El Kerameikos constituye el sector noroccidental de la antigua Atenas. Estaba dividido por la muralla de Temístocles (478 a. C.) en dos áreas con funciones claramente diferenciadas. El Barrio Interior estaba ocupado por algunos de los edificios públicos representativos de la ciudad (como el Pompeion) y por viviendas privadas, mientras que en el Barrio Exterior se situaban la necrópolis y la producción cerámica, aprovechando los sedimentos arcillosos ricos existentes entre los ríos Erídano y Cefiso. Esta zona exterior incluía el Demosion Sema (el Cementerio Público), lugar de enterramiento de los caídos en guerra y de ciudadanos ilustres, donde se institucionalizaron los epitaphioi logoi, los discursos fúnebres oficiales. El yacimiento es además el punto de convergencia de dos ejes viarios fundamentales: la Vía Sagrada hacia Eleusis y el camino que conducía a la Academia de Platón, que atravesaban las puertas del Dípylon y la Puerta Sagrada.
La Dra. Jutta Stroszeck es una de las figuras más relevantes de la arqueología clásica alemana contemporánea. Formada en las universidades de Erlangen, Göttingen y Berlín, se especializó en la escultura y la topografía de la Grecia antigua. Desde 1993 desarrolla su actividad investigadora en el Instituto Arqueológico Alemán (DAI), una de las instituciones científicas más prestigiosas del mundo. En 2012 fue nombrada directora de la excavación del Kerameikos (Grabungsleiterin), asumiendo la responsabilidad de un yacimiento que el DAI investiga de forma ininterrumpida desde hace más de un siglo.
Su dirección supuso un cambio de paradigma en el Kerameikos: de una arqueología centrada en los monumentos a una arqueología de los procesos, una arqueología interesada en comprender cómo funcionaba la vida cotidiana, el trabajo, los rituales y la relación de las personas con su entorno a lo largo del tiempo. Su logro científico más significativo fue la identificación del primer oráculo de hidromancia documentado arqueológicamente en Atenas (pozo B 35), en el Santuario de Artemisa Soteira, situado al exterior de la Puerta Sagrada. Un descubrimiento que permitió documentar prácticas religiosas hasta entonces conocidas únicamente a través de las fuentes literarias. Es además una autoridad mundial en el estudio de las defixiones (tablillas de maldición de plomo), habiendo recuperado y analizado complejos contextos rituales que explican la interacción entre la sociedad ateniense y el inframundo. Su trabajo combina el rigor del análisis microestratigráfico con un conocimiento exhaustivo de la ingeniería hidráulica antigua, fundamental para comprender la convivencia del barrio con el río Erídano.
Con esta entrevista buscamos conocer de primera mano la trayectoria de Jutta Stroszeck y comprender el Kerameikos a través de la experiencia de alguien que lo ha excavado y estudiado durante décadas. A través de sus respuestas, nos acercamos a la vida cotidiana, a las prácticas rituales y a las grandes cuestiones que siguen definiendo este espacio clave de la antigua Atenas.

I. EL KERAMEIKOS COMO LUGAR DE VIDA Y TRABAJO
1. Usted trabaja en el Kerameikos desde 1993 y dirige las excavaciones desde 2012. ¿Qué significa el Kerameikos para la Dra. Stroszeck?
En medio del ritmo acelerado de la Atenas moderna, el Kerameikos es un maravilloso oasis tranquilo y romántico que permite el contacto con la naturaleza. Es un privilegio trabajar aquí y significa mucho para mí, también a nivel personal; por ejemplo, mis hijos aprendieron a caminar aquí. Soy consciente de ese privilegio cada día y estoy muy agradecida por ello. Pero, al mismo tiempo, siento que ese privilegio conlleva también una responsabilidad: cuidar el yacimiento. Como todo el trabajo que se realiza en él, esto se hace en estrecha cooperación con el Ministerio de Cultura y Deportes de Grecia. Los monumentos, las plantas y los árboles, así como la fauna que vive en torno al río Erídano, necesitan atención y protección. Las aves, las ranas que menciona Aristófanes y las famosas grandes tortugas siempre han estado aquí, mucho antes que yo. Por eso debemos proteger su existencia.
