Retratos de El Fayum: los rostros del Egipto romano
Los retratos de El Fayum son unas de las obras de arte más peculiares y llamativas de la Antigüedad que han llegado hasta nuestros días. ¿Quién no se detiene ante estos ojos que te observan? Quien descubre estas tablas de madera, no más gruesas que un dedo, cubiertas de cera pigmentada con el rostro de un hombre, una mujer o un niño de hace veinte siglos, experimenta sin duda alguna la sensación de estar siendo observado. Los grandes ojos oscuros de estas figuras nos miran a nosotros, directamente, como lo haría el retratado si estuviera vivo.
Esa es la paradoja extraordinaria que encierra este corpus pictórico. Son retratos funerarios, concebidos para acompañar a los muertos en su viaje al más allá, y sin embargo resultan de una vitalidad perturbadora. Pintados entre los siglos I y III d. C. en la provincia romana de Egipto, constituyen el mayor conjunto conservado de pintura sobre tabla de la Antigüedad clásica..
Se conocen alrededor de un millar de ejemplares dispersos por las colecciones de museos de todo el mundo. La mayoría proceden de las necrópolis de Hawara y er-Rubayat, en la región de El Fayum, una fértil depresión desértica a unos cien kilómetros al suroeste de El Cairo. De ahí el nombre con que los conocemos, aunque ‘retratos de El Fayum’ es en la práctica una denominación estilística, no geográfica: se han hallado pinturas similares en Saqqara, Antinópolis, Tebas y Menfis. Son producto de una civilización que supo fundir en un solo objeto tres tradiciones: la creencia funeraria egipcia en la preservación del cuerpo y la identidad del difunto, la destreza del retrato realista greco-romano, y la técnica de la encáustica, esa pintura de cera fundida y pigmentos que producía colores de una intensidad asombrosa.

HISTORIA DE LOS RETRATOS DE EL FAYUM
Para comprender por qué los retratos de El Fayum surgieron en este lugar y en este momento, hay que retroceder al siglo IV a.C. Cuando Alejandro Magno conquistó Egipto en el 332 a.C., abrió el país a una intensa colonización griega y macedónica. La región de El Fayum fue uno de los principales focos de esa colonización: los primeros Ptolomeos concedieron parcelas de tierra recién irrigada a soldados veteranos griegos y macedonios, que se asentaron junto a la población local. Durante tres siglos, el Fayum fue un microcosmos cosmopolita donde convivían egipcios, griegos, sirios, judíos y libios. Esa mezcla cultural encontró en los ritos funerarios su expresión más duradera.
Cuando Egipto se convirtió en provincia imperial romana en el 30 a.C., tras la muerte de Cleopatra VII, la estructura demográfica del Fayum no cambió de raíz, pero sí la moda. La corte de Roma marcaba el ritmo en vestidos, peinados y joyas, y las clases altas de las ciudades provinciales seguían esas tendencias con el mismo interés con que hoy podemos seguir las pasarelas de Milán o París. Fue probablemente durante los primeros años del principado de Tiberio (14-37 d.C.) cuando cristalizó la costumbre de sustituir la tradicional máscara funeraria egipcia por un retrato pintado sobre tabla: una innovación que combinaba la práctica milenaria de la momificación con el retrato greco-romano.
DEL EXPOLIO AL LABORATORIO
El primer europeo en describir estos retratos fue el explorador italiano Pietro della Valle, quien en 1615 adquirió en el área de Saqqara-Memphis dos momias con retratos y las llevó a Europa. Pero fue a finales del siglo XIX cuando el mundo tomó conciencia de la magnitud de esta obra. En 1887, campesinos de er-Rubayat excavaron ilegalmente una necrópolis y extrajeron decenas de momias con retratos. El marchante vienés Theodor Graf adquirió el lote, organizó exposiciones por Europa y América y vendió las piezas a coleccionistas y museos de todo el mundo. La dispersión fue masiva e irreversible: hoy esos mismos retratos se conservan en Berlín, Viena, París, Nueva York, Moscú.
Al año siguiente, en 1888, el arqueólogo británico Flinders Petrie inició excavaciones sistemáticas en la necrópolis de Hawara, descubriendo 81 momias con retratos. En el invierno de 1910-1911 realizó una nueva campaña, recuperando otras 70 momias. Sus registros de campo —la posición de cada momia, su orientación, los objetos asociados— permanecen como la fuente de información contextual más fiable de todo el conjunto. Fue también Petrie quien estableció, de forma pionera, que los peinados y las joyas representadas en los retratos podían usarse para fecharlos con relativa precisión. Una intuición que los investigadores posteriores han desarrollado y refinado hasta convertirla en uno de los instrumentos cronológicos más potentes de la arqueología romana.

