Los grandes juegos de mesa del Antiguo Egipto

Juegos de mesa del Antiguo Egipto
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Estrategia, azar y ocio en el valle del Nilo

Los juegos de mesa del Antiguo Egipto ocupaban un lugar importante en la vida cotidiana del valle del Nilo. Anque lo más conocido del Antiguo Egipto son sus grandes monumentos: sus templos, pirámides y tumbas excavadas en la roca, hay una dimensión no tan conocida pero igualmente fascinante de su vida cotidiana y su ocio: los juegos de mesa. En tumbas reales, sepulturas privadas, aldeas de trabajadores y ámbitos domésticos han aparecido tableros, fichas, bastones de lanzamiento, astrágalos y, en épocas tardías, dados, que nos muestran que el juego formaba parte de la vida en el valle del Nilo y que, en algunos casos, también podía adquirir un significado funerario o religioso.

Hoy se reconocen cuatro grandes juegos de mesa documentados con seguridad en el Egipto faraónico: el Mehen, el Senet, el juego de los 58 agujeros (también llamado Perros y Chacales) y el juego de las Veinte Casillas.

 

juegos de mesa egipcios en el museo del Louvre
Juego de los 58 agujeros y el Mehen. Museo del Louvre (foto: Sergio Geijo)

 

1. MEHEN. EL JUEGO DE LA SERPIENTE

Antes de las pirámides ya existía el Mehen. Las evidencias más tempranas del juego de la serpiente se remontan al período Naqada II, entre 3600 y 3200 a.C., lo que lo convierte en uno de los principales candidatos al título de juego de mesa más antiguo del mundo.

El tablero adopta una forma singular: una serpiente enrollada en espiral, cuyo cuerpo se divide en numerosos segmentos que funcionan como casillas. El número de espacios no era fijo, varía de un ejemplar a otro y todo indica que esa variación no afectaba a las reglas del juego. La cabeza de la serpiente, tallada con esmero, ocupa el centro del tablero, mientras que la cola se extiende hacia el exterior.

El nombre del juego procede de la serpiente divina Mehen, que en la tradición religiosa egipcia posterior aparece como protectora del dios solar Ra durante su viaje nocturno.

Las piezas asociadas a Mehen son uno de los aspectos más singulares del juego. Los conjuntos conocidos de Mehen incluyen tres elementos: el tablero en forma de serpiente, pequeñas bolas de piedra o fayenza, y figuras de leones y leonas talladas en marfil o piedra. La escena de la tumba de Hesy-Ra, alto funcionario de la III dinastía en Saqqara, es la fuente visual más importante: muestra un tablero serpentiforme acompañado por treinta y seis bolas agrupadas en seis series y por seis felinos, tres leones y tres leonas.

 

pintura de la tumba de Hesy Ra con el juego del Mehen
Pintura de la tumba de Hesy Ra con el juego del Mehen (foto: archaeologyoffun)

 

Las reglas exactas de Mehen siguen siendo desconocidas. No se ha conservado ningún texto que las describa y ningún tablero apareció con las piezas situadas en posición inequívoca de juego. Las reconstrucciones más aceptadas por los estudiosos apuntan a que el Mehen era un juego de carrera: las piezas pequeñas (probablemente las bolas o canicas) representaban a los jugadores avanzando desde la cola hacia la cabeza de la serpiente, mientras que los leones y leonas tenían un papel especial de ataque o captura.

A tenor de la escena de Hesy-Ra, se cree que el Mehen admitía hasta seis jugadores simultáneamente, lo que lo convierte en el único juego de mesa multijugador conocido del Antiguo Egipto.

 

Juego de mehen en espiral con forma de serpiente
Juego de Mehen. Rijksmuseum van Oudheden, Leiden (foto: Rob Koopman)

 

¿Dónde se puede ver?

Los ejemplares más importantes proceden de Abydos, Saqqara, Abu Rawash y otros cementerios del Egipto dinástico temprano. Entre los mejor conocidos se encuentra el tablero azul del Louvre, procedente de la tumba del rey Peribsen en Umm el-Qaab, Abydos; el tablero EA66216 del British Museum; y varios conjuntos de piezas conservados en Berlín, Leiden, Bruselas, Mariemont, Londres y Nueva York.

