Amarna. La ciudad de Akenatón, el faraón hereje

Palacio Norte de Amarna, Egipto
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Egipto – Minya

 

Tell el-Amarna está situado en la orilla oriental del Nilo, en la gobernación de Minya, a unos 300 km al sur de El Cairo y 400 km al norte de Luxor. Este yacimiento arqueológico conserva los vestigios de Ajetatón —«El Horizonte de Atón»—, la ciudad que el faraón Akenatón fundó a mediados del siglo XIV a.C. como capital de un nuevo orden religioso centrado en el culto al disco solar.

Abandonada y demolida sistemáticamente tras su muerte, Ajetatón permaneció enterrada bajo la arena durante más de tres mil años. El hecho de que nunca fuera reocupada ni se construyera sobre ella la convierte en uno de los testimonios arqueológicos más importantes de una ciudad del Reino Nuevo. Su estado permitió que pudiera estudiarse el trazado urbano original, los edificios religiosos y civiles, las necrópolis y la vida cotidiana de sus habitantes con un grado de detalle excepcional en la arqueología del Antiguo Egipto.

Amarna fue el escenario de uno de los episodios más singulares de la historia de los faraones. Akenatón convirtió la nueva ciudad en el centro de una reforma religiosa centrada en Atón, el disco solar, un culto estatal que redujo de forma drástica el papel de las antiguas divinidades y alteró el equilibrio religioso del Reino Nuevo. Su revolución religiosa, política y artística fue tan radical como efímera: tras su muerte, sus sucesores restauraron el orden anterior, borraron su nombre de las listas reales y destruyeron su ciudad.

Desde 1977 el Proyecto Amarna de la Universidad de Cambridge trabaja en la recuperación y estudio sistemático de la antigua capital.

 

Cabeza de Akenatón. Museo Nacional de Alejandría, Egipto.
Akenatón. Museo Nacional de Alejandría (foto: Ranil Amarasuriya, CC BY-NC-SA 2.0)

 

HISTORIA DE AMARNA

Amenhotep IV accedió al trono de Egipto en torno al 1353 a.C. como sucesor de Amenhotep III, durante la XVIII Dinastía del Reino Nuevo. En el año 5 de su reinado, cambió su nombre de Amenhotep («Amón está satisfecho») por el de Akenatón, “útil para Atón”, centró el culto estatal en Atón, y redujo el papel de las divinidades tradicionales, con una ofensiva especialmente visible contra Amón, cuyo clero tebano acumulaba un poder económico y político de primer orden.

La naturaleza exacta de la reforma religiosa de Akenatón es objeto de debate académico. La mayoría de los investigadores actuales la califican de henoteísmo —supremacía de un dios sin negación explícita de los demás— antes que de monoteísmo en sentido estricto, dado que durante su reinado persistió el culto privado a otras divinidades entre la población general. El culto oficial, no obstante, se concentró en Atón, representado en la iconografía amarniense como el disco solar cuyos rayos terminan en manos. Algunas de esas manos ofrecen el signo anj —la vida— al faraón, a Nefertiti y a las princesas, reforzando el papel de la familia real como mediadora entre la divinidad y la humanidad.

FUNDACIÓN DE AJETATÓN

Akenatón eligió para su nueva capital un lugar virgen en la orilla oriental del Nilo, en el Egipto Medio, sin tradición religiosa previa ni templos a otros dioses. Hizo esculpir en los acantilados que rodean la llanura una serie de estelas de demarcación, distribuidas en ambas orillas del Nilo, en las que proclamó los límites sagrados de la nueva ciudad y juró no construir ni ser enterrado fuera de ellos. Estos documentos epigráficos constituyen la fuente primaria más detallada sobre la fundación de Ajetatón.

La construcción comenzó aproximadamente en el año 6 del reinado y se llevó a cabo con una velocidad excepcional, facilitada por el uso de los talatat: bloques de piedra arenisca de tamaño estandarizado (unos 52 × 26 × 24 cm) que agilizaban el transporte y la colocación. En el año 8, Akenatón trasladó la corte a la nueva capital antes de que las obras estuvieran concluidas. La ciudad se organizó en torno a un eje norte-sur conocido como el Camino Real, que vertebraba los distintos barrios y estructuras monumentales. En su momento de mayor desarrollo, la ciudad pudo albergar entre 20.000 y 50.000 habitantes, según las estimaciones basadas en los estudios del Proyecto Amarna.

