Saqqara, la necrópolis eterna de Menfis

Pirámide escalonada de Zoser en el complejo funerario de Saqqara
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Egipto – Giza  / MEMPHIS (Aegyptus)

 

Saqqara se extiende sobre el margen occidental del valle del Nilo, a unos 30 kilómetros al sur de El Cairo, en el desierto que domina la antigua capital de Egipto, Menfis. Con una superficie de aproximadamente nueve kilómetros cuadrados, este vasto conjunto arqueológico constituye la principal necrópolis menfita y uno de los paisajes funerarios más extensos y complejos del mundo antiguo.

En 1979, Saqqara fue inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO dentro del bien «Menfis y su necrópolis. Los campos de pirámides desde Guiza hasta Dahshur». Saqqara permite seguir de forma casi ininterrumpida la evolución de la arquitectura funeraria egipcia desde las primeras dinastías hasta la época grecorromana.

Lo que convierte a Saqqara en un yacimiento verdaderamente excepcional es la extraordinaria variedad de estructuras que coexisten en él —mastabas, pirámides, galerías subterráneas, templos funerarios, catacumbas de animales sagrados— y el hecho de que cada una de ellas sea un documento legible sobre la religión, la política y la sociedad de su tiempo.

Pero Saqqara es un yacimiento vivo. Las excavaciones en curso —egipcias, japonesas, suizo-francesas— no dejan de alumbrar hallazgos que renuevan la comprensión del lugar. En los últimos años han aparecido talleres de momificación de época ptolemaica, tumbas del Reino Antiguo con pinturas excepcionales, centenares de ataúdes policromados y la sepultura de un médico de la corte de la dinastía VI.

 

Complejo funerario de Saqqara
Saqqara (foto: Carole Raddato)

 

HISTORIA DE SAQQARA

El uso funerario de Saqqara se inicia en el periodo Arcaico, durante las dinastías I y II, cuando altos funcionarios y miembros de la corte de Menfis comienzan a construir grandes mastabas de adobe y piedra.

Con la dinastía III, Saqqara da el salto que la convierte en un hito de la historia de la arquitectura universal. La construcción del complejo funerario del rey Zoser (Dyeser) —cuyo nombre de Horus era Netjerikhet, «cuerpo divino»— introduce por primera vez el uso sistemático de la piedra tallada en la arquitectura monumental, una revolución técnica y conceptual sin precedentes en el mundo antiguo.

Durante el Reino Antiguo, Saqqara mantiene su papel central como necrópolis de Menfis, acogiendo las pirámides de varios reyes de las dinastías V y VI y las mastabas de la gran aristocracia cortesana. Con el fin del Reino Antiguo y la descentralización del Estado, la actividad en el yacimiento decrece, sin desaparecer. A partir del Reino Nuevo, Saqqara experimenta un nuevo auge, especialmente como centro de culto animal, con la construcción de las primeras galerías del Serapeum por iniciativa del príncipe Jauemuaset (Khaemwaset), hijo de Ramsés II y sumo sacerdote de Ptah.

En la Baja Época y durante los periodos ptolemaico y romano, Saqqara vive un último momento de esplendor, marcado por la proliferación de enterramientos privados, templos y catacumbas de animales sagrados. Esta continuidad de más de tres milenios convierte el yacimiento en un archivo excepcional para el estudio de la religión funeraria egipcia.

 

necrópolis de Saqqara
Necrópolis de Saqqara (foto: kairoinfo4u)

 

QUÉ VER EN SAQQARA

La necrópolis de Saqqara se extiende a lo largo de varios kilómetros en el borde del desierto, frente al valle del Nilo, formando un paisaje funerario continuo en el que se suceden pirámides, mastabas, templos y complejos subterráneos de distintas épocas. Como los principales monumentos se encuentran dispersos por la meseta y requieren desplazamientos, conviene decidir de antemano cuáles se van a visitar.

LA PIRÁMIDE ESCALONADA DE ZOSER

El corazón de Saqqara es el complejo funerario del rey Zoser, diseñado por su visir Imhotep hacia el año 2650 a.C., en los comienzos de la dinastía III. Imhotep —matemático, médico, astrónomo y alto sacerdote de Ptah en Heliópolis— es el primer arquitecto conocido por su nombre en la historia de la humanidad. Su nombre aparece inscrito en la base de una estatua del faraón hallada en el yacimiento, un honor extraordinario para alguien que no era de sangre real. Siglos después de su muerte sería divinizado y asimilado al dios griego Asclepio, convirtiéndose en símbolo de la sabiduría y la medicina.