 

Juego de mesa egipcio en el museo del Louvre
Mehen. Juego de la Serpiente y sus piezas. Museo del Louvre (foto: Sergio Geijo)

 

2. SENET. EL GRAN JUEGO DEL ANTIGUO EGIPTO

Durante más de tres mil años —desde el Reino Antiguo hasta al menos el Período Tardío (664-332 a.C.)—, el Senet fue el juego de mesa más difundido y duradero del Egipto faraónico. Su nombre significa “pasar” o “pasaje”, una idea que encaja bien tanto con la mecánica del juego como con las lecturas funerarias que adquirió.

El tablero y su recorrido

El tablero de Senet consta de 30 casillas distribuidas en tres filas de diez. Las fichas seguían un recorrido en zigzag: de izquierda a derecha en la fila superior, de derecha a izquierda en la fila central, y de izquierda a derecha por la fila inferior hasta salir del tablero. Cada jugador disponía, según las épocas, entre cinco y siete fichas.

El movimiento se determinaba lanzando cuatro bastones de madera, pintados de negro por un lado y blanco por el otro: el número de caras blancas visibles indicaba cuántas casillas avanzaba el jugador. El objetivo era sacar todas las piezas propias del tablero antes que el rival.

Es importante subrayar que las reglas exactas del Senet no han llegado hasta nosotros. No se ha encontrado ningún papiro ni inscripción mural que las describa. Las reconstrucciones que conocemos —especialmente la del arqueólogo Timothy Kendall (1978) y la del historiador R.C. Bell— se basan en la interpretación de los propios tableros, de las piezas conservadas y de las representaciones pictóricas. Es probable que las reglas variaran a lo largo de los siglos.

Una de las características más fascinantes del Senet, especialmente en la forma desarrollada durante el Reino Nuevo, es que varias casillas llevaban marcas jeroglíficas específicas. Lo que esos jeroglíficos dicen es un hecho arqueológico verificable en tableros conservados como el de Baky, en el Rijksmuseum de Leiden. Lo que significaban en el juego y en la cosmología funeraria es, en cambio, la interpretación propuesta principalmente por Peter Piccione y Timothy Kendall a partir de 1978. Con esa distinción en mente, las cinco últimas casillas —de la 26 a la 30— presentan la siguiente secuencia:

  • Casilla 26 (nfr, «lo bueno»): casilla favorable, quizás de avance rápido. Así la interpreta Kendall, aunque su función exacta en el juego es desconocida.
  • Casilla 27 (el agua): casilla peligrosa. Según la reconstrucción de Kendall, quien caía aquí debía retroceder hasta la casilla 15 o incluso reiniciar. Piccione la vincula con las aguas del caos y el olvido del inframundo egipcio.
  • Casilla 28 (tres signos): marcada con tres figuras humanas sentadas. Piccione la asocia a los tres dioses del inframundo, aunque se trata de una interpretación sin corroboración textual directa.
  • Casilla 29 (dos signos): marcada con dos figuras humanas sentadas. Piccione la vincula con la dualidad del juicio de Osiris, también como hipótesis interpretativa.
  • Casilla 30 (el final, «la salida»): meta del juego. Piccione la interpreta como equivalente simbólico al renacer en el Más Allá.

La casilla 15 aparece en muchos tableros del Reino Medio con el signo del ankh —el símbolo de la vida—. Piccione la denomina «Casa del Renacimiento»: según su interpretación, retroceder hasta ella desde la casilla del agua refuerza la imagen del alma que debe volver a empezar su camino hacia la eternidad. Ningún texto antiguo lo formula de forma explícita.

 

pintura mural de la tumba de Nefertari donde aparece jugando al Senet
Tumba de Nefertari. La Reina jugando al Senet (foto: kairoinfo4u)

 

El Senet y el Libro de los Muertos

Durante el Reino Nuevo, el Senet adquirió una dimensión religiosa explícita. El Capítulo XVII del Libro de los Muertos menciona directamente al juego: el difunto juega al Senet contra un adversario invisible en la sala de los muertos para asegurarse el paso al Más Allá. La partida se convierte en un juicio encubierto: quien gana demuestra estar bajo la protección de los grandes dioses —Ra, Thot y, en ocasiones, Osiris—, y puede ascender a la eternidad.

En numerosas tumbas del Reino Nuevo se representa al difunto jugando al Senet, sentado frente a un tablero sobre una paleta elevada, en actitud serena, sin oponente visible al otro lado. La reina Nefertari, esposa de Ramsés II, fue representada de esta manera en las paredes de su tumba en el Valle de las Reinas. Tutankamón, que murió con apenas dieciocho años, fue enterrado con al menos cuatro tableros de Senet.