2. El Instituto Arqueológico Alemán excava el Kerameikos desde hace más de un siglo. Usted trabaja literalmente sobre los resultados de cuatro generaciones anteriores de arqueólogos. En 2017 se utilizó el escaneado láser 3D para documentar el pozo oracular. ¿Qué representan las nuevas tecnologías para su trabajo?
Hay muchísima información nueva que podemos obtener gracias a las nuevas tecnologías. Proporcionan perspectivas que hasta hace relativamente poco tiempo eran impensables. La documentación mediante láser 3D es solo uno de estos aspectos. Nos ayuda a documentar los hallazgos con un grado de precisión que antes no era posible y, por supuesto, permite crear fácilmente modelos tridimensionales del material escaneado.
Pero pensemos también en los análisis genéticos y de estroncio aplicados a restos óseos humanos. Ahora podemos identificar patrones genéticos de parentesco, obtener información sobre la nutrición y las enfermedades, conocer las áreas en las que vivió un individuo y sus estrategias de resiliencia. Estos datos están revolucionando nuestro conocimiento sobre las sociedades antiguas, y nadie habría pensado que esto fuera posible hace treinta años.
Otros métodos son los análisis pXRF de metales y cerámicas, o la documentación mediante Reflectance Transformation Imaging (RTI), que utiliza múltiples condiciones de iluminación para visualizar letras diminutas en inscripciones sobre plomo y reproducirlas en alta resolución en una gran pantalla. Esto facilita enormemente la lectura correcta de textos inscritos en miniatura, y hay muchas más tecnologías nuevas en arqueología.
En resumen, creo que estos nuevos métodos son extraordinariamente valiosos para el trabajo arqueológico actual.

3. Hoy el Kerameikos es un parque arqueológico en el centro de Atenas, rodeado de tráfico, contaminación atmosférica y presión urbana. ¿Cuáles son los mayores desafíos para conservar un yacimiento tan complejo en el corazón de una metrópolis moderna?
Uno de los mayores retos en un yacimiento como el Kerameikos es la conservación de los monumentos excavados, tanto los que se encuentran in situ como los materiales muebles almacenados en los depósitos. Son testimonios de primera mano de un valor incalculable y deben ser presentados, accesibles y comprensibles para nosotros y para las generaciones futuras.
Parte de la evidencia excavada ofrece incluso información sobre problemas de gestión a los que ya se enfrentaron los antiguos, similares a los actuales. En la antigua Atenas, una ciudad conocida por su altísimo nivel cultural durante los siglos V y IV a. C., las condiciones climáticas cambiantes ya eran un problema. Hubo periodos de sequías y de lluvias intensas en determinadas fases (incluso mencionadas en las fuentes antiguas), y vemos que los atenienses gestionaron estas situaciones de forma muy inteligente. Crearon sistemas de desbordamiento que conducían el agua de los ríos fuera de la ciudad y hacia cisternas subterráneas con una capacidad de almacenamiento asombrosa. Algunas de ellas todavía contienen agua hoy en día, mientras que una cisterna moderna, sin duda, pierde agua tras unos cuarenta años.

4. Después de más de tres décadas estudiando este lugar, ¿qué puede decirnos sobre cómo los antiguos atenienses entendían la relación entre lo sagrado y lo profano?
Hoy en día, la cultura occidental está mayoritariamente vinculada a religiones monoteístas como el judaísmo, el cristianismo o el islam. Esta es la base de nuestra forma de pensar lo divino. En la antigua Grecia, la religión era politeísta. La gente creía en muchos dioses y en los espíritus de los fenómenos naturales, de modo que los lugares con agua, las cuevas, las montañas y los árboles eran considerados sagrados. Los dioses compartían la protección de determinados ámbitos con una abundancia de héroes, heroínas, ninfas y nereidas.
