CYRENE, PATRIMONIO DE LA UNESCO

Libia – Gebel Akhdar  / CYRENE (Creta et Cyrene)

 

El sitio arqueológico de Cyrene (Shahat) está localizado al noreste de Libia, en la costa mediterránea, en las estribaciones del Jebel Akhadr. La población más próxima es la de Al Bayda, a 200 km. al este de Bengasi. Cyrene era una de las ciudades más importantes del mundo greco-romano. Desde 1982 está incluida en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. En tiempos antiguos, Cyrene estaba unida a Apollonia, su puerto marítimo situado a 19 km., por medio de una carretera, aún visible en algunos tramos.

 

La colonia de Cyrene fue fundada en el 631 a.C. por colonos griegos procedentes de la isla de Thera (Santorini). Estaban liderados por Batthus, cuya dinastía se perpetuó en el poder hasta mediados del siglo V a.C. Tras un período de democracia, Cyrene cayó en manos de Alejandro Magno y de la dinastía lágida o ptolemaica, creada por uno de sus generales, Ptolomeo. El último monarca lágida de Cyrene, Apion, falleció sin dejar descendencia, en el 96 a.C., y legando en su testamento el reino de la Cyrenaica a la República de Roma. En el 74 a.C. la Cyrenaica se convirtió en una provincia romana, entregada por Marco Antonio a Cleopatra hasta que Octavio, ya como Augusto, la unió a Creta tras su victoria en la batalla de Actium. Bajo la reforma administrativa de Diocleciano, en el 305 d.C., la Cyrenaica se separó de Creta, siendo unido su destino al de Egipto.

Cyrene era la ciudad más importante de la Pentápolis, formada por las cinco ciudades griegas de la Cyrenaica (Cyrene, Apollonia – Susa-, Ptolemais, Taucheria -Tocra- y Berenize -Bengasi-). Cyrene, que contó con un amplio programa constructivo en época de Augusto, fue completamente reconstruida durante el principado de Adriano, tras haber sufrido graves daños durante la revuelta judía del 116 d.C. Su declive se inició en el 262 d.C. tras los daños producidos por un fuerte seísmo y fue impulsado indirectamente por el emperador Diocleciano, que desplazó la capitalidad provincial a Ptolemais. En el 365 d.C. un nuevo terremoto, acompañado de las gigantescas olas de un tsunami, arrasó la ciudad. Durante la época bizantina, Cyrene fue reconstruida pero sin llegar a alcanzar la grandeza de siglos atrás.

 

Es recomendable iniciar la visita al sitio arqueológico en el Museo de Cyrene, próximo a la puerta oriental de acceso a la ciudad. En él se exhiben esculturas de época griega, como la esfinge, el kouros o el monumental pie de la estatua de Zeus que debía estar instalada en su templo. La era romana está representada por magníficos mosaicos y diversas estatuas, entre las que destaca la de las Tres Gracias.

 

Museo de Cyrene. Cuatro musas. (foto: Sebastià Giralt)

 

Al noreste de Cyrene, las ruinas del inmenso Templo de Zeus dominan el antiguo barrio griego. Este templo períptero, construido en torno al 500 a.C., tenía un tamaño superior al del Partenón de Atenas. Fue reconstruido en tiempos de Adriano, tras la destrucción ocasionada por la revuelta judía. La mayor parte de sus férreas columnas, de orden dórico, aún permanecen en pie. En sus proximidades se encuentran vestigios del hipódromo.

 

Cyrene. Templo de Zeus (foto: Sebastià Giralt)

 

En dirección Oeste, llegamos a la parte alta de la ciudad, centro neurálgico de Cyrene. Aquí se halla el gymnasium, conocido también como el “Ptolemaion”, construido por los griegos y utilizado por los romanos como foro. El lugar cuenta con altas columnas, alineadas en torno al templo de Baco, construido posteriormente. Al este del gymnasium, Adriano ordenó la edificación, en el 120 d.C., de la basílica. Al oeste del foro está situado un odeón y, al sur del mismo, uno de los cinco teatros de la ciudad.

 

Cyrene. Teatro romano (foto: Sebastià Giralt)

 

En las proximidades del foro, y de camino al ágora, se encuentran algunas residencias habitadas por la élite de Cyrene, como la Casa de Heschyus y la de Jason Magnus, sacerdote de Apolo. Esta última es uno de los principales atractivos de la ciudad. La casa, de enormes dimensiones, cuenta con extraordinarios mosaicos preservados “in situ”, como el de las Cuatro Estaciones.

 

Sabratha. Mosaico del triclinium de la domus de Jason Magnus (foto: Sebastià Giralt)

 

En el entorno del ágora se halla la tumba de Batthus, el fundador de Cyrene, el santuario de Demeter y un Monumento naval con la diosa de la Victoria, a la que le faltan las alas y la cabeza. Este monumento fue erigido en el siglo III a.C. para conmemorar una victoria naval.

 

Cyrene. Altar monumental (foto: Sebastià Giralt)

 

Siguiendo en dirección Oeste, encontramos la acrópolis de Cyrene, espacio que aún no ha sido excavado por los arqueólogos. Caminando hacia el Norte, a través de la Vía Sacra, accedemos al Santuario de Apolo, donde se halla la fuente sagrada, mencionada por Píndaro, Heródoto o Calímaco. Según la leyenda, la existencia de este manantial natural determinó la elección de Batthus para fundar la ciudad. La principal construcción del complejo es el Templo de Apolo, originario del siglo VI a.C., y reconstruido también por el emperador Adriano tras la rebelión judía. Además son destacables los edificios del Templo de Artemisa, del mismo estilo que el de Apolo, y el Propylea o puerta de acceso al santuario.

 

Cyrene. Santuario de Apolo (foto: Sebastià Giralt)
Cyrene. Propilea (foto: Sebastià Giralt)

 

Al oeste del santuario se halla un teatro griego, reconvertido en anfiteatro en época romana para la celebración de espectáculos de gladiadores y venationes o luchas de animales. En el extremo opuesto del complejo sacro se levantaron las monumentales termas de Trajano.

 

Cyrene. Teatro griego (foto: Sebastià Giralt)
Cyrene. Termas de Trajano (foto: Sebastià Giralt)

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