A diferencia de la mayoría de los objetos lujosos del Antiguo Egipto, el Senet trascendió las barreras sociales. Los tableros de ébano y marfil de los faraones convivían con versiones modestas fabricadas en fayenza o simplemente rayadas en el suelo de una habitación o en la roca de un monumento. El Senet era, en ese sentido, uno de los pocos espacios de la sociedad faraónica donde el alto funcionario y el artesano compartían la misma experiencia.

¿Dónde se puede ver?

Los tableros de Senet más célebres proceden de la tumba de Tutankamón (KV62, Valle de los Reyes), descubierta en 1922 por Howard Carter. Sus cuatro cajas de juego, fabricadas en ébano y marfil, se conservan en el Gran Museo Egipcio de Giza. El Louvre alberga el tablero del funcionario Imenmes, de la XVIII Dinastía, con el reverso dedicado al juego de las Veinte Casillas. El Metropolitan Museum of Art de Nueva York conserva varios ejemplares excelentes, incluyendo tableros procedentes de Abidos. El British Museum de Londres, el Museo Egizio de Turín y el Rosicrucian Egyptian Museum de San José (California) cuentan también con ejemplares notables.

 

juego de mesa egipcio del Senet
Juego del Senet. Brooklyn Museum (foto: Stephen Chappell)

 

3. EL JUEGO DE LOS 58 AGUJEROS: PERROS Y CHACALES

En 1890, el arqueólogo Flinders Petrie fue el primero que descubrió en Egipto un objeto al que denominó «el juego de los 58 agujeros». Veinte años después, en 1910, Howard Carter encontró en una tumba tebana del reinado de Amenemhat IV (XII Dinastía, hacia 1814-1805 a.C.)  un tablero en forma de hacha con diez clavijas rematadas por cabezas de animales, cinco en forma de perro y cinco en forma de chacal. Carter lo rebautizó «perros y chacales», el nombre que ha perdurado popularmente, aunque los estudiosos prefieren la denominación más neutra de «juego de los 58 agujeros», al haberse encontrado clavijas con cabezas de mono, toro y otras variantes.

El tablero y el recorrido

El tablero cuenta con 58 agujeros distribuidos en dos recorridos paralelos de 29 cada uno, con un agujero central más grande en el extremo superior que constituía la meta. La forma más frecuente recuerda a un escudo o a una hoja de hacha, aunque existen variantes en forma de tortuga o de hipopótamo. Muchos ejemplares incorporan una palmera central y, en algunos casos, el signo shen, asociado a la idea de eternidad y protección. Las piezas eran clavijas que se insertaban en los agujeros a medida que avanzaba la partida.

Cada jugador hacía avanzar sus cinco clavijas desde la base del tablero hacia la meta. Varios agujeros estaban marcados con el signo nfr («lo bueno»), que probablemente permitía avanzar más rápido. Otros agujeros estaban conectados entre sí por líneas curvas grabadas, indicando penalizaciones o atajos —un mecanismo muy similar al moderno Serpientes y Escaleras.

Al igual que el Senet, el juego de los 58 agujeros aparece con frecuencia en contextos funerarios y domésticos.

Un juego que cruzó fronteras

El juego de los 58 agujeros es uno de los más difundidos geográficamente de la Antigüedad. Se han documentado más de 68 tableros en excavaciones repartidas por Egipto, Israel, Siria, Irak, Irán, Turquía y Azerbaiyán. Este alcance extraordinario generó un debate académico reciente: en 2024, los arqueólogos Walter Crist y Rahman Abdullayev publicaron un estudio en el European Journal of Archaeology señalando que los tableros descubiertos en Azerbaiyán (en la Reserva Nacional de Gobustan, cerca del Mar Caspio) podrían ser más antiguos que los ejemplares egipcios, lo que sugeriría un origen en el suroeste asiático antes que en el valle del Nilo. El debate sigue abierto.

¿Dónde se puede ver?

El ejemplar más famoso —el descubierto por Howard Carter en la tumba CC25 de el-Asasif, Tebas— se conserva en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York (número de inventario 26.7.1287). Se encontró con todas sus piezas y es considerado la obra maestra del género. El Museo Egipcio de El Cairo conserva varios tableros de la XI Dinastía. El British Museum de Londres cuenta con fragmentos y piezas, así como el Museo del Louvre de París.

