Hermópolis Magna, la ciudad del dios Thot y la necrópolis de Tuna el-Gebel
Egipto – Gobernación de Minya / HERMOPOLIS MAGNA (Aegyptus)
Hermópolis Magna y Tuna el-Gebel, en el Medio Egipto, forman uno de los conjuntos arqueológicos más importantes del país para conocer el culto a Thot. La antigua ciudad de Khmunu, hoy el-Ashmunein, y su gran necrópolis occidental permiten recorrer la historia religiosa y funeraria de la región desde época faraónica hasta el periodo romano.
El conjunto de Hermópolis Magna y Tuna el-Gebel, en la orilla occidental del Nilo, se localiza en la gobernación de Minya, a unos 60 km al sur de Minya y al norte de Mallawi, y a 300 km al sur de El Cairo.
Hermópolis Magna se convirtió en el corazón del culto al dios Thot, el escriba divino, dios de la escritura, del saber y del cómputo del tiempo, identificado más tarde por los griegos con Hermes. Al oeste de la ciudad, ya en el borde del desierto, se extiende Tuna el-Gebel, la necrópolis vinculada a Hermópolis, célebre por sus tumbas greco-egipcias y por las galerías subterráneas donde fueron depositadas innumerables momias de ibis y babuinos sagrados.

HISTORIA DE HERMÓPOLIS MAGNA
Hermópolis Magna era conocida en egipcio antiguo como Khmunu (“la ciudad de los Ocho”). Su nombre hace referencia a la Ogdóada, un conjunto de ocho divinidades primordiales asociadas a la cosmogonía hermopolitana, que explicaba el origen del mundo a partir del caos acuático inicial. La Ogdóada estaba formada por cuatro parejas divinas que personificaban las cualidades del caos primordial anterior a la creación, esto es, el agua (Nun y Naunet), la oscuridad (Kuk y Kauket), la invisibilidad o el espacio ilimitado (Huh y Hauhet) y lo eterno informe (Amón y Amaunet). De la interacción de estas fuerzas surgió el montículo primordial sobre el que emergió la vida, y con ella el orden del universo.
Durante el Reino Medio y el Reino Nuevo fue la capital del XV nomo, el llamado nomo de la Liebre. La ciudad se convirtió en el principal centro de culto del dios Thot, identificado con la escritura, la medición del tiempo y el conocimiento. Faraones como Amenhotep III y Ramsés II erigieron construcciones monumentales, articuladas en torno al gran templo de Thot, cuyo recinto definía el núcleo sagrado de la ciudad. La arqueología ha mostrado igualmente que Ramsés II y sus sucesores inmediatos reutilizaron de forma sistemática material procedente del desmantelamiento de Amarna: miles de bloques de pequeño formato, los denominados talatats, extraídos de los templos de Aketatón, fueron empleados como relleno de cimientos y núcleos de pilonos en Hermópolis, práctica que hoy constituye una fuente documental de primer orden sobre el arte amárnico.
Tras la conquista de Egipto por Alejandro y la implantación del poder macedonio, la ciudad pasó a ser conocida como Hermópolis Magna, nombre derivado de la identificación griega entre Thot y Hermes. Lejos de perder peso, el enclave mantuvo su importancia en época ptolemaica y romana. Durante la administración romana formó parte de la Heptanomis, la región administrativa romana que agrupaba las siete provincias del Medio Egipto. Tuna el-Gebel, su necrópolis occidental, experimentó entonces una intensa expansión y se convirtió en uno de los grandes espacios funerarios del Egipto grecorromano, con calles enteras de mausoleos que conjugaban arquitectura y decoración de ambas tradiciones.
El declive progresivo de la ciudad se produjo a lo largo del primer milenio de nuestra era. El avance del cristianismo, la transformación de las estructuras administrativas romanas y el agotamiento progresivo del sistema cultual faraónico fueron erosionando la vida urbana. Los materiales del gran templo y de otros edificios de la ciudad fueron reutilizados en construcciones posteriores, proceso bien documentado por la aparición de bloques inscritos en estructuras medievales y modernas de la zona.

QUÉ VER EN HERMÓPOLIS MAGNA Y TUNA EL-GEBEL
El conjunto arqueológico se articula en dos áreas principales que distan entre sí aproximadamente 7 km: la ciudad de Hermópolis Magna (el-Ashmunein) y la necrópolis de Tuna el-Gebel, al borde del desierto occidental.
HERMÓPOLIS MAGNA
EL TEMPLO DE THOT
El núcleo simbólico de Hermópolis fue el gran templo de Thot, cuyo recinto estuvo rodeado por un imponente muro de quince metros de altura en una zona denominada en las fuentes antiguas la «llanura de los tamariscos». El paso del tiempo y el expolio sistemático de materiales han reducido el edificio a sus cimientos, y apenas se conservan algunas basas de columnas in situ.
Sin embargo, la monumentalidad del conjunto original puede intuirse a través de los dos colosos de babuinos, de 4,5 metros de altura, que flanqueaban el acceso al recinto sagrado. El babuino, junto con el ibis, era el animal más directamente asociado a Thot, y su presencia en las entradas de los templos constituía una declaración teológica sobre la naturaleza del dios que presidía el lugar.