 

Relieve de Akenatón con Nefertiti y tres hijas. Neues Museum, Berlín.
Akenatón y Nefertiti con sus tres hijas. Neues Museum Berlin (foto: Nick Thompson, CC BY-NC-SA 2.0)

 

FIN DE LA CIUDAD Y DAMNATIO MEMORIAE

Akenatón murió en torno al 1336 a.C., tras aproximadamente diecisiete años de reinado. Las circunstancias de su muerte son desconocidas. En el período inmediatamente posterior al suyo hubo uno o dos reinados breves y mal documentados —Semenejkara y posiblemente Nefertiti bajo el nombre de Neferneferuatón— antes de que el trono pasara al joven Tutankamón, quien inicialmente se llamó Tutankatón. Bajo Tutankamón se produjo la restauración del culto a Amón y el traslado de la corte de vuelta a Tebas. Ajetatón fue progresivamente vaciada y abandonada.

Los faraones posteriores, especialmente Horemheb y los ramésidas, procedieron a demoler sistemáticamente los templos de Atón y a reutilizar sus sillares en construcciones de otras ciudades, principalmente Hermópolis. Las imágenes de Akenatón fueron martilladas, su nombre borrado de inscripciones y monumentos y su figura eliminada de las listas oficiales de faraones. Esta damnatio memoriae fue tan eficaz que durante siglos Akenatón fue un personaje prácticamente desconocido para la historia.

Paradójicamente, esa misma destrucción y ese abandono garantizaron la excepcional conservación del yacimiento. Al no ser reocupada continuamente, Ajetatón preservó bajo la arena su plano original, sus necrópolis y una cantidad extraordinaria de material arqueológico.

HISTORIA DE LAS EXCAVACIONES

Las primeras menciones europeas del yacimiento datan del siglo XVIII. En 1798, los científicos de la expedición napoleónica lo documentaron e incluyeron en la Description de l’Égypte. En 1887, una campesina que excavaba en las ruinas localizó un depósito de más de 380 tablillas cuneiformes escritas en acadio: las Cartas de Amarna, el archivo diplomático más importante de la Edad del Bronce, que recoge la correspondencia entre Akenatón —y su padre Amenhotep III— y los gobernantes de Babilonia, Asiria, Mitani, Hatti y los reinos vasallos de Canaán.

Las primeras excavaciones sistemáticas las realizó W. M. Flinders Petrie en 1891-1892, estableciendo la primera planimetría general de la ciudad. Entre 1907 y 1914, el Deutsche Orient-Gesellschaft (DOG) excavó el sector sur de la ciudad y el barrio de los artesanos. En diciembre de 1912, Ludwig Borchardt descubrió en el taller del escultor real Tutmés el busto policromado de Nefertiti —hoy en el Neues Museum de Berlín—, junto a numerosos estudios escultóricos en distintas fases de elaboración que documentan el proceso de trabajo de los talleres reales. La Egypt Exploration Society (EES) trabajó el yacimiento entre 1921 y 1936, excavando la Ciudad Central, el Gran Templo de Atón y el Palacio Norte.

Desde 1977, el Proyecto Amarna de la Universidad de Cambridge, fundado y dirigido durante casi cinco décadas por el profesor Barry Kemp —fallecido en 2024—, ha llevado a cabo la investigación más prolongada y sistemática del yacimiento. Sus líneas de trabajo incluyen la cartografía completa de la ciudad, la excavación del Gran Templo de Atón, el estudio de los cementerios populares desde 2005, el análisis de la arquitectura doméstica y extensos estudios bioarqueológicos de los restos humanos. El proyecto continúa activo bajo la dirección de Anna Stevens (Universidad de Cambridge), con campañas regulares cuyos resultados se publican en el Journal of Egyptian Archaeology.

 

Busto de la reina Nefertiti que se exhibe en el Neues Museum de Berlín
Busto de Nefertiti. Neues Museum Berlin (foto: Egisto Sani. CC BY-NC-SA 2.0)

 

QUÉ VER EN AMARNA

Amarna se visita normalmente desde Minya, situada a unos 60 km al norte del yacimiento. También puede organizarse la visita desde Mallawi o Deir Mawas, más próximas a Amarna. Desde la orilla occidental del Nilo, el acceso al yacimiento se realiza por el puente situado entre Deir Mawas y Mallawi, o mediante ferry. En cualquier caso, es imprescindible disponer de vehículo durante toda la visita, porque el yacimiento es demasiado extenso para recorrerlo a pie.