Lo sagrado y lo profano se entrelazaban en la vida cotidiana, especialmente en las fases críticas de la vida humana en las que se necesitaba protección divina: el nacimiento, el matrimonio y la muerte.

II. EL ORÁCULO Y LA HIDROMANCIA
5. El descubrimiento en 2015 del pozo B 35 en el Santuario de Artemisa Soteira, fuera de la Puerta Sagrada, fue un acontecimiento extraordinario: el primer oráculo de hidromancia dedicado a Apolo documentado arqueológicamente en Atenas. ¿Qué tipo de preguntas cotidianas abordaba este oráculo urbano? ¿Qué supuso su descubrimiento para la interpretación del yacimiento?
La identificación del pozo oracular de Apolo Paian, el sanador, en el Santuario de Artemisa Soteira, la Salvadora, abrió un aspecto completamente nuevo del parque arqueológico.
El hallazgo es extremadamente raro. El oráculo solo pudo identificarse gracias a 21 inscripciones que se hicieron visibles cuando levantamos un monumento de mármol con forma de huevo (un ómphalos) que ya había sido hallado en 1890 en un santuario de Artemisa Soteira al sur de la calle de las tumbas. Era el único lugar que había permanecido intacto tras las excavaciones anteriores, por lo que pensamos que encontraríamos más evidencias del culto practicado en este santuario, lo cual resultó ser cierto. Sin embargo, nunca imaginamos lo que se ocultaba bajo el ómphalos: cubría un pozo revestido con 19 cilindros de cerámica. Estaba vacío y seco, pero cada segmento del revestimiento del pozo llevaba inscrito un texto religioso, una variación de un hexámetro que se traduce como:
«Ven a mí, oh Paian, y trae el oráculo verdadero» (o bien: «trae el verdadero oráculo»).
No es casualidad que solo exista otro ejemplo conocido en Grecia de un pozo con inscripciones, y que se encuentre de nuevo en el Kerameikos, apenas cuatro metros al norte del pozo del ómphalos. Allí se repite la inscripción del pozo del ómphalos y aparecen otras dos inscripciones. Una de ellas dice:
«Oh Pan, oh Hombres, alegraos, bellas Ninfas: lloved, concebíd, desbordad» (trad. Mylonas 1961, 270).
Y una tercera inscripción dice simplemente:
«Salve, Ninfas».

6. El oráculo estaba situado en un santuario dedicado a Artemisa Soteira (“la Salvadora”) y a Apolo Paian (“el Auxiliador”). ¿Qué nos dice esta ubicación —en una de las principales entradas de la ciudad, junto a las puertas— sobre la función de estos cultos protectores en la vida urbana ateniense? ¿Era consultado solo por los habitantes locales o también por viajeros y peregrinos que entraban por el Dípylon?
La posición de este santuario no es, por supuesto, casual. No solo se encuentra justo en el exterior de la puerta, y cerca del camino que conducía a Eleusis, sino también dentro de una zona activa de la necrópolis, y algunas de las estelas funerarias de los alrededores tienen una clara relación con el área del santuario. Por ejemplo, Marón, uno de los funcionarios vinculados al santuario, y su familia, están enterrados aquí, justo fuera del recinto. Otra estela funeraria hace referencia a los «dioses auxiliadores y salvadores» (Θεοί Ἐπικούριοι Σωτήριοι). El santuario parece haber estado destinado principalmente al uso de la población ateniense, quizá también cuando se dirigían a Eleusis o regresaban de allí.
En este momento disponemos de muy poca información concreta sobre quién acudía al oráculo y cuándo, o sobre cómo debía prepararse una persona antes de consultarlo (probablemente mediante purificación, ayuno, pagos a los sacerdotes por sus servicios, etc.).