LA TÉCNICA. ENCÁUSTICA Y TEMPLE
Técnicamente, los retratos se dividen en dos grupos: los pintados mediante encáustica y los pintados al temple. La encáustica —del griego enkausis, ‘quemar dentro’— emplea pigmentos disueltos en cera de abeja fundida. El pintor aplicaba la mezcla con pinceles o con un instrumento metálico caliente, trabajando por capas y modelando el volumen mediante la dirección y densidad de las pinceladas: más espesas y empastadas en pómulos y nariz para dar sensación de relieve, más fluidas en los contornos del cabello. El resultado, cuando la cera se enfriaba, era una superficie brillante, ligeramente en relieve, con una potente intensidad de color.
El temple —con huevo o cola animal como aglutinante— predomina en los retratos más tardíos, a partir de la segunda mitad del siglo II d.C., y produce superficies más mates con una gradación tonal más sutil. Los retratos encáusticos, en general los más tempranos y técnicamente exigentes, suelen considerarse de mayor calidad artística; pero esta jerarquía no es absoluta: existen obras al temple de extraordinario refinamiento, y obras encáusticas de ejecución tosca.
El soporte era mayoritariamente madera: tilo, roble, sicómoro, cedro, ciprés o higuera, cortada en láminas muy delgadas que se ajustaban al enfardelado de la momia. Las maderas más valoradas —el tilo, en particular— no eran autóctonas de Egipto y debían importarse del Mediterráneo septentrional. Algunos retratos incorporan láminas de oro para representar joyas, coronas o fondos, acentuando el carácter suntuario de la pieza. La posición canónica es el busto de tres cuartos o frontal, con los ojos ligeramente agrandados y la mirada directa al espectador: un frontalismo que no es arcaísmo, sino elección consciente que permite al alma del difunto reconocer su propio rostro al regresar al cuerpo momificado.