Según la información del Proyecto Amarna, si se llega a primera hora, en un día se puede visitar el Palacio Norte, el Pequeño Templo de Atón y su entorno, las Tumbas Norte, la Estela U y la Tumba Real. Las Tumbas Sur, Kom el-Nana y otros sectores del yacimiento requieren más tiempo y suelen encajar mejor en una segunda jornada. El horario habitual es de 8:00 a 16:00 y las entradas se compran en la taquilla situada en la carretera hacia las Tumbas Norte. Algunas zonas del yacimiento pueden permanecer cerradas al público por trabajos de conservación o mantenimiento, por lo que conviene confirmar el recorrido disponible antes de iniciar la visita.

Gran parte de lo conservado son cimientos, trazas urbanas, muros de adobe, restos de pavimentos y tumbas excavadas en la roca. Para una mejor comprensión del lugar es recomendable preparar previamente el recorrido o realizarlo con una persona que conozca bien el yacimiento.

 

Recreación digital 3D de la ciudad de Amarna realizada por Paul Docherty
Recreación 3D de Amarna. Ciudad Central (foto: Paul Docherty)
plano en castellano de Amarna con la Ciudad Central
Amarna – Ciudad Central (fuente: amarna3d)

 

LA CIUDAD CENTRAL

El núcleo monumental de Ajetatón, donde se concentraban los principales templos y edificios de gobierno, es la primera parada habitual de la visita. Está marcado en el terreno por cimientos de adobe, bases de columnas y, en algunos puntos, restos de pavimentos originales.

El Gran Templo de Atón (Per-Aten) es el edificio religioso principal y el de mayor escala de la ciudad. A diferencia de los templos del Egipto tradicional —cubiertos y cerrados para preservar la oscuridad sagrada del santuario— el Gran Templo de Atón estaba completamente al aire libre, sin techo, para que la luz del sol penetrase en el espacio sagrado. Sus dimensiones aproximadas eran de 800 metros de longitud por 300 de anchura. En su interior se alineaban centenares de mesas de ofrendas. Sus muros y pilonos estuvieron revestidos de relieves e incrustaciones de fayenza policromada.

 

Gran templo de Atón en Amarna
Amarna. Gran Templo de Atón (foto: Amarna Project)

 

El Pequeño Templo de Atón, situado al sur del Gran Templo, ocupaba un recinto de adobe de unos 191 × 111 m. Estaba dividido en tres patios sucesivos, abiertos al cielo. El primer patio conservaba la base de una gran plataforma flanqueada por 106 mesas de ofrendas de adobe. El tercer patio estaba dominado por un santuario de piedra, semejante al del Gran Templo de Atón, también lleno de mesas de ofrendas. Las columnas papiriformes reconstruidas que hoy se ven en el yacimiento ayudan a identificar el sector del santuario.

 

Pequeño Templo de Atón, en la Ciudad Central de Amarna. Las columnas papiriformes reconstruidas señalan el sector del santuario de este recinto religioso dedicado al disco solar durante el reinado de Akenatón.
Amarna. Pequeño Templo de Atón (foto: Amarna Project)

 

El Gran Palacio se extendía a lo largo del lado occidental del Camino Real y estaba conectado con la Casa del Rey mediante un puente elevado que cruzaba la avenida. De este complejo quedan cimientos, bases de estructuras y restos muy fragmentarios de su decoración original, que incluyó relieves, pavimentos pintados, incrustaciones de fayenza y elementos de piedra. Una de las reconstrucciones propuestas sitúa en el sector ceremonial del palacio la Ventana de las Apariciones, el espacio desde el que Akenatón, Nefertiti y la familia real se mostraban públicamente y recompensaban a altos funcionarios con collares de oro. Esta ceremonia aparece representada con especial fuerza en varias tumbas de los nobles.

Al este de la Casa del Rey y del Pequeño Templo de Atón se extendía un sector de edificios administrativos de adobe. En uno de ellos, identificado por sus ladrillos estampillados como la Oficina de Correspondencia del Faraón, aparecieron la mayoría de las tablillas cuneiformes de las Cartas de Amarna. Este archivo diplomático conservaba la correspondencia entre la corte egipcia y los grandes reinos del Próximo Oriente, así como con gobernantes vasallos de Siria-Palestina.