EL PILONO DE RAMSES II
Este pilono, atribuido a Ramsés II, es especialmente relevante desde el punto de vista arqueológico: en sus cimientos se hallaron más de 1.500 bloques (talatats) procedentes de los templos desmantelados de Aketatón (Amarna). Estos bloques de arenisca, de dimensiones estandarizadas —una cuarta parte de los bloques ordinarios, lo que permitía ser cargados por un solo hombre— fueron inventariados y parcialmente recompuestos por los investigadores del Akhenaten Temple Project, revelando escenas del programa iconográfico original de Amarna de extraordinaria calidad. El pilono de Hermópolis es, por tanto, no solo un monumento en sí mismo, sino también un archivo involuntario de la memoria visual de la ciudad herética.
EL TEMPLO DE RAMSES II
En 2024 una misión egipcio-estadounidense descubrió la parte superior de una estatua colosal de Ramsés II de 3,80 metros. Esta impresionante escultura encajaba perfectamente con la parte inferior, hallada en 1930 por arqueólogos alemanes. Tras su restauración, el coloso de piedra caliza de Ramses II se puede ver en su posición original, a la entrada de lo que fue un templo. La estatua alcanza una altura de casi siete metros, con un peso de cuarenta toneladas, y muestra a Ramsés II sentado, portando la doble corona y un tocado con la cobra real (uraeus).
La monumentalidad del lugar se puede imaginar al contemplar la estatua junto a la parte inferior de otra escultura faraónica que la acompañaba, testimonio de un programa arquitectónico concebido a escala colosal.

BASÍLICA CRISTIANA
Otro de los puntos principales del yacimiento es la basílica cristiana de el-Ashmunein. Las restauraciones recientes han devuelto a su posición varias de sus grandes columnas de granito. Su construcción se realizó en el siglo V d.C., sobre un templo de época ptolemaica.

TUNA EL-GEBEL
A unos 7 km al oeste de el-Ashmunein se extiende Tuna el-Gebel, la necrópolis de Hermópolis Magna. El yacimiento se encuentra al borde del desierto y fue utilizado desde época faraónica tardía hasta el periodo romano, con especial intensidad durante los siglos ptolemaicos y romanos. Su singularidad reside en la coexistencia de tres realidades arqueológicas distintas que se superponen y dialogan: las catacumbas de animales sagrados, las tumbas y mausoleos de época grecorromana organizados en calles, y los templos vinculados a la actividad ritual del lugar.
LA TUMBA DE PETOSIRIS
El elemento más destacado del yacimiento es la tumba de Petosiris, fechada en torno a finales del siglo IV a.C., en los años inmediatamente anteriores o coincidentes con la llegada del poder macedónico a Egipto. Petosiris fue sumo sacerdote de Thot y una figura de primera importancia en la Hermópolis de su tiempo.
Su tumba presenta una arquitectura que combina la planta de un templo egipcio con un programa decorativo de notable complejidad: las escenas representan actividades artesanales, rituales funerarios y aspectos de la vida cotidiana, con figuras que mantienen la iconografía y los esquemas compositivos propios del arte egipcio pero tratados con una sensibilidad plástica influida por la producción artística griega contemporánea.
Los especialistas describen este lenguaje visual como sincrético antes que helenístico en sentido estricto: no es arte griego adaptado a Egipto, sino arte egipcio que ha asimilado selectivamente ciertas formas externas del mundo mediterráneo. La tumba de Petosiris es, en este sentido, uno de los testimonios más elocuentes del periodo de transición cultural que siguió a la conquista de Alejandro.


LA TUMBA DE ISIDORA
Este mausoleo de época romana constituye un ejemplo singular de enterramiento individual. Fechado en el siglo II d.C., pertenece a una joven llamada Isidora que murió ahogada en el Nilo. Su padre levantó esta construcción funeraria, que con el tiempo se convirtió en lugar de peregrinaje local.
El mausoleo conserva aún inscripciones poéticas en griego que lamentan la muerte prematura de la joven, así como sus restos momificados. Es uno de los escasos ejemplos documentados en Egipto de un culto funerario privado que alcanzó proyección pública, fenómeno que los estudiosos han relacionado con la tradición de los muertos por ahogamiento en el Nilo, considerados especialmente cercanos a la esfera divina.

LAS CATACUMBAS DE IBIS Y BABUINOS
Uno de los espacios más impresionantes del yacimiento son las catacumbas de ibis y babuinos, conocidas en la bibliografía especializada como el Ibiotapheion. Se trata de un inmenso sistema de galerías subterráneas donde fueron depositadas centenares de miles de momias de aves y primates sagrados consagrados a Thot a lo largo de aproximadamente un milenio.
La extensión de estas galerías ha llevado a los investigadores a estimar en varios millones el número total de animales enterrados, lo que refleja la escala económica y logística del culto animal en el Egipto tardío: la cría, alimentación, sacrificio ritual, momificación y enterramiento de estos animales constituía una industria religiosa de primer orden, vinculada a talleres de momificación, centros de peregrinaje y una red de donantes piadosos que adquirían ofrendas animales para depositarlas en las galerías.