Sabemos, sin embargo, que fue erigido a finales del siglo II o en el siglo III d. C., un periodo difícil para los atenienses. Tuvieron que hacer frente a epidemias y a incursiones de tribus del norte. En este tipo de situaciones, la gente podía buscar ayuda y seguridad en el oráculo, pero también en asuntos cotidianos y en contextos económicos o políticos, se podía consultar al oráculo antes de tomar una decisión. Por otros oráculos sabemos que se podía plantear una amplia gama de preguntas, ya fueran sobre viajes, negocios o incluso matrimonio.
En cuanto a su funcionamiento, contamos con menos material comparativo, pero gracias a Pausanias conocemos otro oráculo de pozo en Grecia. Se encontraba en el emplazamiento de un templo arruinado de Apolo en Hysiai, una ciudad beocia no excavada en la ladera norte de los montes Citerón. Pausanias afirma que allí la gente bebía el agua del pozo para obtener un oráculo. A veces se bebía y, en otras ocasiones bastaba con tocar el agua para la adivinación.
III. LAS DEFIXIONES
7. En 2016 se hallaron decenas de tablillas de maldición en un pozo (B 34), algunas con forma de pequeños ataúdes y otras atravesadas por clavos de hierro. ¿Cómo encaja el depósito de estas defixiones en la vida cotidiana del barrio? ¿Qué tipo de conflictos reflejan estas tablillas?
El pozo estaba situado en un antiguo complejo termal justo al exterior de la puerta del Dipylon. Fue una sorpresa, ya que, hasta entonces, la mayoría de las tablillas de maldición del Kerameikos se habían encontrado en las tumbas de la zona de la necrópolis o junto a ellas.
Sin embargo, gracias a las fuentes literarias y los hallazgos arqueológicos sabemos que, en época romana, los baños no eran solo lugares de ocio y placer. También eran espacios liminales peligrosos, donde las personas que se bañaban estaban expuestas y sin protección, y donde se producían crímenes y accidentes. Las barreras habituales se transformaban en estos baños, donde los límites entre el inframundo (pozos y cisternas bajo tierra) y la ciudad se difuminaban, al igual que las diferencias de sexo, edad y estatus social. Todo ello hacía de los baños lugares ideales para la práctica de la magia. En nuestro caso, las tablillas de maldición eran todas muy pequeñas y estaban dobladas, de forma que cupieran en una mano y pudieran arrojarse fácilmente al agua.
Nuestro hallazgo data de los siglos IV y III a. C. y demuestra que ya entonces los baños poseían ese carácter liminal.

8. Las defixiones no eran simples insultos escritos, sino que seguían una lógica ritual muy precisa. ¿Qué revelan los contextos de depósito sobre cómo se llevaba a cabo realmente una maldición? ¿Se depositaban en momentos concretos, acompañadas de objetos específicos como figurillas o monedas? ¿Existía un cuerpo de conocimientos compartido sobre el “protocolo” para hacer efectiva una maldición?
En las necrópolis, las tablillas de maldición se encontraron en determinados grupos de tumbas: tumbas de niños pequeños, de personas sin un enterramiento adecuado o de individuos que murieron de forma violenta (asesinados, caídos en combate). Estos lugares de hallazgo están confirmados por las fuentes antiguas, que mencionan estas posibilidades de depósito. Existía la creencia popular de que todos estos grupos seguían, de algún modo, vinculados a la vida y que, durante un tiempo tras la muerte, vagaban entre el inframundo y el mundo de los vivos. Esto los convertía en portadores ideales, ya que las maldiciones piden explícitamente la ayuda de las divinidades del inframundo para que la maldición llegue a ser activamente dañina.
Así, se podía encargar a un especialista en magia la elaboración de una tablilla de maldición y su depósito en una tumba perteneciente a estos grupos. Por supuesto, era necesario pagar a estos especialistas. Existían ciertos procedimientos estándar, como la invocación de Hermes o Perséfone o de uno de los ríos del inframundo (Lete, Estigia), así como la mención explícita del nombre de la persona que debía ser atada o inmovilizada.