CÓMO FECHAR UN RETRATO: LA GUÍA DEL LECTOR
Una de las grandes herramientas de los investigadores para fechar los retratos de El Fayum es, precisamente, lo que los hace tan vivos: la ropa, el peinado y las joyas de los retratados. Las élites del Fayum romano seguían la moda imperial con fidelidad sorprendente, y dado que los peinados de la familia imperial están perfectamente documentados en monedas, bustos de mármol y relieves, podemos usar esa moda como reloj. La regla es sencilla: si reconoces el peinado de una emperatriz romana, sabes en qué reinado murió el retratado.
Esta guía te permitirá situarte ante cualquier retrato del corpus y hacer una estimación cronológica razonada. No es infalible —las modas viajaban lento hasta las provincias, y un peinado podía mantenerse en uso durante años después de que la corte lo abandonara—, pero es el mejor instrumento disponible para la inmensa mayoría de retratos que carecen de inscripción.
PEINADOS FEMENINOS. EL ESPEJO DE LAS EMPERATRICES
La norma era simple y reveladora: las mujeres del Fayum copiaban el peinado de la emperatriz del momento. Los retratos más antiguos, del período julio-claudio (14-68 d.C.), muestran cabello partido en dos al centro, liso u ondulado, recogido en un moño bajo sobre la nuca mediante trenzas simples. Es el peinado de Livia, la esposa de Augusto, que fijó el ideal de austeridad romana temprana.
Con los emperadores flavios (69-96 d.C.) llega la gran transformación. Las emperatrices Domicia y Julia Titi popularizaron un peinado espectacularmente elaborado: una corona de rizos apilados en la frente y la coronilla, a menudo artificial, que daba a la cabeza una forma casi triangular. En los retratos del Fayum de esta época las mujeres aparecen con esa misma arquitectura capilar, a veces combinada con tirabuzones laterales que enmarcan las sienes. Es el peinado más llamativo y el más fácil de identificar.
El período antonino (96-192 d.C.) trae una moda de gran elegancia: la raya al centro, con bucles y ondas laterales que caen sobre las sienes y la nuca, y una corona de trenzas que rodea la cabeza. Las emperatrices de la época de Adriano y Marco Aurelio son el modelo, y sus peinados se reproducen con extraordinaria fidelidad en los retratos. Esta época concentra algunos de los retratos más bellos y técnicamente perfectos del corpus.
Con los Severos (193-235 d.C.) el peinado se simplifica: el cabello se divide en dos bandas simétricas que enmarcan el rostro y se recogen atrás, a menudo con una trenza horizontal sobre la frente. La moda de Julia Domna, la poderosa emperatriz siria esposa de Septimio Severo, es el referente. Pasado el año 235, los retratos se vuelven cada vez más escasos y técnicamente más simples: el siglo III trajo una crisis económica severa que afectó a todas las artes suntuarias del Imperio.
PEINADOS MASCULINOS. DE LA AUSTERIDAD A LA BARBA FILOSÓFICA
El dato más llamativo para datar retratos masculinos es la barba. Los emperadores julio-claudios y flavios se afeitaban: los retratos de hombres de los siglos I y comienzos del II presentan rostros afeitados o con apenas una ligera sombra. Todo cambia con Adriano (117-138 d.C.), quien introdujo la barba larga y filosófica como signo de cultura y moderación. A partir de ese momento, y durante toda la época antonina y severiana, los hombres del Fayum lucen barba plena, a menudo con rizos marcados al estilo cortesano. La barba se convierte en un marcador cronológico fiable: retrato masculino sin barba = antes de Adriano; con barba = a partir de 117 d.C.
JOYAS. UN CATÁLOGO DEL LUJO PROVINCIAL
Las joyas representadas en los retratos de El Fayum son una fuente excepcional de información sobre la orfebrería romana provincial. Su evolución cronológica es casi tan precisa como la de los peinados. Los retratos más tempranos muestran pendientes de bola, simples esferas de oro o perla, que son la variante más antigua documentada. A partir de la época flavia, los pendientes de tipo crotalia —una cuenta superior fija de la que cuelgan una, dos o hasta cuatro perlas mediante un eje de oro— se convierten en el tipo dominante. El nombre crotalia viene del griego para ‘castañuelas’: las perlas producían un ligero tintineo al caminar.
Los collares evolucionan de formas sencillas con colgante de luna creciente (la lunula, amuleto protector de las mujeres romanas) hacia composiciones cada vez más elaboradas: varias vueltas de perlas, medallones centrales con piedras engarzadas, pectorales de cadenas de oro. En el siglo II, los retratos femeninos de mayor calidad muestran piezas de orfebrería de precisión: pendientes con esmeraldas engastadas en marcos de oro, diademas con incrustaciones de vidrio coloreado, pulseras articuladas. Estas joyas no son convencionales ni simbólicas: los análisis de piezas reales encontradas en contextos arqueológicos del período confirman que los pintores del Fayum reproducían con exactitud los ornamentos de los difuntos.
Un detalle particularmente significativo es el uso del pan de oro: coronas, guirnaldas y a veces las joyas mismas se representaban mediante láminas de oro real aplicadas sobre la tabla. Este procedimiento, visible en varios retratos del MET y del Louvre, añadía un coste considerable a la pieza y la situaba en el nivel más alto de lujo funerario. El oro tenía además un significado religioso: los dioses egipcios tenían la piel de oro, y dorar el retrato era una forma de asimilar al difunto con lo divino.

CINCO DESTACADOS RETRATOS DE EL FAYUM
EUTYCHES, EL ESCLAVO LIBERADO (METROPOLITAN MUSEUM OF ART, NUEVA YORK)
Pintado entre el 100 y el 150 d.C. con encáustica sobre madera, el retrato de Eutyches es uno de los más famosos del corpus y uno de los pocos que nos ha transmitido el nombre del retratado a través de una inscripción. Un adolescente de cabello castaño oscuro, cortado corto y peinado hacia adelante, nos mira con una serenidad que no deja adivinar la complejidad de su historia. La inscripción en griego, pintada en pigmento oscuro bajo el cuello de la túnica blanca, dice: ‘Eutyches, liberto de Kasanios’. Era un esclavo que había sido manumitido, ya fuera en vida o en el momento de la muerte. El nombre, en griego, significa ‘Afortunado’, y hay quien señala que podría ser una traducción del dios egipcio de la buena suerte, Shai: incluso el nombre recuerda la mezcla cultural del Fayum.
La túnica blanca lleva una franja vertical púrpura (clavus) sobre el hombro derecho, un elemento que habitualmente identificaba a los miembros del orden ecuestre. ¿Cómo llegó un antiguo esclavo a merecer un retrato de esta calidad? El misterio de Eutyches es una de esas pequeñas historias que los retratos de El Fayum guardan celosamente.

