baleares en mercenarios de élite durante más de cuatro siglos.
Desde el Mediterráneo púnico hasta los ejércitos de Roma, los honderos baleares fueron temidos y solicitados por las grandes potencias militares de la Antigüedad. Hoy, más de dos mil años después, esa tradición no solo pervive como memoria histórica, sino también como deporte autóctono reconocido por ley en las Islas Baleares.

HISTORIA DE LOS HONDEROS BALEARES
Los honderos baleares surgieron en el seno de la cultura talayótica, una sociedad insular desarrollada en Mallorca y Menorca desde el II milenio a.C. hasta la conquista romana en 123 a.C. Se trataba de comunidades adaptadas a un medio árido, rocoso y pobre en recursos minerales, cuya economía se basaba fundamentalmente en la ganadería ovicáprida, complementada por la caza y el aprovechamiento marino.
La actividad pastoril era la principal fuente de sustento y la honda constituía la herramienta tradicional del pastor para el control del rebaño. Lanzando piedras a larga distancia, el pastor podía dirigir a los animales y cortarles el paso sin necesidad de desplazarse hasta ellos. Esta técnica resultaba especialmente eficaz en el terreno rocoso y accidentado de las islas, donde la movilidad del pastor estaba limitada. Su uso cotidiano desde edades tempranas generó una destreza técnica excepcional, documentada por las fuentes clásicas.
Autores como Estrabón, Diodoro Sículo y Licofrón coinciden en señalar que los niños baleares eran entrenados desde la infancia, hasta el punto de que no recibían alimento si no acertaban con la honda a un blanco previamente fijado. Esta práctica constante transformó una habilidad funcional en una auténtica especialización militar.
De pastores a mercenarios
Durante el periodo postalayótico (siglos VI–II a.C.), el contacto con fenicios, púnicos y griegos integró progresivamente a las Baleares en las redes mediterráneas. A partir del siglo V a.C., la habilidad de los honderos comenzó a ser explotada como recurso mercenario, especialmente por Cartago.
Las primeras menciones documentadas sitúan honderos baleares en Cerdeña a mediados del siglo VI a.C. y, poco después, en los grandes conflictos del Mediterráneo central. En la toma de Selinunte (409 a.C.) y Agrigento (406 a.C.), Diodoro describe su papel decisivo dentro de los ejércitos cartagineses. En la batalla de Ecnomo (311 a.C.), mil honderos baleares combatieron en primera línea, lanzando proyectiles de gran tamaño con tal potencia que desarmaban y abatían a los enemigos incluso protegidos con casco y escudo.
Su prestigio quedó definitivamente consolidado durante la Segunda Guerra Púnica. Polibio y Tito Livio mencionan contingentes baleares en el ejército de Aníbal desde el año 218 a.C., presentes en campañas clave como Trebia, Cannas y Zama. Eran considerados tropas ligeras de choque, capaces de desorganizar al enemigo antes del enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

La integración en el ejército de Roma
La fama militar de los honderos baleares, consolidada durante siglos de servicio mercenario, no impidió que Roma emprendiera la conquista de las Islas Baleares en los años 123–122 a.C. La operación fue dirigida por el cónsul Quinto Cecilio Metelo, ante la creciente preocupación romana por la piratería en el Mediterráneo occidental. Las fuentes antiguas describen cómo, durante la aproximación naval, la flota romana hubo de proteger las cubiertas de sus naves con pieles tensadas, a modo de blindaje improvisado, para mitigar el impacto de los proyectiles lanzados desde la costa por los honderos indígenas.
Tras la victoria romana y la incorporación de las islas al sistema provincial, lejos de desaparecer, los honderos baleares se integraron de forma sistemática en el ejército romano, ahora como tropas auxiliares. Roma supo aprovechar una especialización militar ya plenamente desarrollada, incorporando a los baleares dentro de su esquema táctico como infantería ligera de hostigamiento, comparable a los arqueros cretenses o a los jinetes númidas. Su función principal consistía en desorganizar al enemigo antes del choque de las legiones, hostigar a distancia, romper formaciones y causar bajas entre tropas poco protegidas.
Durante el siglo I a.C., los honderos baleares formaron parte de los ejércitos romanos desplegados en África y la Península Ibérica, participando en la Guerra de Yugurta y, de forma más clara, en las guerras sertorianas. En época de Julio César, los honderos baleares estuvieron presentes en las campañas de las Galias y en la guerra civil, actuando junto a otras unidades ligeras auxiliares. Su función principal fue hostigar al enemigo, proteger los flancos y apoyar el avance de la infantería legionaria.
Gracias a la arqueología, encontramos proyectiles de honda en plomo (glandes) en campamentos romanos de Hispania y del Mediterráneo occidental, algunos con inscripciones latinas, que evidencian su uso militar dentro del ejército romano.