La pirámide escalonada que Imhotep concibió no fue el resultado de un proyecto unitario, sino de una serie de revisiones y ampliaciones sucesivas. Lo que comenzó como una mastaba de base cuadrada de 63 metros de lado fue creciendo en varias fases hasta conformar seis mastabas superpuestas en escalonamiento decreciente, con una altura final de cerca de 60 metros y una base de 121 por 109 metros.

Bajo la pirámide se desarrolla un laberinto de galerías y cámaras de casi seis kilómetros de longitud, excavado a 28 metros de profundidad, con la cámara funeraria en granito en el centro. Las paredes de algunas dependencias conservan revestimientos de azulejos de fayenza azul verdosa que evocan los juncos del Delta, el entorno natural en que el rey debía pasar la eternidad. Estas galerías albergaron más de 48.000 vasijas de cerámica y piedra, algunas con los nombres de faraones de las dos primeras dinastías.

 

patio columnado del complejo funerario de Zoser en Saqqara
Saqqara. Complejo funerario de Zoser (foto: orientalizing)

 

El recinto amurallado que rodea la pirámide incluye un elaborado sistema de patios ceremoniales, capillas simbólicas y el gran patio del Heb-Sed, el ritual de renovación del poder real que debía celebrarse cada treinta años de reinado. En el patio sur, una estatua sedente del faraón —hoy sustituida por una réplica; el original se conserva en el Museo Egipcio de El Cairo— observa a través de dos orificios labrados en la piedra el movimiento de las estrellas circumpolares.

Un estudio publicado en PLOS ONE en 2024, liderado por Xavier Landreau del Instituto de Investigación Paleotécnico de París, propuso una hipótesis novedosa sobre la construcción de la pirámide escalonada: según sus autores, un complejo sistema hidráulico —con presa, instalación de tratamiento de agua y ascensor hidráulico— habría sido clave para elevar los bloques de piedra. La comunidad científica debate aún sus conclusiones, pero la investigación ha abierto una nueva línea de trabajo sobre el uso de la energía hidráulica en la construcción de las pirámides.

 

Pirámide escalonada de Zoser en Saqqara
Saqqara. Pirámide escalonada de Zoser (foto: Albert Garcia)

 

LAS MASTABAS DE LOS ALTOS FUNCIONARIOS

Las mastabas de los nobles constituyen uno de los grandes atractivos de Saqqara y, en cierto modo, el monumento más humano de todo el yacimiento. Mientras las pirámides son documentos del poder real y de la teología funeraria, las mastabas son ventanas abiertas a la vida cotidiana del Reino Antiguo. Sus relieves y pinturas documentan con un realismo extraordinario escenas de agricultura, ganadería, pesca, navegación, artesanía y banquete que no tienen equivalente en ninguna otra fuente de la época.

La mastaba de Ti —supervisor de las pirámides reales durante la dinastía V— es quizás la más visitada. Sus paredes registran con precisión etnográfica la actividad de los talleres, los campos de cultivo y los canales del Delta. La de Ptahhotep conserva relieves de una delicadeza técnica que difícilmente se supera en el arte del Reino Antiguo. Las de Mereruka y Kagemni, yernos del faraón Teti, compiten en tamaño y variedad iconográfica y muestran la riqueza de la clase dirigente de la dinastía VI.

 

Relieve del interior de la mastaba de Ti en Saqqara
Saqqara. Mastaba de Ti (foto: Richard Mortel)
Mastaba de Mereruka, visir de Teti, en Saqqara
Saqqara. Mastaba de Mereruka (foto: Richard Mortel)

 

NUEVOS DESCUBRIMIENTOS EN LAS MASTABAS DEL REINO ANTIGUO

En 2018 se descubrió en un excelente estado de conservación la tumba de Wahtye, sacerdote de alto rango del faraón Nefer-Ir-Ka-Re, dinastía V. Sus relieves y estatuas policromadas documentan la vida y el entorno familiar del difunto, y confirman la continuidad del uso de Saqqara como necrópolis de la élite menfita durante el Reino Antiguo. Este excepcional mausoleo aún no forma parte del circuito habitual de visitas.

 

Relieves y estatuas de la tumba de Wahtye en Saqqara
Saqqara. Tumba de Wahtye (foto: dailysabah)

 

En mayo de 2023, una misión egipcia sacó además a la luz la mastaba de Ne Hesut Ba, funcionario de la dinastía V, con una estatua de alabastro del difunto de un metro de longitud y estatuillas de madera de un matrimonio llamado Nesu Henu.

Entre los hallazgos más recientes, en enero de 2025, la misión arqueológica suizo-francesa de la Universidad de Ginebra anunció el hallazgo de la mastaba de Tetinebefou, un médico jefe de la corte del periodo de la dinastía VI que ostentaba el título de experto en plantas medicinales y sacerdote de la diosa Serqet, protectora contra los venenos. El estado de conservación de sus pinturas murales, aún con colores vivos tras 4.100 años, ha captado la atención internacional.