LA JOVEN DE LA CORONA DORADA (METROPOLITAN MUSEUM OF ART, NUEVA YORK)
Fechado hacia el 120-140 d.C., en plena época adrianea, este retrato encáustico sobre tabla de madera es una de las piezas más reproducidas del corpus. La joven aparece con grandes ojos, labios ligeramente entreabiertos y un peinado característico del período de Adriano, con rizos en tirabuzón alrededor de la frente. El pan de oro se aplicó en la corona, en el fondo y en el collar inferior con lunula, un amuleto en forma de media luna asociado a la protección femenina en el mundo romano. Las joyas son elaboradas, muestra de su estatus: pendientes crotalia con varias perlas y collar de múltiples hilos.

LA TUMBA DE ALINE (NEUES MUSEUM, BERLÍN)
Descubierta en Hawara en 1892 por el arqueólogo alemán von Kaufmann, la tumba de Aline es uno de los conjuntos funerarios que más información aporta. Contenía ocho momias; tres de ellas con retratos pintados. En una de llas, una inscripción griega identifica a Aline, también llamada Tenos, hija de Herodes, fallecida a los 35 años. Pintado directamente sobre el lienzo del enfardelado de la momia, muestra a una mujer de mediana edad con un peinado que los investigadores sitúan en el período de Tiberio (14-37 d.C.).
Las otras dos momias con retrato eran probablemente sus hijas. El marido de Aline también estaba en la tumba, pero sin retrato pintado: en su lugar llevaba una máscara dorada tridimensional, lo que ha dado pie a interesantes discusiones sobre si las máscaras eran más o menos costosas que los retratos en ese momento, o si simplemente respondían a tradiciones familiares distintas. Todas las momias de la tumba de Aline se conservan en el Neues Museum de Berlín.

HERAKLEIDES Y EL MISTERIO DEL IBIS (GETTY VILLA, LOS ÁNGELES)
La momia de Herakleides, conservada en el Getty Villa de Los Ángeles, es uno de los escasísimos ejemplos en que el retrato permanece unido al cuerpo original. Herakleides era un joven de poco más de veinte años, con barba incipiente y ropajes que sugieren una posición acomodada; los investigadores lo sitúan entre los años 50 y 100 d.C. El retrato, encáustico y de gran calidad técnica, muestra el uso de dorado tanto en la corona vegetal como en los detalles del manto.
La sorpresa llegó con los análisis de escáner CAT realizados por el Getty: dentro de las vendas de la momia, sobre el abdomen de Herakleides, los investigadores descubrieron una segunda momia, la de un ibis. El ibis era el animal sagrado del dios Thoth, divinidad de la sabiduría, el conocimiento y los escribas. Incluir una momia de ibis en el enterramiento era un gesto de profunda veneración hacia Thoth y sugiere que Herakleides pudiera pertenecer al mundo de los escribas o el sacerdocio.


ISIDORA: LA MUJER DE ANKYRONPOLIS (GETTY VILLA, LOS ÁNGELES)
El retrato de Isidora, fechado entre el 100 y el 110 d.C. y conservado también en el Getty Villa, es notable por dos razones. Primera, porque conserva el nombre de la retratada: Isidora, nombre de resonancias inequívocamente egipcias (significa ‘don de Isis’). Segunda, porque el peinado —cabello partido al centro con rizos sobre las sienes y trenzas recogidas atrás— sitúa el retrato en la transición entre la moda flavia tardía y la antonina temprana, y los investigadores lo han usado como punto de referencia para calibrar la cronología de toda una serie de piezas sin datación documental.

