El Limes romano en Turquía II. Más allá del Éufrates

El limes romano en Turquía, más allá del Eufrates, en Diyarbakir
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El limes romano en Turquía, la frontera oriental del Imperio romano, no se detenía en las aguas del Éufrates. Aunque el río fue durante siglos un eje estratégico y una referencia geográfica en la política romana en Oriente, la realidad militar y administrativa de la frontera avanzaba mucho más allá, penetrando en la Alta Mesopotamia, en el alto Tigris y en las tierras altas que hoy forman parte del sureste de Turquía. Desde este territorio, Roma y posteriormente Bizancio organizaron sus operaciones frente a partos, sasánidas y, más tarde, árabes, articulando un complejo sistema defensivo basado en ciudades-fortaleza, rutas vigiladas y bases militares permanentes.

Este artículo recorre esa franja situada más allá del Éufrates, analizando su evolución desde la derrota de Craso en Carrhae hasta la formación de grandes ciudades fortificadas como Dara, Amida o Martyropolis y repasando los lugares que hoy se pueden visitar en Turquía.

HISTORIA DEL LIMES ROMANO EN TURQUÍA, MÁS ALLÁ DEL ÉUFRATES

La historia de la frontera oriental de Roma se define por la tensión constante entre las aspiraciones de expansión, las necesidades defensivas y la realidad geográfica de un territorio amplio y difícil de controlar. La franja situada más allá del Éufrates fue escenario recurrente de conflictos, reorganizaciones territoriales y operaciones militares desde los últimos tiempos de la República romana hasta la Antigüedad tardía.

DE CRASO A TRAJANO. EL PROBLEMA MESOPOTÁMICO

La presencia romana en esta región tuvo un punto de inflexión en el año 53 a. C., cuando Marco Licinio Craso sufrió una severa derrota en Carrhae, muy cerca de la actual Harran. La llanura mesopotámica, carente de obstáculos y favorable a la movilidad de la caballería parto-iraní, demostró ser un espacio difícil de controlar para la infantería romana. A partir de entonces, Roma mantuvo una política prudente en el área, apoyándose en reinos clientes como Osroena —con capital en Edesa— para garantizar su influencia más allá del Éufrates sin asumir una ocupación directa continuada.

El panorama cambió a comienzos del siglo II d. C. El emperador Trajano lanzó entre 114 y 116 d.C. una ofensiva de gran envergadura que llevó a Roma a ocupar Armenia y la Alta Mesopotamia, y a tomar ciudades como Nísibis, Singara o Edessa. Creó una primera provincia de Mesopotamia, marcando la máxima expansión romana en Oriente. Su avance alcanzó incluso el Tigris, pero la dificultad de sostener estas posiciones y su muerte en 117 d.C. condujeron a Adriano a abandonar gran parte de las conquistas, restableciendo el Éufrates como principal línea de control.

DE LUCIO VERO A SEPTIMIO SEVERO. HACIA UNA PROVINCIA ESTABLE 

Roma volvió a intervenir de manera decidida en la región durante el reinado de Lucio Vero (161–166 d.C.), al lanzar nuevas campañas contra Partia. Aunque sus éxitos no cristalizaron en una estructura territorial duradera, sí prepararon el escenario para la reorganización impulsada por Septimio Severo a finales del siglo II d.C.

Tras su campaña oriental de 197–198 d. C., Severo instauró una provincia estable de Mesopotamia, situada más allá del Éufrates y con capital en Nísibis, elevada al rango de colonia. Este territorio comprendía el valle del Khabur, la banda noroccidental de la Mesopotamia superior y el corredor natural que conducía hacia el Tigris. Plazas como Singara adquirieron un papel central en este dispositivo, concebido para frenar la presión parta y asegurar la presencia romana en el interior mesopotámico.
A partir de entonces, la frontera romana en esta región pasó a contar con un sistema estable de guarniciones, en el que las legiones I, y III Parthica se desplazaban entre los principales núcleos urbanos en función de las necesidades estratégicas.

 

excavaciones arqueológicas en la antigua ciudad de Dara, en la frontera romana más allá del Eufrates
Excavación arqueológica en Dara (foto: dailysabah)

 

MESOPOTAMIA ROMANA EN LAS GUERRAS SASÁNIDAS (siglos III-IV d.C.)