 

tumba de Tetinebefou en Saqqara
Saqqara. Mastaba de Tetinebefou (foto: cadenapatagonia)

LAS PIRÁMIDES DE LAS DINASTÍAS V Y VI. LOS TEXTOS DE LAS PIRÁMIDES

Entre los complejos reales posteriores a Zoser, el más relevante desde el punto de vista religioso y literario es el del rey Unis, último faraón de la dinastía V. Exteriormente modesta —apenas 43 metros de altura—, la pirámide de Unis encierra en sus cámaras interiores los primeros Textos de las Pirámides, el corpus religioso más antiguo conocido. Tallados en la piedra caliza de las paredes con una escritura finísima y coloreada en verde, estos conjuros y oraciones tenían como finalidad proteger al soberano y guiarlo hacia el mundo celeste.

 

interior de la pirámide de Unis en Saqqara
Saqqara. Interior de la pirámide de Unis (foto: Vincent Brown)
pirámide de Unis en Saqqara
Saqqara. Pirámide de Unis (foto: Carole Raddato)

 

Saqqara conserva también las pirámides de Teti —primer faraón de la dinastía VI y fundador del complejo donde más se han concentrado los hallazgos recientes—, Pepi I, Merenra y Pepi II, cuyo larguísimo reinado de más de noventa años coincide con el progresivo declive del poder central al final del Reino Antiguo. La calidad decreciente de estas construcciones respecto a las del Reino Antiguo temprano es reflejo de la fragmentación política y la merma de los recursos de la corona.

 

pirámide de Userkaf en Saqqara
Saqqara. Pirámide de Userkaf (foto: Carole Raddato)

 

LA NECRÓPOLIS DEL REINO NUEVO

Al sur de la calzada procesional de la Pirámide de Unis se desarrolla uno de los sectores más significativos de Saqqara fuera del núcleo del Reino Antiguo. En esta zona se instaló, durante las dinastías XVIII a XX, la necrópolis de los altos funcionarios vinculados a Menfis, cuando la ciudad recuperó su papel como centro administrativo y religioso de primer orden en el norte de Egipto.

A diferencia de las mastabas del Reino Antiguo, las tumbas de este sector adoptan una arquitectura de carácter casi templario, organizada en torno a patios, pilonos y capillas, con espacios destinados al culto funerario y a la memoria del difunto. Este cambio refleja la evolución de las prácticas funerarias y el creciente protagonismo de la biografía individual en la decoración de las tumbas.

Entre los conjuntos más relevantes destaca la tumba de Horemheb, construida cuando aún era general del ejército antes de acceder al trono. Su complejo funerario ofrece una visión precisa de la carrera militar y administrativa en el Egipto de finales de la dinastía XVIII. Muy próxima se encuentra la tumba de Maya y su esposa Merit, uno de los monumentos mejor conservados del sector, con relieves que documentan su función como tesorero real durante el reinado de Tutankamón.

Las investigaciones arqueológicas desarrolladas en las últimas décadas han permitido recuperar además otras tumbas de gran relevancia histórica. Es el caso de Ptahmose, alcalde de Menfis en época ramésida, cuya tumba, conocida desde el siglo XIX y posteriormente perdida, ha sido localizada de nuevo, aportando información sobre la administración y la élite menfita de este periodo.

 

relieves de la tumba de Maya en Saqqara
Saqqara. Tumba de Maya (foto: kairoinfo4u)
primer patio de la tumba de Horemheb en Saqqara
Saqqara. Primer patio de la tumba de Horemheb (foto: kairoinfo4u)

 

EL SERAPEUM

El Serapeum es el monumento más desconcertante de Saqqara, y uno de los más sobrecogedores del Egipto antiguo. Se trata de un complejo de galerías subterráneas excavadas en la roca a doce metros de profundidad, destinado al enterramiento de los toros Apis, considerados encarnaciones vivas del dios Ptah de Menfis. Según la Piedra de Palermo, la veneración de estos animales sagrados está atestiguada ya desde la dinastía I; pero los enterramientos monumentales en el Serapeum no comienzan hasta el Reino Nuevo, por iniciativa del príncipe Juaemuaset —hijo de Ramsés II y gobernador de Menfis—, quien ordenó construir las primeras galerías entre los siglos XIII y XII a.C.

Las galerías se fueron ampliando durante la Baja Época y el periodo ptolemaico hasta alcanzar 350 metros de longitud en el corredor principal, con 24 cámaras laterales que albergan los sarcófagos de los toros. Estos ataúdes, monolíticos, de granito de Asuán, basalto negro y caliza, pesan entre 60 y 80 toneladas cada uno, con una precisión de encaje que todavía asombra a los ingenieros. A lo largo de aproximadamente 1.400 años, al menos sesenta toros Apis quedaron registrados en el lugar.