ARTEMIDORO (BRITISH MUSEUM, LONDRES)
La momia de Artemidoro, conservada en el British Museum y fechada en los primeros años del siglo II d.C., es el objeto que mejor resume en un solo vistazo todo lo que los retratos de El Fayum son. En la parte superior, un joven de cabello oscuro pintado con encáustica sobre madera de tilo, coronado con un laurel dorado —la «corona de la justificación» con la que los egipcios distinguían a los bienaventurados—. Debajo del retrato, escenas funerarias en pan de oro sobre fondo rojo: Anubis velando el cuerpo, Isis y Neftis flanqueando la momia, Osiris despertando a la vida eterna. Y en el pecho, en griego, una inscripción de cuatro palabras con una errata de ortografía que hace el texto todavía más humano: Artemidore, eúpychi. Adiós, Artemidoro.
Artemidoro tenía entre diecinueve y veintiún años cuando murió. Era de origen griego —el nombre lo dice—, pero fue enterrado según los ritos egipcios con los dioses del Más Allá pintados sobre su cuerpo, y su retrato sigue la tradición romana más pura. Nadie más resume en tan poco espacio la triple herencia que define este corpus. Y nadie más se despide de nosotros con tanta sencillez.

DÓNDE VER LOS RETRATOS DE EL FAYUM EN EL MUNDO
Los retratos de El Fayum se conservan hoy en numerosos museos de Europa, América, Egipto o Australia. Esta amplia dispersión permite encontrar ejemplos en grandes instituciones internacionales, colecciones universitarias y museos arqueológicos de muy distinto perfil. Entre todos ellos, los reunidos en este capítulo destacan por la calidad de sus obras, por el número de retratos conservados, por su vinculación con Hawara, er-Rubayat y Antinópolis, por la presencia de momias con el retrato integrado o por su importancia en el estudio técnico de estas pinturas funerarias.
Nueva York, Londres, Berlín, París, Viena, Moscú, Los Ángeles y El Cairo ofrecen algunas de las colecciones más representativas para conocer la riqueza de estos rostros del Egipto romano: paneles de encáustica y temple, sudarios pintados, retratos tempranos y tardíos, piezas asociadas a momias completas y obras fundamentales para estudiar pigmentos, maderas, peinados, joyas y formatos entre los siglos I y III d. C.
METROPOLITAN MUSEUM OF ART, NUEVA YORK
El Metropolitan Museum of Art conserva uno de las colecciones más importantes y accesibles para el público internacional. Posee decenas de retratos, entre ellos los dos más célebres del corpus: el niño Eutyches y la joven de la corona dorada. Están expuestos habitualmente en la sección de arte egipcio del primer piso. El MET también conserva varias momias con retratos en su posición original, lo que permite apreciar el efecto de ‘ventana’ que tenía el retrato integrado en el enfardelado.

BRITISH MUSEUM, LONDRES
El British Museum posee uno de los conjuntos más importantes del mundo, formado a lo largo de casi dos siglos a través de colecciones muy diversas: las primeras piezas llegaron ya en 1827, traídas por el explorador Léon de Laborde desde Menfis, y los fondos continuaron creciendo con las adquisiciones del cónsul Henry Salt, compras en er-Rubayat y algunos paneles procedentes de las excavaciones de Petrie en Hawara. Conserva varias momias completas con el retrato integrado en su posición original, sin haber sido separado del cuerpo. Entre ellas destaca la momia de Artemidoro, cuyo enfardelado combina el retrato encáustico con figuras de los dioses funerarios pintadas directamente sobre el lino.

NEUES MUSEUM, BERLÍN
Berlín alberga una de las colecciones más completas del mundo, que incluye el conjunto de la tumba de Aline. El Ägyptisches Museum und Papyrussammlung, integrado hoy en el Neues Museum, presenta los retratos en su contexto funerario completo: junto a las momias originales, las máscaras, los objetos de ajuar y el material documental de la excavación. Es uno de los pocos lugares del mundo donde es posible ver un retrato del Fayum sin haber sido separado de su contexto arqueológico.