La llegada de los sasánidas transformó esta franja en uno de los frentes más activos del Imperio. En el siglo III, Shapur I lanzó ataques decisivos contra las posiciones romanas. Sin embargo, sería en el siglo IV d.C. cuando la Alta Mesopotamia adquiriría una importancia aún mayor dentro de la estrategia oriental.

La ciudad de Nísibis, convertida en bastión de la frontera romana, resistió tres asedios de Shapur II (en los años 337, 346 y 350 d.C.). Las fuentes describen cómo sus murallas, reforzadas y dotadas de un sistema defensivo complejo, frustraron los intentos persas de tomar la plaza. Más al norte, Singara actuó como puesto avanzado del sistema defensivo y aparece mencionada en los relatos de Ammiano Marcelino en relación con las campañas de Constancio II.

Al mismo tiempo, la región montañosa del Tur Abdin se llenó de castella y puestos de vigilancia. Estos enclaves controlaban pasos naturales entre las mesetas y formaban una línea defensiva complementaria a las grandes ciudades de la llanura. El paisaje fronterizo romano se extendía así en profundidad, articulado en varios niveles de control.

En 363 d.C., el emperador Juliano inició una ofensiva que llegó a cruzar el Tigris, pero su muerte durante la retirada cambió por completo la situación. Su sucesor, Joviano, aceptó un tratado desfavorable con Persia que obligaba a Roma a entregar Nísibis, lo que supuso una pérdida estratégica de primer orden y desplazó la frontera efectiva hacia el oeste.

LA FRONTERA TARDOANTIGUA. DARA Y EL TUR ABDIN

Tras la pérdida de Nísibis, Roma reorganizó por completo su dispositivo defensivo. A comienzos del siglo VI, el emperador Anastasio I fundó la gran ciudad-fortaleza de Dara, concebida para contrarrestar el poder persa en Nisibis y asegurar los accesos hacia la Mesopotamia superior. Bajo el reinado de Justiniano, Dara fue ampliada y reforzada con murallas, torres, fosos y un innovador sistema hidráulico diseñado para resistir largos asedios. Este sistema incluía cisternas monumentales excavadas en la roca y un ingenioso desvío del río local que protegía la ciudad de inundaciones y garantizaba el suministro de agua.

En 530 d.C., Dara fue escenario de una victoria decisiva del general Belisario sobre el ejército sasánida, consolidando su importancia estratégica en las guerras romano-persas.

Paralelamente, el Tur Abdin continuó desempeñando un papel estratégico. Su orografía, articulada en valles y mesetas, facilitó la instalación de puestos defensivos durante la época romana y mantuvo su carácter limítrofe cuando la región se convirtió en uno de los centros del monacato siriaco en los siglos V y VI d.C.

El resultado fue una frontera renovada, profundamente militarizada, en la que ciudades-fortaleza como Dara y los corredores montañosos del Tur Abdin prolongaron el control romano más allá del Éufrates en un contexto de enfrentamiento constante con el Imperio sasánida.

La línea defensiva septentrional del alto Tigris se reforzó con ciudades como Amida (Diyarbakır) y Martyropolis (Silvan), que desempeñaron un papel fundamental tanto en las guerras contra los sasánidas como en los conflictos bizantino-árabes posteriores.

 

mapa del Limes romano en la frontera oriental más allá del Eufrates

 

QUÉ VER EN LA FRONTERA MESOPOTÁMICA DEL IMPERIO ROMANO

El territorio turco conserva un conjunto notable de lugares que permiten conocer cómo funcionaba esta frontera avanzada. Para facilitar la planificación, el itinerario lo organizamos en tres zonas geográfico–turísticas, que reflejan la progresión histórica y territorial del limes oriental romano.

 

Zona I — La llanura mesopotámica occidental

(Şanlıurfa / Edessa · Harran / Carrhae)

ŞANLIURFA (EDESA) 

Şanlıurfa ocupa el emplazamiento de la antigua Edesa, una de las ciudades clave de la política romana en Oriente. Como capital del reino de Osroena, Edesa actuó durante siglos como aliado de Roma, facilitando su influencia sobre las rutas que penetraban en la llanura mesopotámica. Trajano la incorporó brevemente al Imperio; más tarde, Septimio Severo reforzó su papel dentro del sistema territorial romano en Oriente.

El tejido urbano actual conserva estratos antiguos bajo la ciudad moderna, aunque la principal fuente para comprender la Edessa romana y tardoantigua es el Museo Arqueológico de Şanlıurfa. Sus colecciones reúnen estelas, esculturas, materiales cerámicos y piezas arquitectónicas procedentes de excavaciones regionales, incluyendo importantes mosaicos de época romana.