9. Usted ha documentado un cambio fundamental en el siglo III a. C.: las defixiones dejaron de depositarse en tumbas y comenzaron a arrojarse mayoritariamente a pozos. ¿Está realmente esta transición relacionada con las leyes de Demetrio de Falero (307 a. C.), que restringían las prácticas funerarias, o existen otras explicaciones posibles vinculadas a cambios en las creencias sobre el inframundo?
Como he señalado antes, el agua en sí misma era vista claramente como un portador ideal hacia el inframundo, donde las maldiciones se activarían. Esto, junto con el carácter liminal de los baños, facilitó sin duda el cambio y los convirtió en una alternativa al depósito en tumbas. Pero sí, creo que es muy probable que la ley de Demetrio (aplicada por un nuevo grupo de magistrados) limitara el acceso a determinados grupos de tumbas dentro de las necrópolis atenienses que anteriormente se consideraban buenos portadores de maldiciones hacia el inframundo. Por ello se buscaron alternativas.
10. ¿Hay alguna defixio en particular —por su contenido, su virulencia o las circunstancias de su hallazgo— que le haya impresionado especialmente a lo largo de los años?
Una de ellas tiene forma de hígado (IB 104). Es un caso muy raro. La forma es explícita, incluso con la vesícula biliar redondeada adherida. Supone un desafío interpretativo, ya que se trata de un órgano vital sin el cual no podemos vivir. Los especialistas podían obtener un oráculo a partir de la observación de un hígado.
Otra es una maldición contra una mujer llamada Glykera (IB 25). Fue hallada en el área de la necrópolis y dice:
«Maldecimos a Glykera, esposa de Dion, por los dioses ctónicos, para que sea castigada y su boda quede inconclusa. Ato a Glykera, esposa de Dion, ante Hermes Eriounios Ctónico: su vulva (κύσον), su insolencia (αὐθάδειαν), su libertinaje (ἀσωτείαν) y todo lo perteneciente a la pecadora Glykera».
(trad. J. Curbera)
Pero, en definitiva, todos estos objetos siguen siendo misterioros, porque nos faltan muchos elementos que pudieron haber desempeñado un papel en el proceso de preparación. No siempre conocemos el motivo de la maldición ni quién la realizó realmente. Existen cuatro grandes ámbitos principales: amor y celos, dinero, política y competencia atlética. Es posible que hubiera material orgánico dentro de las tablillas, que hoy se ha perdido; las maldiciones bien pudieron haberse pronunciado en el lugar; pudo haber palabras o cánticos que acompañaran la deposición. Los procedimientos también pudieron haber ido acompañados de acciones como escupir, golpear, etc.

IV. LA NECRÓPOLIS Y LA MEMORIA DEL ESTADO
11. El Demosion Sema fue el gran escenario del honor ateniense. Quien entraba en Atenas por la puerta del Dípylon —la mayor puerta del mundo antiguo— se encontraba primero con las tumbas monumentales de los caídos en guerra, organizadas por tribus, y con las estelas que portaban los discursos fúnebres. ¿Utilizaba la ciudad la arquitectura funeraria y la disposición espacial como un lenguaje visual, como propaganda cívica? ¿Qué mensaje transmitía a los visitantes que llegaban desde la Academia o desde Eleusis?
Tengo que explicarlo:
Desde el siglo VI a. C. y a lo largo de los siglos V y IV a.C., el camino que conectaba la ciudad de Atenas con la zona de la Academia y más allá fue adquiriendo una enorme importancia. Este camino atravesaba el barrio de los alfareros (el Demos Kerameis) y conducía al olivar sagrado de Atenea en la llanura del Cefiso y al área de la Academia, donde tenían su punto de partida las carreras de antorchas de las Grandes Panateneas y de otros festivales. Así, probablemente mucho antes de que se erigieran allí las primeras tumbas con financiación pública y mucho antes de que los caídos en guerra fueran enterrados de forma regular en este lugar, el camino ya estaba integrado en la vida cultual ateniense. Debido a este uso previo del camino, la puerta del Dípylon se construyó de forma monumental después de 479 a. C. Construir el Dípylon con tal magnificencia fue un homenaje a la importancia de esta vía y de su uso, y, a su vez, el propio edificio de la puerta reforzó aún más la importancia del camino. Mediante su uso regular por parte de la polis, el camino llegó a convertirse en una especie de parte extramuros especial de la ciudad.