DESCRIPCIÓN DE LOS HONDEROS BALEARES Y SU TÉCNICA
Las fuentes grecolatinas coinciden en un rasgo esencial: el hondero balear era infantería ligera, diseñada para moverse con rapidez y golpear a distancia. Estrabón ofrece la descripción más completa de su equipo: acudían al combate sin cinturón, con un pequeño escudo (frecuentemente de piel de cabra) y solo de manera ocasional con una punta de hierro o arma corta auxiliar. El núcleo de su panoplia era la honda, o mejor dicho, tres hondas, llevadas “alrededor de la cabeza”, fabricadas con fibras vegetales, crines o tendones, y diferenciadas por su longitud según la distancia del tiro. Estrabón precisa además la materia vegetal (melancranis, interpretada generalmente como junco).
Esta triple honda no es un detalle anecdótico, sino una solución técnica práctica. Las fuentes antiguas indican tres longitudes: una larga para disparos a gran distancia, una mediana para alcance intermedio y otra corta para combate cercano. En términos tácticos, esto permitía mantener continuidad de fuego sin depender de una única herramienta: el hondero ajustaba alcance y control del proyectil según la situación, desde hostigamiento a distancia hasta tiros tensos en el contacto previo al choque.
Sobre la munición, las fuentes distinguen entre piedras y proyectiles manufacturados. Diodoro señala que los baleares estaban habituados a lanzar piedras de gran tamaño, incluso “de una mina de peso”, y que su cadencia de tiro y potencia podían compararse, por sus efectos, con los de un arma mecánica: proyectiles capaces de abollar cascos, dañar armaduras y romper escudos. Esa insistencia en el peso y en el impacto refuerza la imagen de una técnica basada no solo en precisión, sino en energía cinética: velocidad de salida elevada, trayectoria baja y golpe contundente.
Junto a la piedra, aparece con claridad el uso del plomo. Silio Itálico alude expresamente a la honda balear con proyectil de plomo, cuyos glandes son más uniformes, aerodinámicos y eficaces para el tiro a larga distancia. La arqueología confirma esa transición y su uso intensivo en época republicana: se han documentado glandes en campamentos y lugares de conflictos romanos, y algunos llevan inscripciones latinas de carácter intimidatorio o propagandístico —como el conocido “ACIPE” (“toma/atrápalo”)—, un indicio directo de su empleo militar estandarizado.

PATRIMONIO BALEAR: EL RENACIMIENTO DE UNA TRADICIÓN
Lejos de desaparecer tras la Antigüedad, el tiro con honda (tir de fona en mallorquín) ha pervivido en las Islas Baleares como una práctica tradicional transmitida de generación en generación, vinculada primero al mundo rural y pastoril y, en época contemporánea, al ámbito deportivo y cultural. Esta continuidad convierte al tiro con honda en uno de los pocos ejemplos europeos de supervivencia moderna de una técnica de combate documentada en las fuentes clásicas.
Con el objetivo de preservar y estructurar esta tradición, en 1984 se fundó la Federación de Tiro con Honda de las Islas Baleares. Desde sus inicios, la federación ha trabajado en la normalización de reglas, la organización de competiciones y la difusión histórica del tiro con honda como parte del legado cultural de las islas.
El reconocimiento institucional llegó en 2006, cuando el tiro con honda fue declarado deporte autóctono de las Islas Baleares por ley, consolidando su estatus dentro del patrimonio cultural inmaterial del archipiélago. Este reconocimiento permitió reforzar su práctica reglada y su proyección internacional.
Un paso decisivo en esa proyección fue la creación, en 2019, de la Copa del Mundo de tiro con honda, que se celebra anualmente en la isla de Ibiza. El campeonato reúne cada año a competidores procedentes de casi una treintena de países, lo que refleja el creciente interés internacional por una disciplina con profundas raíces históricas. La edición de 2026, prevista entre el 19 y el 25 de octubre, alcanzará su séptima convocatoria.
Las competiciones actuales reproducen, de forma reglada, las técnicas tradicionales del tiro con honda. El formato habitual consta de cuatro tiradas, dos con piedra y dos con pelota, lanzadas contra una diana de 1,20 × 1,20 metros. Las distancias varían según la modalidad y el sexo: en categoría femenina la diana se sitúa a 10 metros, mientras que en categoría masculina las distancias son de 13 metros para pelota y 20 metros para piedra. Este sistema combina precisión, control técnico y regularidad, manteniendo el espíritu de una práctica ancestral adaptada a los criterios del deporte moderno.
De este modo, el tiro con honda ha pasado de ser un arma temida en los campos de batalla de la Antigüedad a convertirse en un símbolo identitario del patrimonio balear, donde historia, arqueología y tradición viva convergen en una disciplina reconocida y practicada en pleno siglo XXI.

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