Artículo en viatorimperi: Sanliurfa, la antigua Edesa

 

Mezquita de Sanliurfa, la antigua Edessa romana
Sanliurfa (foto: Frank Kresin)

 

HARRAN (CARRHAE)

La llanura de Harran, situada a 45 km. al sur de Şanlıurfa, conserva la topografía del escenario donde Craso fue derrotado por los partos en 53 a. C., un episodio que condicionó la estrategia oriental de Roma durante generaciones. El paisaje, abierto y sin barreras naturales, ayuda a entender la eficacia de la caballería y la arquería parto-iranias frente a la infantería romana.

El asentamiento histórico de Harran conserva su ciudadela, levantada sobre una posición estratégica utilizada en época antigua, tramos de muralla y áreas arqueológicas que ilustran la continuidad del lugar. Destaca además el conjunto de casas de cúpula troncocónica de adobe, una arquitectura tradicional profundamente enraizada en el paisaje mesopotámico.

 

Harran, frontera oriental del Imperio romano en Turquía
Harran (foto: turkeytourorganizer)

 

Zona II — La meseta del Tur Abdin y la frontera central

(Mardin · Dara · Meseta del Tur Abdin)

MARDIN

La ciudad de Mardin se alza sobre un espolón rocoso que domina la Mesopotamia superior. Desde época antigua, este punto elevado controlaba rutas hacia el interior y actuaba como punto de observación privilegiado sobre los movimientos a lo largo de la llanura. Su posición estratégica la integró de manera natural en la red de asentamientos asociados a la provincia de Mesopotamia y a la posterior frontera bizantino-sasánida.

El Museo de Mardin constituye uno de los centros más completos para comprender la presencia romana en la región. Entre sus colecciones destacan materiales procedentes de villae tardoantiguas, elementos arquitectónicos, cerámicas, inscripciones y mosaicos recuperados en las últimas décadas.

El casco histórico, con su urbanismo en terrazas y sus edificios tradicionales en piedra, permite entender cómo el enclave actuaba como punto de enlace entre las ciudades mesopotámicas y los pasos del Tur Abdin. Su situación elevada facilita además una lectura paisajística de gran valor para comprender la importancia estratégica del lugar.

 

Mardin,
Mardin (foto: ippnw Deutschland)

 

DARA (OGUZ)

El yacimiento de Dara, situado cerca de la aldea de Oğuz, es uno de los enclaves arqueológicos más representativos de la frontera romano-oriental en época tardoantigua. Fundada por Anastasio I hacia 505 d. C., fue reforzada posteriormente por Justiniano como elemento clave del sistema defensivo frente a la Nisibis persa. Dara aparece en las fuentes como escenario de varias batallas de las guerras romano-sasánidas.

Es posible recorrer las murallas, los fosos excavados en la roca, las torres defensivas y varias cisternas monumentales que abastecían la ciudad, así como la necrópolis rupestre, excavada en la ladera oriental.

Dara, localizada a 30 km. de Mardin, constituye, probablemente, el mejor punto para comprender in situ la funcionalidad militar de la frontera tardía más allá del Éufrates.

 

tumbas rupestres de la necrópolis de Dara, en la frontera oriental del Imperio romano en Turquía
Necrópolis de Dara (foto: museumofwander)

 

TUR ABDIN 

La meseta del Tur Abdin, comprendida entre Mardin y Nusaybin, presenta una topografía que favoreció desde época romana la instalación de puestos avanzados y pequeñas fortificaciones destinadas a vigilar rutas y controlar accesos hacia el interior persa. Aunque los restos visibles de época romana son reducidos, las fuentes mencionan castella y posiciones fortificadas vinculadas al control mesopotámico.

Durante la Antigüedad tardía, el Tur Abdin se convirtió en uno de los principales centros del monacato siriaco. Monasterios como Mor Hananyo (Dayrulzafaran) y Mor Gabriel reutilizaron o se asentaron en zonas previamente militarizadas, manteniendo la funcionalidad estratégica del territorio.