Junto a las galerías existieron construcciones de culto relacionadas con la actividad ritual de la necrópolis. Se conocen dos templos de época tardía y ptolemaica, uno relacionado con Thot y otro con Osiris.
TEMPLO DE THOT
Al sur de las catacumbas se encontraba el templo de Thot, construido por el faraón Nectanebo II, último monarca de la dinastía XXX (r. 360–342 a.C.). De este templo se conservan el patio de columnas, una parte del jardín que albergaba animales sagrados y un pozo de 35 metros de profundidad.
En este complejo tenía lugar uno de los cultos más singulares del Egipto tardío: la exhibición del Ibis Viviente, considerado manifestación terrenal e inmortal del dios Thot. El ibis sagrado (Threskiornis aethiopicus), reconocible por su plumaje blanco, cabeza y cuello negros y plumas secundarias con reflejos iridiscentes, era criado y venerado en el Ibiotropheion, el centro de alimentación y cría anexo al templo, donde se conservaba asimismo la estatua oracular de Teephibis.
Una vez que el Ibis Viviente moría por causas naturales, sus restos eran objeto de un ritual de entierro especial en una cámara de culto decorada con pinturas, identificada por las investigaciones arqueológicas recientes como la cámara B-A-24, situada dentro de las galerías subterráneas, completando así el ciclo de transformación y resurrección que estructuraba la teología del lugar.

TEMPLO DE OSIRIS
Frente a una de las entradas de las catacumbas se encontraba el templo de Osiris, levantado en época de Ptolomeo I (305–285 a.C.). Este edificio se utilizaba principalmente para los ritos funerarios de las momias de animales deificados, venerados bajo las advocaciones sincréticas de Osiris-Ibis y Osiris-Babuino, especialmente durante las festividades del calendario religioso.
La asociación entre los animales sagrados de Thot y la figura de Osiris, señor de los muertos y de la resurrección, ilustra la complejidad teológica del Egipto ptolemaico, en el que las tradiciones religiosas de distintos centros de culto se entrecruzaban y enriquecían mutuamente.
ESTELA FRONTERIZA DE AKENATÓN
En el entorno de Tuna el-Gebel se localiza la denominada estela A, una de las estelas de frontera que delimitaban el territorio de la ciudad sagrada de Aketatón (Amarna), la capital fundada por el faraón Akenatón. Situada en las montañas occidentales que cierran el horizonte del desierto, constituye el monumento más antiguo del lugar.
Las estelas de frontera de Amarna recogen las proclamaciones reales mediante las cuales el faraón definió los límites de su nueva capital durante los años 5 y 6 de su reinado, y son documentos de primer orden para comprender la ideología y el proyecto político-religioso del periodo amárnico.
La presencia de este monumento en el paisaje de Tuna el-Gebel recuerda hasta qué punto Hermópolis, Tuna el-Gebel y Amarna forman parte de una misma geografía histórica en el Medio Egipto: tres enclaves distantes entre sí apenas treinta kilómetros, cuyos destinos se entrelazaron repetidamente a lo largo de los siglos.


VISITAS CERCANAS
El entorno de Hermópolis permite completar la visita con otros enclaves arqueológicos de excepcional interés en la gobernación de Minya.
BENI HASAN
Siguiendo la orilla oriental del Nilo hacia el sur, a unos 50 km de Hermópolis Magna, se encuentra Beni Hasan, necrópolis de los nomarcas del nomo de la Oryx, activa durante las dinastías XI y XII, y uno de los conjuntos de pintura mural más importantes del Egipto faraónico. Sus tumbas rupestres conservan escenas de excepcional calidad que documentan la vida cotidiana, los combates, las actividades cinegéticas y los rituales funerarios de la élite provincial de finales del tercer milenio y comienzos del segundo milenio a.C. Muy cerca se encuentra además el Speos Artemidos, el santuario rupestre mandado excavar por Hatshepsut y Tutmosis III, que suele visitarse en la misma jornada.
TELL EL-AMARNA
La gran excursión complementaria desde el-Ashmunein es Tell el-Amarna, la antigua Aketatón, situada a unos 30 km al norte. El yacimiento conserva los restos de la capital fundada por Akenatón en el año 5 de su reinado y abandonada a su muerte, con tumbas rupestres de la élite amárnica, áreas palatinas y residenciales, y los vestigios del Gran Templo de Atón. Visitar Amarna desde Hermópolis añade una dimensión adicional a la experiencia: los bloques de Amarna reutilizados en los cimientos de Hermópolis cobran un sentido diferente cuando se ha caminado por el yacimiento del que fueron arrancados.
MÁS INFORMACIÓN TUNA EL-GEBEL HORARIOS: Todos los días de 8:00 a 16:00. Ramadán, 9:00 a 13:00. TARIFAS 2026: Adultos... 200 EGP. WEB: egymonuments.com