 

Juego de perros y chacales en el Met Museum
Juego de perros y chacales. Met Museum (foto: Billy Willson)

 

4. EL JUEGO DE LAS VEINTE CASILLAS

El cuarto gran juego del Antiguo Egipto no nació en el Nilo, sino en los ríos Tigris y Éufrates. El denominado Juego Real de Ur —uno de los tableros de juego más antiguos del mundo, con ejemplares datados hacia 2600 a.C. y excavados por Leonard Woolley en los cementerios reales de Ur (actual Irak) en la década de 1920— se difundió por todo el Oriente Próximo y llegó a Egipto alrededor del segundo milenio a.C., donde fue adaptado bajo el nombre de «juego de las Veinte Casillas».

El tablero egipcio tiene una forma muy característica: un bloque de doce casillas dispuesto en tres filas de cuatro, unido a una prolongación central de ocho casillas. Varias casillas aparecen marcadas con rosetas, interpretadas habitualmente como posiciones afortunadas o seguras. Las reconstrucciones modernas coinciden en que era un juego de carrera entre dos jugadores, con entrada desde lados opuestos y avance hacia una salida final.

En Egipto, el juego de las Veinte Casillas aparece con frecuencia asociado al Senet en cajas reversibles de gran calidad, convirtiendo el estuche en una especie de consola portátil de dos juegos. Varios de estos ejemplares de doble tablero se conservan en museos internacionales.

¿Dónde se puede ver?

Los tableros del Juego Real de Ur más famosos —incluido el ejemplar de los cementerios reales de Ur excavado por Woolley— se conservan en el British Museum de Londres. En Egipto, varios ejemplares de cajas de doble tablero (Senet + Veinte Casillas) se encuentran en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Louvre de París y el Museo Egizio de Turín. En el Louvre se exhibe una caja de doble tablero con el nombre de la reina Hatshepsut (XVIII Dinastía).

 

juego egipcio de las veinte casillas
Juego de las veinte casillas (foto: Nate Loper)
juego de las 20 piezas y del senet de Hatshepsut que se encuentra en el Louvre
Juego de las Veinte Casillas de la reina Hatshepsut. Museo del Louvre (foto: Sergio Geijo)

 

¿CÓMO GENERABAN EL AZAR? BASTONES, ASTRÁGALOS Y DADOS

Los cuatro grandes juegos egipcios compartían la necesidad de un mecanismo para generar resultados aleatorios que determinara el movimiento. Se conocen tres sistemas empleados que evolucionaron a lo largo del tiempo y coexistieron con frecuencia.

Bastones de lanzamiento: es el método más antiguo y extendido. Son pequeños palos de madera, pintados de negro por una cara y blancos por la otra. El jugador lanzaba cuatro bastones: el número de caras blancas visibles determinaba el movimiento. Si los cuatro bastones mostraban la cara oscura, el jugador avanzaba cinco casillas —el resultado más infrecuente y el más valioso—. Los valores 1, 2, 3 y 4 dependían del número de caras blancas.

Astrágalos: se utilizaban huesos del tobillo de animales (ovejas, cabras) que, al caer, podían adoptar cuatro posiciones distintas con probabilidades desiguales. Su uso como elemento de azar es antiquísimo y fue muy común en todo el mundo antiguo. Varios conjuntos de juego incluyen astrágalos junto a los bastones.

Dados cúbicos: su uso en Egipto se generalizó principalmente en períodos tardíos y en el ámbito cultural greco-romano. A diferencia de los dados modernos, muchos dados antiguos tenían numeraciones no estandarizadas y sus caras opuestas no siempre sumaban siete.

 

dados egipcios en el museo del Louvre
Dados egipcios. Museo del Louvre (foto: Sergio Geijo)

 

JUGAR EN LA CIVILIZACIÓN FARAÓNICA

Sentados frente a un tablero de Senet o moviendo las piezas del juego de los 58 agujeros, los egipcios participaban en una actividad que sigue siendo universal: el juego, la estrategia y el azar.

Miles de años después, los tableros conservados en museos como el Louvre, el British Museum o el Museo Egipcio de Turín permiten imaginar esas escenas del pasado. En ellas no aparecen faraones ni sacerdotes, sino jugadores concentrados frente a un tablero, enfrentados a su adversario y al imprevisible resultado de la próxima tirada. ¿Jugamos?

 

 

MÁS INFORMACIÓN
Senet and Twenty Squares: Two Board Games Played by Ancient Egyptians.metmuseum
Top ten historical board games. britishmuseum

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