 

EL PALACIO NORTE

Situado entre la Ciudad Norte y el Suburbio Norte, el Palacio Norte fue excavado en 1923 y 1924 y reexaminado parcialmente en la década de 1990. Sus restos incluyen patios, zonas de servicio, espacios residenciales, áreas para animales, jardines hundidos y estancias decoradas con pintura mural. El edificio pudo estar inicialmente vinculado a Nefertiti o Kiya, y más tarde fue adaptado como palacio de Meritaten, hija mayor de Akenatón y Nefertiti.

En la llamada Sala Verde, una estancia situada junto al jardín del sector nordeste, se conservaban pinturas murales con aves y plantas del entorno nilótico. Un estudio de Christopher Stimpson y Barry Kemp identificó en esas pinturas especies como el alcaudón dorsirrojo, la lavandera blanca, la paloma bravía y el martín pescador pío.

 

Palacio del Norte en Amarna, Egipto
Amarna. Palacio del Norte (foto: José Calvo-López)
Pinturas murales de la Sala Verde de Amarna en el Metropolitan Museum de Nueva York
Sala verde de Amarna. Metropolitan Museum NY (foto: The Metropolitan Museum of Art)

 

LAS TUMBAS DE LOS NOBLES

Talladas en los acantilados orientales que bordean la llanura de Amarna, las tumbas de los altos funcionarios de Akenatón constituyen uno de los conjuntos mejor conservados del yacimiento. Se dividen en dos grupos: las tumbas norte, situadas en el sector nororiental de la llanura, y las tumbas sur, excavadas en un frente rocoso más bajo y próximo a la zona residencial de la antigua ciudad.  Actualmente tienen acceso abierto al público varias de ellas, aunque el número de tumbas visitables varía según los trabajos de conservación en curso.

Sus paredes conservan relieves con escenas características del período amarniano: la familia real en la Ventana de las Apariciones, la procesión al templo de Atón, ceremonias de distribución de recompensas y, en algunos casos, representaciones de la vida en la ciudad. El estilo amarniano es perfectamente reconocible: figuras con cuellos elongados, cráneos alargados, torsos largos, caderas anchas y vientres prominentes, en una ruptura deliberada con los cánones del arte faraónico precedente.

Tumba de Ay (TA25). Situada en el grupo sur, es una de las tumbas más importantes de Amarna. Ay ostentó títulos de gran peso en la corte, entre ellos «Padre del Dios», portador del abanico a la derecha del rey y supervisor de los caballos de Su Majestad. Tras la muerte de Tutankamón llegó a ocupar el trono durante un breve reinado. Su tumba amarniana quedó inacabada y Ay fue enterrado finalmente en el Valle Occidental del Valle de los Reyes, en la tumba WV23/KV23.

El monumento conserva una de las escenas más significativas de la Ventana de las Apariciones, donde Akenatón y Nefertiti recompensan a Ay y a su esposa Tey con collares de oro. En la entrada se encuentra también la versión más larga conservada del Himno a Atón, parcialmente dañada, uno de los textos religiosos esenciales del período amarniano.

 

relieve de la Ventana de las Apariciones con Akenatón. Tumba de Ay, Amarna
Amarna. Tumba de Ay. Ventana de las Apariciones (foto: Tobeytravels)

 

Tumba de Meryre I (TA4). Meryre I fue sumo sacerdote de Atón en Ajetatón y portador del abanico a la derecha del rey. Su tumba, situada en el grupo norte, habría sido una de las más monumentales de Amarna si hubiera llegado a completarse. Sus relieves muestran a Akenatón, Nefertiti y las princesas realizando ofrendas a Atón, así como escenas arquitectónicas de gran valor para conocer los edificios religiosos y palaciales de la ciudad.

Entre ellas destacan las representaciones del templo de Atón, los almacenes, los patios de ofrendas y la ceremonia en la que Meryre recibe collares de oro de la familia real. En época copta se levantaron estructuras junto a la entrada, aunque la conversión en iglesia corresponde a la tumba de Panhesy.

 

Interior de la tumba de Meryre I (TA4), sumo sacerdote de Atón en Amarna. La sala exterior conserva columnas papiriformes y relieves con escenas de la familia real, el culto a Atón y edificios de la antigua Ajetatón.
Amarna. Tumba de Meryre I (foto: kairoinfo4u / Flickr. CC BY-NC-SA 2.0.)

