El Imperio de Mitra
El mitraísmo, el culto mistérico que recorrió el Imperio romano.
En algún momento del siglo I d.C., en el interior del mundo romano comenzó a consolidarse un culto que no tenía templos monumentales abiertos a las plazas públicas ni textos doctrinales que conozcamos. Se reunían en espacios cerrados, generalmente subterráneos, y sus miembros participaban en rituales reservados a iniciados. Su dios era Mitra, y su imagen más característica lo mostraba sacrificando un toro.
Entre los siglos II y III d.C., el mitraísmo se extendió desde Roma hasta Britania, desde el Danubio hasta Siria. Hoy lo conocemos casi exclusivamente a través de la arqueología: mitreos, altares, relieves, mosaicos e inscripciones que permiten reconstruir una de las experiencias religiosas más complejas del Imperio romano. Diversas fuentes grecolatinas de los siglos I-III d.C. —Plutarco, Estacio, Celso, Tertuliano, Justino Mártir, Porfirio— mencionan aspectos del culto, aportando datos sobre rituales iniciáticos, banquetes sagrados y simbolismo cosmológico.

Orígenes y expansión del culto de Mitra en el Imperio romano
El nombre Mitra remite al dios indo-iraní conocido como Mithra en el ámbito persa y Mitra en el védico. Sin embargo, el Mithras romano no es una mera importación oriental. La configuración del culto que documentamos arqueológicamente surge en el propio Imperio romano, probablemente en ambientes itálicos del siglo I d.C., donde se articula una teología y una iconografía que se difundirá con notable uniformidad.
La expansión del mitraísmo fue particularmente intensa en el ámbito militar. Aparece en puertos como Ostia, en capitales provinciales, en ciudades del Danubio y en fortificaciones del Muro de Adriano. El hallazgo más septentrional documentado hasta la fecha es el mitreo de Inveresk (East Lothian, Escocia), asociado al Muro Antonino y fechado en la década de 140 d.C.
Fuentes antiguas sobre el culto
Aunque el mitraísmo no dejó textos doctrinales propios, diversos autores grecolatinos de los siglos I-III d.C. mencionaron aspectos del culto, aportando información valiosa sobre sus prácticas y creencias.
Plutarco, en su Vida de Pompeyo (c. 100 d.C.), ofrece la primera mención literaria al señalar que los piratas cilicios capturados en 67 a.C. practicaban «ritos secretos de Mithra» que «se mantienen hasta el presente día», sugiriendo la presencia temprana del culto en Asia Menor.
El poeta Estacio, en su Tebaida (c. 80 d.C.), menciona «bajo las rocas de la cueva persa» donde Mitra «sujeta los cuernos que resisten su control», proporcionando la primera referencia literaria tanto al mitreo como cueva como a la escena de la tauroctonía.
Celso, filósofo pagano del siglo II d.C. citado por Orígenes en Contra Celso (c. 248 d.C.), describe una «escalera con siete puertas» en los misterios de Mitra. Cada puerta estaba asociada a un planeta y representaba una etapa en el ascenso de las almas a través de las esferas celestes. Esta es la única fuente antigua que vincula explícitamente una estructura de siete niveles con los siete planetas conocidos en la Antigüedad.
Los autores cristianos Tertuliano y Justino Mártir, aunque hostiles al culto por considerarlo una «imitación diabólica» de los sacramentos cristianos, proporcionan detalles sobre rituales iniciáticos. Tertuliano menciona en De Corona Militis (c. 211 d.C.) una ceremonia en la que el iniciado rechaza una corona ofrecida, declarando que «su única corona es Mitra», y describe un banquete ritual. Justino Mártir, en su Primera Apología (c. 155 d.C.), confirma la existencia de un banquete sagrado con pan y copa de agua.
Porfirio, filósofo neoplatónico del siglo III d.C., ofrece en De antro nympharum una interpretación cosmológica del mitraísmo: el mitreo como representación simbólica del cosmos, las puertas de los solsticios por donde las almas entran y salen del mundo material, y la tauroctonía como acto generador relacionado con el ciclo de las almas.
Estas fuentes, fragmentarias y a menudo polémicas, complementan la evidencia arqueológica y permiten aproximarnos a la dimensión ritual y cosmológica del mitraísmo romano.
Los grados iniciáticos
El mitraísmo funcionaba como religión mistérica estructurada en grados de iniciación. Las inscripciones mencionan siete niveles jerárquicos —Corax, Nymphus, Miles, Leo, Perses, Heliodromus y Pater— que, según el testimonio de Celso, estaban asociados a los siete planetas y representaban el ascenso del alma a través de las esferas celestes. La presencia reiterada de iconografía astral en los mitreos refuerza esta dimensión cosmológica del culto. Desconocemos los detalles precisos de la progresión iniciática entre grados, pero la repetición de estos títulos en distintas provincias confirma una organización interna bien definida.
La tauroctonía
La escena central del culto es la tauroctonía: Mitra, con gorro frigio y túnica oriental, arrodillado sobre un toro al que sacrifica. A su alrededor aparecen un perro y una serpiente que se acercan a la sangre, un escorpión prendido a los testículos del animal, un cuervo, y a ambos lados los portadores de antorchas Cautes y Cautopates, uno con la antorcha levantada y otro con la antorcha bajada, simbolizando probablemente el día y la noche o los equinoccios. En la parte superior suelen figurar el Sol y la Luna.
Desconocemos el significado exacto de esta escena. La investigación moderna ha propuesto varias interpretaciones. La más influyente vincula la tauroctonía con una lectura astral: el toro y los animales asociados representarían constelaciones, mientras que el acto sacrificial simbolizaría un momento cósmico determinado. Otros estudios subrayan su carácter cosmogónico, como sacrificio primordial generador de vida, o su dimensión soteriológica, ligada a la renovación y la salvación del iniciado.
La contínua presencia de símbolos zodiacales y planetarios en numerosos mitreos refuerza la importancia del componente astral. Sin embargo, ninguna interpretación puede considerarse definitiva.