J. PAUL GETTY MUSEUM. GETTY VILLA, MALIBÚ
El Getty posee dieciséis retratos de calidad excepcional y es desde 2013 la sede del proyecto APPEAR —la mayor iniciativa de investigación técnica sobre los retratos de El Fayum, en la que participan más de cuarenta instituciones de todo el mundo. La momia de Herakleides y el retrato de Isidora son sus piezas más representativas, y ambas cuentan con la documentación técnica más detallada del corpus: análisis por fluorescencia de rayos X, reflectografía infrarroja y escáner CAT. Para quien quiera profundizar en cómo se fabricaron estos retratos, la web del proyecto APPEAR es el recurso científico de referencia.

MUSEO DEL LOUVRE, PARÍS
El Louvre conserva una treintena de retratos de El Fayum procedentes de colecciones muy diversas: las piezas traídas en 1827 por Léon de Laborde desde Menfis —entre las primeras en llegar a Europa—, los fondos reunidos por el cónsul general en Egipto Henry Salt en la década de 1820, y las excavaciones de Albert Gayet en Antinoópolis a principios del siglo XX, que proporcionaron algunas de las piezas más excepcionales. Son precisamente los retratos de Antinoópolis los que distinguen al Louvre de otras colecciones: pintados sobre tabla ovalada en lugar de rectangular, con una austeridad estilística característica y frecuentemente acompañados de sudarios de lino pintados, ofrecen una visión del género diferente a la de los retratos más conocidos de Hawara o er-Rubayat.

KUNSTHISTORISCHES MUSEUM, VIENA
El Kunsthistorisches Museum alberga los retratos del Fayum que hicieron historia en Europa. Procedentes en su mayoría de la colección Theodor Graf —el marchante vienés que en 1887 organizó la primera gran exposición de estos retratos en el continente—, se exponen en la Sala XIII de la colección egipcia y de Oriente Próximo, en la planta baja del edificio de María Teresa Plaza. Son las mismas piezas ante las que, a finales del siglo XIX, Viena descubrió asombrada que el Egipto romano había producido retratos de una modernidad extraordinaria.

MUSEO PUSHKIN, MOSCÚ
El Pushkin conserva veintitrés retratos que, según los especialistas, conforman la colección más interesante del mundo para seguir su evolución a lo largo del tiempo: hay piezas de prácticamente todos los períodos, desde los retratos julio-claudios más tempranos hasta los ejemplares tardíos del siglo III. Esta continuidad cronológica excepcional permite al visitante ver, en una sola sala, cómo cambiaron los peinados, las joyas y la propia calidad de la pintura a lo largo de casi tres siglos de historia romana en Egipto.

PETRIE MUSEUM OF EGYPTIAN ARCHAEOLOGY, LONDRES
El Petrie Museum de la University College London alberga la mayor colección de retratos del período romano fuera de Egipto: 146 paneles extraídos por Flinders Petrie de la necrópolis de Hawara en 1888-89 y 1910-11, más otros ejemplares adicionales, todos con documentación de campo original. Su valor es único precisamente por eso: son las únicas piezas excavadas con metodología sistemática y publicadas con registros precisos de su posición, orientación y contexto funerario.

MUSEO EGIPCIO DE EL CAIRO
El Museo Egipcio de El Cairo conserva varios retratos de El Fayum procedentes de Hawara y Antinópolis. Entre las obras expuestas destacan el retrato de un muchacho vestido con chitón lila y collar, pintado en encáustica sobre madera, y el retrato de una mujer realizado sobre madera de cedro. Junto a estos paneles, el museo conserva el célebre Tondo de los dos hermanos, o Tondo de Antinópolis, una obra circular del siglo II d. C. que se aparta del formato rectangular más habitual y muestra dos jóvenes representados junto a por dos pequeñas figuras doradas de carácter grecoegipcio, identificadas como Osirantinoo y Hermanubis. Estas imágenes unen a Antínoo con Osiris y a Hermes con Anubis, en una iconografía propia de la ciudad fundada por Adriano en memoria de Antínoo.

EL DIRECTORIO DE LOS RETRATOS DE EL FAYUM (ONLINE)
Para quien quiera explorar el corpus sin moverse de casa, el Directorio de Retratos de El Fayum (retratosdelfayum.online) es un recurso de gran valor: una base de datos sistemática de los retratos conocidos, con fotografías, fichas técnicas, cronología y localización actual. Una herramienta excepcional para planificar visitas o simplemente explorar el corpus de forma independiente.