Durante los siglos V y IV a. C., los atenienses estuvieron implicados en guerras casi todos los años, de modo que al final de cada temporada bélica, durante el verano se celebraba una ceremonia común y un entierro público para los caídos. Los monumentos funerarios erigidos para ellos eran encargados por el Estado a los mejores talleres de escultores; los vasos depositados en las tumbas eran realizados por los mejores alfareros; y los epigramas tallados en las estelas funerarias eran obra de los mejores poetas. Los discursos fúnebres eran pronunciados por los oradores más renombrados. De este modo, en estas ceremonias se exhibía todo el potencial artístico de Atenas, para honrar a los difuntos que habían dado su vida al servicio de la ciudad.
En la Atenas democrática, esta era ante todo una ocasión para reafirmar la identidad ateniense, ya que incluso esclavos, metecos y aliados extranjeros eran honrados con un entierro a lo largo de esta calle, subrayando la unidad en la lucha más allá del estatus social. De este modo, probablemente se transmitían muchos mensajes diferentes, algunos de los cuales hoy desconocemos por no disponer del cuadro completo. Por ejemplo, los extranjeros podían ver que los atenienses eran combatientes orgullosos y que honraban a sus aliados. Desde lejos, siempre podían ver el templo de Atenea en la Acrópolis, detrás de las murallas, símbolo de la ciudad e intimidante para el enemigo. También hubo entierros públicos de atenienses que habían sido artistas y políticos, como el pintor Nikias o Thrasyboulos, el líder democrático en 403 a. C. Sus tumbas contribuían a la impresión de una ciudad muy fuerte y hermosa.

12. Como especialista en escultura funeraria, ¿cómo interpreta la tensión entre las leyes que limitaban el lujo en las tumbas y el deseo de las familias aristocráticas de mantener su prestigio? ¿Qué estrategias artísticas se emplearon para destacar sin violar abiertamente la ley?
Las llamadas leyes suntuarias no estaban dirigidas únicamente contra las familias aristocráticas atenienses. Cuando Demetrio de Falero promulgó la ley a finales del siglo IV a. C., tanto ciudadanos como extranjeros habían erigido una serie de recintos familiares con magníficos monumentos de mármol, a veces pintados, a lo largo de todas las grandes vías de acceso a Atenas. Cuanto más cerca de las puertas de la ciudad se encontraban, más caro era el terreno, y algunas tumbas eran mucho más costosas que una vivienda familiar corriente. De forma natural, surgió una cierta forma de antagonismo entre las familias más acomodadas. Pero el momento en el que se limitaron estos lujosos monumentos funerarios coincidió con toda una serie de cambios en la sociedad ateniense a muchos niveles.
Debemos preguntarnos entonces cuál fue el impacto sobre la escultura funeraria. Los cambios no fueron sutiles. De un día para otro, solo se permitieron pequeñas columnas (kioniskoi) de un máximo de 1,30 m de altura como monumentos funerarios. No se permitían esculturas. Las inscripciones se redujeron al nombre del difunto, el nombre del padre y el demos al que pertenecía (en el caso de las mujeres, también el nombre del marido). Como norma general, se esculpía una simple banda circular en la parte superior de estas columnas, que solía pintarse en rojo y blanco, como sustituto de un culto funerario permanente. Otro tipo de monumento permitido a partir de entonces fue un pequeño bloque rectangular de mármol que representaba una mesa de ofrendas. El paisaje funerario cambió así de manera rápida y radical.
Los kioniskoi se convirtieron en un monumento funerario característico ateniense, raramente documentado en otros lugares. Nadie destruyó los monumentos funerarios existentes: simplemente permanecieron en su lugar, y aún se encontraban en pie en el Kerameikos en la década de 1860. Entre ellos y en la parte posterior de los periboloi, los kioniskoi ocuparon el espacio por cientos. De este modo, los nombres de las familias ricas o nobles siguieron siendo visibles.