 

Mor Gabriel
Mor Gabriel (foto: Maarten Dirkse)

 

NUSAYBIN (NÍSIBIS)

La actual Nusaybin ocupa el asentamiento de la antigua Nisibis, uno de los enclaves más importantes de la política oriental del Imperio. Fue capital de la provincia de Mesopotamia bajo Septimio Severo y base de la Legio I Parthica. Durante el siglo IV resistió tres grandes asedios de los sasánidas, que aparecen descritos con detalle por Ammiano Marcelino.

El emplazamiento actuaba como punto de control del corredor que comunicaba el Éufrates con el Tigris a través de la Mesopotamia superior, razón por la cual los sasánidas la codiciaban tanto. Su pérdida en 363 d.C. supuso un golpe estratégico de primer orden para el Imperio.

Aunque la ciudad moderna cubre la mayor parte del perímetro romano,  se conservan algunos importantes vestigios como Mor Yakup,  una iglesia ortodoxa siríaca construida entre 313-320 d.C. El valor de Nusaybin reside en su condición de referencia histórica imprescindible: representa el centro administrativo y militar de la frontera romana más allá del Éufrates durante los siglos II a IV.

Nusaybin es ciudad fronteriza con Siria (Qamishli se encuentra al otro lado), por lo que es recomendable consultar su situación antes de visitarla. Pueden existir restricciones de movimimiento y presencia militar.

 

Mor Yakub en Nusaybin, la antigua Nisibis
Mor Yakub (foto: Baki Ates)

 

Zona III — La frontera septentrional del alto Tigris

(Diyarbakır / Amida · Silvan / Martyropolis)

DIYARBAKIR (AMIDA)

La actual Diyarbakır corresponde a la antigua Amida, uno de los bastiones más importantes de la defensa oriental romana. Situada sobre una terraza basáltica con dominio visual sobre el Tigris, Amida fue escenario del célebre asedio de 359 d.C., descrito por Ammiano Marcelino como uno de los episodios más dramáticos de las guerras romano-sasánidas. La ciudad resistió durante 73 días antes de caer, pero su heroica defensa permitió ganar tiempo crucial para la reorganización defensiva romana.

Las murallas de basalto negro, reconstruidas y ampliadas en época de Constancio II y Justiniano, forman uno de los recintos fortificados tardoantiguos mejor conservados del mundo. Con casi 6 kilómetros de perímetro, 82 torres y cuatro puertas principales, constituyen un testimonio excepcional de la arquitectura militar romana y bizantina. Desde 2015 forman parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Dentro del recinto, se conservan lugares históricos como Amida Höyük, el espacio arqueológico más antiguo de la ciudad con ocupación desde el Neolítico; la iglesia de la Virgen María (Meryem Ana Kilise), uno de los templos cristianos más antiguos de Anatolia; y la Gran Mezquita (Ulu Cami), construida sobre el antiguo foro romano y que reutiliza columnas y elementos arquitectónicos de época imperial.

Artículo en viatorimperi: Diyarbakir, la gran muralla de Amida

 

murallas de Diyarbakir
Murallas de Diyarbakir (foto: aerialviews.org)

 

SILVAN (MARTYROPOLIS) 

La localidad de Silvan, localizada a 90 km. de Diyarbakir, corresponde a la antigua Martyropolis, ciudad que adquirió importancia estratégica en época tardoantigua dentro de la defensa del alto Tigris. Fundada en el siglo IV, su nombre hace referencia a las reliquias de mártires cristianos trasladadas allí, convirtiendo la ciudad en un importante centro religioso además de militar.

Se conservan algunos tramos de la muralla y otras estructuras que reflejan la organización defensiva del lugar. Su posición entre Amida y la región del Tur Abdin explica su papel como punto de enlace dentro de la red defensiva oriental, controlando las rutas que conectaban el alto Tigris con la Mesopotamia superior.

 

fortaleza romana de Silvan
Vestigios de la fortaleza romana de Silvan (foto: malabadigazetesi)

PLANIFICACIÓN DEL VIAJE

Una duración recomendada es entre 5 y 7 días para poder visitar los principales sitios con calma. Un itinerario lógico sería comenzar en Şanlıurfa (2 días, incluyendo Harran), desde donde visitar Mardin (1 día), Dara y Tur Abdin (1-2 días), y finalmente Diyarbakır (2 días).

El mejor momento es en primavera (abril-mayo) y otoño (septiembre-octubre). Los veranos son extremadamente calurosos en la llanura mesopotámica.

 

La frontera oriental romana más allá del Éufrates representa uno de los capítulos más fascinantes y menos conocidos de la historia imperial.

 

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