EL TEMPLO DE MITRA
El espacio del culto es el mitreo. No era un templo público, sino un recinto cerrado que evocaba simbólicamente una cueva. En ocasiones se excavaba bajo edificios existentes; en otros casos se construía parcialmente bajo el nivel del suelo.
La planta suele ser rectangular y alargada. Una nave central recorre el espacio hasta la cabecera, donde se situaba la representación de la tauroctonía. A ambos lados se disponen banquetas elevadas en las que se acomodaban los iniciados durante los rituales y banquetes sagrados.
El interior del mitreo estaba cuidadosamente configurado. En la cabecera se instalaba el relieve o la estatua de Mitra. Delante podían situarse altares votivos con inscripciones dedicadas por miembros de la comunidad. En algunos santuarios se documentan pinturas murales que representan escenas mitraicas o episodios del mito. Otros conservan mosaicos con símbolos de los grados iniciáticos o representaciones zodiacales.
La iluminación era limitada, probablemente mediante lámparas de aceite. El ambiente interior debía reforzar la experiencia ritual: un espacio cerrado, controlado, separado del mundo exterior.
El tamaño reducido de los mitreos invita a pensar que estaban destinados a comunidades pequeñas, quizá entre veinte y cuarenta miembros.
LOS MITREOS MÁS DESTACADOS
Se conocen aproximadamente 420 lugares arqueológicos relacionados con el mitraísmo en el Imperio romano. Igualmente, se conservan unos 1.000 relieves sobre la tauroctonía y cerca de 1.000 inscripciones dedicatorias.
Solo en la ciudad de Roma se han identificado más de 60 mitreos, y los estudios estiman que pudieron existir hasta 700 santuarios activos en distintos momentos. En Ostia Antica se conservan 15 mitreos documentados. La distribución de estos santuarios muestra una clara concentración en zonas militares: fronteras del Rin y el Danubio, Britania (especialmente a lo largo del Muro de Adriano), y puertos estratégicos. Sin embargo, solo una pequeña parte de estos mitreos se encuentran musealizados.
EL MITREO DE SAN CLEMENTE
En Roma, el mitreo bajo la basílica de San Clemente se descubrió en 1869 durante unas excavaciones bajo la basílica del siglo XII. Este santuario del siglo II-III d.C. conserva la disposición clásica: nave alargada, banquetas laterales elevadas donde se acomodaban los iniciados, y el altar con la tauroctonía presidiendo la cabecera. Lo extraordinario de San Clemente es su estratigrafía: tres niveles superpuestos que muestran la transformación del paisaje religioso romano. Primero, el mitreo pagano excavado parcialmente bajo tierra; sobre él, una basílica cristiana del siglo IV d.C. que cristianizó el espacio; y, finalmente, la basílica románica del siglo XII que hoy vemos en superficie.

EL MITREO DE FELICISSIMUS
A pocos kilómetros de Roma, Ostia Antica alberga la mayor concentración conocida de mitreos del mundo romano: quince santuarios documentados en una sola ciudad. Entre todos ellos destaca el mitreo de Felicissimus por su excepcional mosaico pavimental del siglo III d.C. En el suelo, frente a las banquetas, se despliegan símbolos asociados a los siete grados iniciáticos del culto: el cuervo, la copa, el casco del soldado, el león, la hoz persa, la antorcha del portador de luz y el gorro frigio del padre. Este santuario es fundamental porque permite vincular la jerarquía interna del culto —conocida por las inscripciones— con su expresión material y simbólica.

EL MITREO DE CARRAWBURGH
En la frontera septentrional del Imperio, en el Muro de Adriano, se encuentra el mitreo de Carrawburgh. Su descubrimiento se produjo en 1949, siendo excavado un año después. Se construyó hacia el año 200 d.C., ochenta metros al suroeste del fuerte romano de Brocolitia. Los cimientos de piedra conservados muestran la planta rectangular típica, y en el sitio pueden verse réplicas en hormigón de los postes de madera que sostenían las particiones interiores —los originales se conservaron gracias a la humedad del terreno. Los tres altares originales, dedicados por comandantes de la Cohors I Batavorum, están en el Great North Museum de Newcastle, pero en Carrawburgh se han colocado réplicas que permiten imaginar cómo era el espacio.