El complejo fue redescubierto el 12 de noviembre de 1851 por el egiptólogo francés Auguste Mariette, quien había llegado a Egipto con fondos del Louvre para adquirir manuscritos coptos. Guiado por la descripción del geógrafo griego Estrabón, que en el siglo I a.C. había mencionado un templo de Serapis flanqueado por esfinges que las tormentas de arena sepultaban, Mariette descubrió la avenida de más de un centenar de esfinges que conducía a la entrada de las catacumbas. El hallazgo le permitió fundar el Servicio de Antigüedades de Egipto y el primer Museo de El Cairo.

 

Serapeum de Saqqara
Saqqara. Serapeum (foto: Richard Mortel)
sarcófago de un toro Apis en el Serapeum de Saqqara
Saqqara. Serapeum (foto: Richard Mortel)

 

LOS TALLERES DE MOMIFICACIÓN Y LOS CONJUNTOS DE LA BAJA ÉPOCA

En las proximidades del templo de la diosa Bastet, las excavaciones de 2023 de la misión del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto sacaron a la luz los dos talleres de momificación más grandes documentados hasta la fecha en el Egipto antiguo. El primero, destinado a la preparación de cuerpos humanos, se articula en varias estancias con camillas de piedra de dos metros de largo; el segundo contenía lechos de menor tamaño para la momificación de animales sagrados. Ambos se fechan entre el final de la dinastía XXX (380-343 a.C.) y el periodo ptolemaico (350-30 a.C.), y se encontraron junto a vasijas de barro, herramientas de momificación, vasos canopos, lino y abundante resina negra.

En el sector sur y occidental de la necrópolis se concentran los enterramientos del primer milenio a.C. Excavaciones recientes sacaron a la luz unos 250 ataúdes de madera policromada datados en torno al siglo VI a.C., un arcón de bronce con 150 estatuillas de deidades —entre ellas Bastet, Anubis, Osiris, Isis, Nefertum y Hathor—, instrumentos musicales como el sistro ritual y varios papiros con fragmentos del Libro de los Muertos. Junto a los ataúdes aparecieron también colecciones completas de ushebtis, amuletos y cajas de madera que confirman la intensidad de la actividad funeraria privada entre los siglos VII y IV a.C.

 

talleres de momificación en Saqqara
Saqqara. Talleres de momificación (foto: The Past)

 

VISITAS CERCANAS

La posición de Saqqara, en el centro del corredor de las grandes necrópolis menfitas, permite integrar su visita con otros enclaves fundamentales del Egipto faraónico, todos accesibles en menos de una hora por carretera.

MENFIS

A unos 5 km al este de Saqqara, apenas 10–15 minutos por carretera, se encuentra Menfis, capital administrativa y religiosa del Egipto faraónico durante milenios. El actual recinto arqueológico, organizado como museo al aire libre, conserva elementos monumentales como el coloso de Ramsés II y la gran esfinge de alabastro, que permiten situar el papel de la ciudad como centro político y religioso del Bajo Egipto.

DAHSHUR

A unos 15 km al sur, en un trayecto de aproximadamente 20 minutos, Dahshur alberga las pirámides del faraón Snefru. La pirámide Acodada y la pirámide Roja documentan el proceso de experimentación arquitectónica que condujo a la pirámide de caras lisas, constituyendo un complemento directo para entender la evolución iniciada en Saqqara.

ABUSIR

A unos 10 km al norte, en unos 15–20 minutos por carretera, Abusir fue la necrópolis principal de varios reyes de la dinastía V. El conjunto conserva pirámides reales, templos solares y áreas administrativas que aportan información esencial sobre la organización del Estado y del culto funerario en el Reino Antiguo.

GIZA

A unos 30 km al norte, en un trayecto de entre 35 y 45 minutos dependiendo del tráfico, la meseta de Giza reúne las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino junto a la Gran Esfinge. Este conjunto culmina el desarrollo de la arquitectura funeraria del Reino Antiguo, iniciado en Saqqara, y permite completar la lectura del paisaje funerario menfita en su conjunto.

MÁS INFORMACIÓN
SAQQARA
HORARIOS: Todos los días de 8:00 a 16:00. 
TARIFAS 2026: Adultos. Área de Saqqara (600 EGP). Tumbas de los Nobles y del Reino Nuevo (400 EGP). Tumba de Mereruka (200 EGP). Pirámide de Zoser (280 EGP). Pirámide meridional del complejo de Zoser (300 EGP). Serapeum (340 EGP). Acceso completo (1.000 EGP)
WEB: egymonuments

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