 

Tumba de Meryre II (TA2). Meryre II fue escriba real, administrador, supervisor de los Dos Tesoros y responsable del harén real de Nefertiti. Su tumba se encuentra en el grupo norte, junto a la de Huya. Sus relieves conservan una de las representaciones más importantes del Gran Durbar del año 12,  la gran recepción de tributos del reinado de Akenatón, con delegaciones procedentes de Nubia, Siria-Palestina, el mundo egeo y otros territorios vinculados a la diplomacia egipcia. Es uno de los documentos iconográficos más detallados sobre la política exterior del período amarniano. La tumba incluye además una escena posterior, hoy muy dañada, en la que aparecían Semenejkara y Meritatón como rey y reina.

 

Tumba de Huya (TA1). Huya fue supervisor del harén real y de los tesoros, además de administrador de la Gran Esposa Real Tiy, madre de Akenatón. Su tumba conserva escenas de especial interés histórico, centradas en la presencia de la reina Tiy en Amarna y en la recepción de tributos del año 12, episodio que también aparece en la tumba de Meryre II. Entre sus relieves destacan las escenas de banquete, la recompensa de Huya en la Ventana de las Apariciones, la administración de objetos valiosos y una representación de artesanos palaciales, con vasos, cofres, columnas decoradas y un pequeño taller escultórico donde aparece el maestro Iuti trabajando en una estatua de la princesa Baketatón.

 

Relieve en la tumba de Huya, Amarna
Amarna. Relieve de la tumba de Huya (foto: Bruce Allardice. CC BY 4.0)

 

Tumba de Panhesy (TA6). Panhesy fue servidor jefe de Atón en el templo de Atón de Ajetatón, uno de los cargos religiosos principales de la nueva capital. Su tumba pertenece al grupo norte y conserva relieves vinculados al culto solar y a la liturgia oficial del período amarniano. En época tardoantigua fue transformada en iglesia mediante la ampliación de uno de sus lados y la construcción de un ábside, lo que alteró parte de la estructura original y dejó en el entorno restos de ocupación cristiana.

 

interior de la tumba de Panhesy en Amarna
Amarna. Tumba de Panhesy (foto: Olaf Tausch, CC BY 3.0)

 

Otras tumbas visitables. El grupo norte se completa con las tumbas de Ahmes (TA3), escriba verdadero del rey, portador del abanico a la derecha del monarca y administrador de la casa de Akenatón, y Pentu (TA5), médico principal del rey y alto funcionario de la corte. En el grupo sur destacan Parennefer (TA7), Tutu (TA8), Mahu (TA9), jefe de policía de Ajetatón; Ramose (TA11), escriba real y comandante de tropas; May (TA14), alto funcionario con cargos militares, administrativos y palaciales; y Any (TA23). Su estado de conservación es desigual y la apertura al público puede variar según las necesidades de conservación y gestión del yacimiento.

 

EL VALLE REAL Y LA TUMBA DE AKENATÓN (TA26)

A unos 10 kilómetros al este de la Ciudad Central, accesible por pista de arena, se abre el Valle Real (Uadi Abu Hasan el-Bahri), la necrópolis diseñada por Akenatón para la familia real.

La Tumba Real (TA26) fue preparada como sepultura de Akenatón y recibió enterramientos de miembros de la familia real, entre ellos la princesa Meketatón y probablemente la reina Tiy. Sus cámaras conservaban relieves con escenas de duelo de la familia real, vinculadas a la muerte de Meketatón, aunque la mayor parte de la decoración fue destruida tras el abandono de Ajetatón. En las zonas altas de las paredes quedan trazos de inscripciones con cartuchos de Atón, Akenatón y Nefertiti.

El sarcófago de granito rojo de Akenatón apareció destrozado en numerosos fragmentos. Posteriormente fue restaurado y hoy se conserva en el Museo Egipcio de El Cairo. En la tumba se recuperaron también fragmentos del sarcófago de Meketatón, restos del cofre canópico de alabastro de Akenatón y más de doscientos shabtis del faraón.

En el mismo valle se encuentran otras tumbas inacabadas, destinadas a miembros de la familia real. La tumba TA27, de planta similar a la tumba real, fue concebida para un miembro de alto rango de la familia aunque nunca fue terminada ni utilizada.

 

interior de la tumba de Akenatón en Amarna
Amarna. Tumba de Akenatón (foto: Aidan McRae Thomson, CC BY-SA 2.0)

 

LAS ESTELAS DE DEMARCACIÓN

Distribuidas en los acantilados y escarpes que rodeaban el territorio sagrado de Ajetatón, las estelas de demarcación fijaban los límites de la nueva capital fundada por Akenatón. El conjunto incluía estelas en ambas orillas del Nilo, con largos textos jeroglíficos y escenas de la familia real adorando a Atón. Desde Amarna, la Estela U es una de las más accesibles dentro del recorrido oriental, al norte del acceso al Valle Real. En la orilla occidental, cerca de Tuna el-Gebel, la Estela A marca el límite noroeste del territorio de Ajetatón y permite enlazar la visita de Amarna con la necrópolis de Hermópolis Magna.