La diferenciación se reintrodujo solo mediante métodos sencillos: por ejemplo, erigiendo los kioniskoi sobre un pequeño túmulo funerario, o colocando la trápeza dentro de un recinto rectangular, creando un espacio que hacía destacar el monumento. O bien añadiendo decoración esculpida a los kioniskoi: una corona de hiedra para actores y escritores, por ejemplo, o la representación pintada y tallada de una loutrophoros para alguien que murió sin haber tenido hijos. Así, de manera gradual y aún muy limitada, se reintrodujeron símbolos figurativos.
Lo que permaneció completamente ausente durante mucho tiempo tras la ley de Demetrio fue la representación del difunto y de los miembros de su familia, así como de animales o criaturas híbridas como esfinges o sirenas.


V. EL BARRIO DE LOS ALFAREROS
13. El río Erídano fue la razón de ser del barrio de los alfareros: sus depósitos de arcilla atrajeron a los ceramistas desde tiempos prehistóricos. Pero el río también tendía a desbordarse, creando zonas pantanosas. ¿Cómo era el paisaje urbano de un barrio que literalmente vivía sobre el agua? ¿Qué nos revelan los pozos, cisternas y sistemas de drenaje excavados sobre la forma en que los atenienses gestionaban técnicamente esta compleja relación con el río?
Cuando se construyó la muralla de la ciudad, fue necesario controlar el río. En el área de la Puerta Sagrada, se le obligó a discurrir por un canal de piedra después de que, en repetidas ocasiones, se negara a mantenerse en un cauce sin canalizar paralelo a la Vía Sagrada. Las inundaciones en este punto crítico eran muy peligrosas: las superficies de las calzadas se disolvían, los carros se hundían en el barro y el tráfico se detenía. Por ello, los atenienses reaccionaron con medidas concretas. Construyeron un lecho fluvial de piedra con un sistema de canales de desbordamiento que desviaban el agua del cauce en caso de lluvias intensas (bastaba con levantar una losa de piedra tipo compuerta en el muro del canal). En el Kerameikos se han documentado al menos doce de estos canales. El agua recogida se conducía fuera del área urbana y se distribuía en cisternas subterráneas para su almacenamiento. A mi juicio, se trata de un sistema de gestión del agua extremadamente eficaz e impresionante para hacer frente tanto a las lluvias intensas como a las sequías, de un modo muy similar a lo que experimentamos hoy.
Por cierto, algunas de las cisternas de época clásica y helenística que hemos estudiado aún conservan agua hoy en día, mientras que una cisterna moderna pierde agua tras apenas cuarenta años.
14. Desde 2011 dirige usted un proyecto sobre la gestión del agua en la Atenas clásica. Ha excavado sistemas de cisternas de gran sofisticación en el Kerameikos. ¿Qué nos dice esto sobre la capacidad técnica de los atenienses para gestionar un recurso tan vital en un distrito propenso a las inundaciones?
Al observar estos estándares técnicos comenzamos a comprender que lo que hoy denominamos una alta cultura no se reconoce únicamente a través de restos arquitectónicos o escultóricos. Antes que eso, y de forma extremadamente importante para el desarrollo de tales niveles culturales, está la calidad de la infraestructura pública, incluida la gestión del agua.
15. Recientemente ha identificado lo que parece ser el primer taller de procesamiento de aceite del siglo V a. C. en la Atenas clásica. ¿Obliga este hallazgo a replantear el Kerameikos únicamente como “el barrio de los alfareros”? ¿Fue en realidad un área industrial más diversificada?