EL MITREO DE CAPUA
En Santa Maria Capua Vetere, se conserva uno de los mitreos más antiguos y visualmente impresionante. Descubierto por azar en 1922 y excavado en 1924, este santuario de finales del siglo I o principios del II d.C. presenta frescos excepcionales que lo convierten en un caso único. La tauroctonía pintada en el muro del fondo muestra a Mitra con gorro frigio rojo y túnica oriental, clavando el cuchillo en el toro. El techo abovedado está decorado con estrellas de seis puntas en pasta de vidrio roja y azul sobre fondo amarillo, recreando el cosmos. Los muros laterales conservan escenas de iniciación que muestran las pruebas físicas y mentales por las que pasaban los nuevos miembros —una información visual única sobre los rituales mitraicos.

EL MITREO DE LONDRES
En Londres, el templo de Mitra, en el área de Walbrook, se descubrió en septiembre de 1954 durante la construcción de un edificio de oficinas, causando sensación en la prensa británica de posguerra. Construido hacia el año 240 d.C. en la orilla del río Walbrook, el santuario se encuentra musealizado en su emplazamiento original —ahora siete metros bajo el nivel de la calle actual— como parte del edificio Bloomberg. La presentación es inmersiva: iluminación tenue, efectos de sonido y proyecciones que recrean la atmósfera del culto.

MITRA EN LOS MUSEOS
Ostia Antica, a pocos kilómetros de Roma, conserva la colección mitraica más importante del mundo. El Museo Ostiense, situado dentro del parque arqueológico, reúne piezas procedentes de los quince mitreos excavados en la antigua ciudad portuaria. Destaca la estatua de Mitra Tauróctono procedente del Mitreo de las Termas de Mitra, obra firmada por el escultor ateniense Kriton. Esta escultura monumental, junto con decenas de relieves, altares e inscripciones, documenta la extraordinaria densidad del culto en Ostia, donde el mitraísmo arraigó con más fuerza que en ningún otro lugar del Imperio.

En Roma, varias instituciones custodian materiales mitraicos de la capital imperial. Los Musei Capitolini conservan relieves y altares procedentes de santuarios romanos, mientras que los Musei Vaticani reúnen tauroctonías catalogadas en el corpus de Vermaseren (CIMRM) que muestran la estructura iconográfica del culto: Mitra con gorro frigio sacrificando al toro, acompañado del perro, la serpiente, el escorpión, el cuervo y los portadores de antorchas. En la imagen vemos la tauroctonía hallada en el mitreo de S. Stefano Rotondo de Roma, que se conserva en el Museo Nacional Romano de las Termas de Diocleciano.

En el Museo del Louvre-Lens se exhibe el relieve sobre la tauroctonía más grande que se conoce. Es una pieza de mármol de 2,54 x 2,65 metros hallada en el Capitolio romano. Formó parte de la colección Borghese hasta su venta a Napoleón en 1808. La escala monumental de esta obra permite comprender el impacto visual que la imagen debía causar en el interior del santuario.

En el ámbito renano, donde el mitraísmo arraigó profundamente entre las tropas del limes, el Rheinisches Landesmuseum Trier (Treveris) custodia un relieve del nacimiento de Mitra de la roca (petrogenia) rodeado por un anillo zodiacal completo. Esta pieza es fundamental porque muestra que la dimensión astral del culto no es una interpretación moderna: el propio arte mitraico vinculaba explícitamente al dios con el zodiaco.

Britania ofrece un conjunto arqueológico mitraico especialmente rico. El British Museum en Londres reúne esculturas de tauroctonía y altares con inscripciones votivas. El Great North Museum: Hancock, en Newcastle, conserva materiales de los mitreos de Carrawburgh y Housesteads, destacando un relieve del nacimiento de Mitra con anillo zodiacal.

En Edimburgo, el National Museum of Scotland exhibirá a partir de noviembre de 2026 los dos altares del mitreo de Inveresk, hallados en East Lothian y que son las únicas piezas mitraicas descubiertas en Escocia. El primero de los altares muestra la imagen del Sol con perforaciones en su ojos, boca y rayos solares, que, a la luz de las velas en su parte posterior, permitiría destacar la imagen misteriosa del dios en la penumbra del templo. El segundo está dedicado a Mitra y cuenta con símbolos del dios Apolo. Ambos altares fueron dedicados por el centurión G CAS FLA, probablemente Gaius Cassius Flavianus.

Por último, en la Yale University Art Gallery, New Haven (Connecticut), se exhibe el mitreo de Dura-Europos, ciudad fortificada del Éufrates en la frontera oriental del Imperio. Excavado en 1934 y trasladado piedra a piedra a Estados Unidos, este santuario del siglo III d.C. es excepcional por conservar intactos sus frescos murales: escenas de Mitra cazador a caballo, la tauroctonía con inscripciones en griego y palmireno, y representaciones de episodios del mito apenas documentados en otros lugares. La reconstrucción del santuario en Yale permite comprender la disposición espacial y la decoración pictórica de un mitreo en el extremo oriental del mundo romano, donde los soldados practicaban el culto en una ciudad multicultural y políglota.

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