El resto de la serie se reparte entre ambas orillas del Nilo: B y F en la orilla occidental, y J, K, L, M, N, P, Q, R, S, V y X en el sector oriental. Algunas de ellas pueden combinarse con la visita a las tumbas, según el recorrido disponible y el estado de acceso.

 

Estela de demarcación A en Amarna, que delimitaba los límites de la ciudad de Atón
Amarna. Estela de demarcación A (foto: Amarna Project)

 

 

VISITAS CERCANAS A AMARNA

El Egipto Medio —la franja del valle del Nilo entre El Cairo y Luxor— es una región con numerosos yacimientos arqueológicos y, sin embargo, poco frecuentada por el turismo. Los tres yacimientos siguientes se encuentran a menos de una hora por carretera y constituyen un complemento idóneo a la visita de Amarna.

BENI HASSAN

En la orilla oriental del Nilo, a 40 km al norte de Amarna y a unos 20 km al sur de la ciudad de Minya, los acantilados conservan la necrópolis rupestre de Beni Hassan, con 39 tumbas excavadas en la roca pertenecientes a los gobernadores y altos funcionarios del nomo del Orix durante el Reino Medio (dinastías XI y XII, siglos XXI-XVII a.C.). Sus pinturas murales, de colores bien conservados, documentan escenas de lucha, cacerías, actividades agrícolas, prácticas funerarias y caravanas comerciales con un nivel de detalle excepcional para el período.

Las tumbas más relevantes son las de Khnumhotep II —con sus representaciones de caravanas de comerciantes procedentes de Canaán—, Amenemhat, con escenas detalladas de la vida cotidiana, y Baqet III, conocida por sus escenas de lucha. El conjunto es uno de los mejores testimonios conservados del arte y la sociedad del Reino Medio en Egipto.

HERMÓPOLIS MAGNA

Junto a la moderna ciudad de El-Ashmunein, en la orilla occidental del Nilo, a 30 km al norte de Amarna, se conservan los restos de Hermópolis Magna —en egipcio antiguo Jmun, «la ciudad de los ocho»—, capital del nomo XV del Alto Egipto y uno de los principales centros religiosos del Antiguo Egipto. Era la sede del culto a Thot, dios de la escritura y el conocimiento, identificado con Hermes por los griegos, lo que dio nombre a la ciudad en época helenística.

La conexión con Amarna es directa: los bloques de piedra de los templos de Akenatón, desmontados tras su muerte, fueron reutilizados en las construcciones que Ramsés II y sus sucesores levantaron en Hermópolis. Se conservan en el yacimiento las ruinas del Templo de Amón construido por Ramsés II, los cimientos del Templo de Thot con sus dos colosales estatuas de babuinos de cuarcita atribuidas a Amenhotep III, y vestigios de una basílica cristiana de época tardía.

TUNA EL-GEBEL

La necrópolis de Hermópolis Magna, conocida como Tuna el-Gebel, se extiende en el desierto a unos 9 km al oeste de El-Ashmunein y a 35 km al noroeste de Amarna. Fue utilizada como cementerio desde el Reino Nuevo hasta el período romano tardío y es la necrópolis grecorromana más grande conocida en Egipto.

La conexión con Amarna es aquí también explícita: la Estela A de las estelas de demarcación de Ajetatón está tallada en los propios acantilados de Tuna el-Gebel, señalando el límite noroeste de la ciudad sagrada.

Los elementos más destacados del yacimiento son la Tumba de Petosiris, sumo sacerdote de Thot del siglo IV a.C., cuya decoración combina los estilos egipcio y helenístico en una síntesis característica del período tardío; las catacumbas de ibis y babuinos, galerías subterráneas donde fueron depositados millones de animales momificados consagrados a Thot durante el período ptolemaico y romano; y la Tumba de Isadora, del siglo II d.C., con una elegía en griego inscrita por su padre, cuya momia sigue conservada en el interior del mausoleo.

 

 

MÁS INFORMACIÓN
AMARNA PROJECT. amarnaproject.com
THE AMARNA: 3D PROJECT. amarna3d.com

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