PERSÉPOLIS. LA CAPITAL DEL IMPERIO AQUEMÉNIDA

Irán

 

Las magníficas ruinas de Persépolis se hallan a los pies del Kuh-i-Rahmat, la montaña de la misericordia, en la llanura de Marv Dasht,  provincia de Fars, a 50 km. al norte de Shiraz y a 650km. al sur de la capital iraní, Teherán.  Este gran yacimiento arqueológico fue designado  Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1979.

 

Persépolis (foto: reibai)

 

Persépolis, la capital del Imperio aqueménida, fue fundada por Darío I (522-486 a.C.) en el 518 a.C. Su construcción no sería finalizada hasta un siglo después por su nieto Artaxerxes I (465-424 a.C.). Su significado, como centro neurálgico de la dinastía aqueménida, provocó, al mismo tiempo, su destrucción por parte de Alejandro Magno en el 330 a.C. Según el historiador griego Diodoro Siculo, la riqueza de Persépolis no tenía parangón en ningún otro lugar de la tierra, gracias a los botines de guerra obtenidos por los aqueménidas en sus campañas de conquista y por los tributos entregados anualmente por sus vasallos. Según Plutarco, Alejandro Magno, tras saquear la capital aqueménida, utilizó 20.000 mulas y 5.000 camellos para transportar todos sus tesoros.

 

Los vestigios que podemos ver de la antigua Persépolis, dominando la ciudad,  corresponden  a la inmensa terraza pétrea, parte natural, parte artificial, de 530x330m., que soportaba el gran complejo palacial, con sus escaleras de acceso de doble rampa,  sus murallas cubiertas de frisos esculpidos, los propylea asirios, los grandes toros alados o sus gigantescas salas. Los restos conservados pertenecen principalmente a la terraza septentrional, construida en época de Xerxes  (486-465 a.C.), el heredero de Darío el Grande. En esta área  se encontraban la Sala de audiencias de la Apadana, la Sala del Trono y la Puerta de Xerxes; zona destinadas a las recepciones oficiales dentro del complejo palacial. De uso privado, eran los palacios de Darío y Xerxes, el harem, la sala del consejo, entre otros.

 

Persépolis (foto: Franx)

 

La Apadana era la mayor y más imponente construcción de Persépolis, utilizada principalmente para la celebración de las grandes recepciones de los reyes. Fue construida por Darío y Xerxes. En la actualidad, permanecen en pie trece de las setenta y dos columnas del recinto, al que se accedía por dos escaleras monumentales, situadas al norte y al este. Éstas contaban con innumerables relieves que mostraban escenas del festival del Nuevo Año  y de las procesiones de los representantes de las 23 naciones que formaban parte del Imperio Aqueménida. En ellas se pueden ver a los delegados, vestidos con su atuendo nativo o en el estilo persa, llevando regalos y tributos al rey.

 

Apadana de Persépolis (foto: Sebastià Giralt)

 

Próximo a la apadana se hallaba el Salón del Trono, el segundo mayor edificio de la terraza de Persépolis, también denominado como la Sala de las Cien Columnas. Fue iniciado por Xerxes y completado por su hijo, Artaxerxes I. Sus ocho puertas de piedra, al norte y sur, estaban decoradas con relieves de escenas del trono, y las situadas al este y oeste, con escenas del rey combatiendo con monstruos. Adicionalmente, el pórtico norte se hallaba flanqueado por dos colosales toros de piedra. Además de como sala de recepciones, el salón del trono también era utilizado como almacén real, para dar cabida a los objetos del tesoro real procedentes de botines y tributos.

 

Anexo al salón del trono, se hallaba la sala del Tesoro, que servía como armería y, sobre todo, almacén real de los reyes aqueménidas. Aquí se custodiaba el imponente tesoro real procedente del botín de las naciones conquistadas y del tributo anual de éstas, entregado durante la celebración de la fiesta del Nuevo Año. Antes de que el salón del trono fuera finalizado, la sala del Tesoro también era utilizada como lugar de recepciones oficiales. Dos grandes relieves en piedra atestiguan dicha función; en ellos se ve a Darío I, sentado en su trono, y a un alto dignatario acercándose y rindiendo pleitesía.

 

Otros edificios de los que se conservan vestigios son los palacios de Darío y Xerxes. En el primero, doce columnas soportaban el techo del salón central, de donde descendían tres pequeñas escaleras. En éstas se conservan relieves en los que se ven a sirvientes llevando platos de comida a la mesa del rey. Otros relieves muestran nuevamente al rey luchando con monstruos.  El palacio de Xerxes contaba con una superficie prácticamente el doble que el de Darío. Contaba también con numerosos relieves aunque su estado de conservación es peor que los del palacio de Darío.

 

Al norte de la apadana se encuentra la impresionante Puerta de Xerxes, también conocida como la Puerta de las Naciones. Era la única puerta de acceso a la terraza, en el camino al salón del Trono. La construcción estaba formada por una espacio habitación, cuyo techo estaba soportado por cuatro columnas de piedra con las bases con forma de campana. Los muros exteriores estaban decorados con numerosos nichos y tres de los muros contaban con grandes puertas de piedra, estando la del lado occidental flanqueada por dos colosales toros y la oriental por dos hombres-toro de corte asirio. Sobre los cuatro colosos se halla una inscripción trilingüe que atestigua su construcción por parte de Xerxes.

 

Puerta de las Naciones (foto: Franx)

 

Otros edificios que formaban parte del complejo palaciego de Persépolis eran  el harem de Jerjes, o el palacio de Artajerjes I, que se encontraría situado al oeste del palacio de Jerjes.

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