El Kerameikos es y siempre fue algo más que una parte del barrio de los alfareros. Al analizar la infraestructura y los logros técnicos, vemos que los atenienses también tenían en cuenta la gestión de los recursos. Por ejemplo, en este sentido, resulta natural encontrar un molino de aceite junto a los hornos de cerámica, ya que compartían recursos como el agua y ambos necesitaban acceso a buenas vías de comunicación para recibir materias primas y frutos. El molino de aceite proporcionaba además gran parte del combustible para los hornos, ya que los residuos de la producción de aceite (pieles y huesos de las aceitunas) ofrecían un combustible de alta calidad disponible de forma inmediata. Por otro lado, la producción de aceite necesitaba recipientes para almacenamiento, transporte y consumo, que eran suministrados por los alfareros cercanos. Y no olvidemos las famosas ánforas panatenaicas: en origen se producían precisamente para contener el aceite como premio para los vencedores de los Juegos Panatenaicos.

16. Usted ha vuelto a excavar áreas exploradas anteriormente por arqueólogos en la década de 1940, identificadas como talleres cerámicos con hornos. ¿Qué ventajas ofrece regresar a zonas ya excavadas? ¿Qué nuevos conocimientos hemos obtenido sobre la organización de la producción cerámica en el barrio?
Cada generación de arqueólogos plantea nuevas preguntas y tiene nuevos intereses. Hace treinta años, la gestión del agua en Atenas apenas comenzaba a estudiarse de forma sistemática. Hoy en día, se publican y analizan muchos más sistemas y dispositivos en todo el Mediterráneo. En la década de 1940 no se habían publicado molinos de aceite antiguos. El molino se interpretó erróneamente como una fuente de agua en un taller cerámico, porque se encontraba junto a los hornos. A mí nunca me convenció esa interpretación, por lo que decidí volver a excavar el área, trabajar con los archivos y averiguar qué era realmente.
Los talleres de alfareros, por su parte, aparte de los hornos, son estructuras más difíciles de identificar, ya que se basaban en técnicas constructivas ligeras de madera que, por lo general, no se conservan bien. Aquí podemos recurrir a la observación de alfarerías tradicionales modernas como ayuda. Sabemos que necesitan acceso al agua, pilas para limpiar la arcilla, áreas para almacenarla, espacios donde se moldean y decoran las piezas, zonas abiertas para el secado y, por supuesto, hornos y puntos de venta. Muchos de los utensilios y elementos del taller eran orgánicos, móviles y reutilizables, por lo que rara vez se conservan en el registro arqueológico.
La comparación con hallazgos de otros talleres en distintos lugares puede, no obstante, ayudarnos hasta cierto punto a obtener nuevas perspectivas. En el Kerameikos también hemos analizado las huellas dactilares en utensilios de alfarero y en piezas mal cocidas para averiguar quiénes trabajaban allí. Según estos análisis, había hombres y mujeres trabajando junto con niños.
VI. Cierre
17. Por último, si tuviera que elegir un solo objeto entre los miles excavados en el Kerameikos que, a su juicio, capture mejor la esencia de este lugar, ¿cuál sería y por qué?
Tal vez un lekythos de fondo blanco con la representación de Sísifo. La pieza fue hallada en una tumba y se expone actualmente en el Museo. Para mí simboliza el trabajo en una excavación a largo plazo, donde la documentación, la inventarización, la publicación, la presentación, la restauración y el mantenimiento forman un continuo de trabajo y dedicación sin fin, pero que también proporciona una gran satisfacción. Por ello me gustaría citar a Albert Camus: «Il faut imaginer Sisyphe heureux» (hay que imaginar a Sísifo feliz).

Atenas, 28 de enero de 2026
MÁS INFORMACIÓN INSTITUTO ARQUEOLÓGICO ALEMÁN. dainst.org VIATOR IMPERI. kerameikos
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Sobre el autor
Sergio
administrator
Sergio Geijo es divulgador cultural especializado en historia antigua, arqueología y viajes culturales. Es fundador y editor de viatorimperi.es y autor de los libros El Muro de Adriano y los Auxilia y Cuentos del Solsticio, vinculados a la divulgación y la narrativa histórica ambientada en la Antigüedad.
