Vía Claudia Augusta, la gran calzada romana de los Alpes

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ALEMANIA – AUSTRIA – ITALIA

 

La Vía Claudia Augusta fue la gran calzada romana que permitió atravesar los Alpes y comunicar el norte de Italia con las provincias de Raetia y el curso superior del Danubio. Diseñada para superar una de las barreras naturales más complejas de Europa, esta extraordinaria obra de ingeniería facilitó durante siglos el desplazamiento de legiones, comerciantes, funcionarios imperiales y viajeros, convirtiéndose en uno de los principales ejes de comunicación entre el Mediterráneo y la Europa central.

Su recorrido atravesaba algunos de los paisajes más espectaculares del continente: la llanura del Po, el valle del Adigio, el Val Venosta, los pasos alpinos del Fernpass y del Paso de Resia, así como las fértiles tierras de la antigua Raetia hasta alcanzar el Danubio. Gracias a esta infraestructura, Roma consolidó el control de los territorios alpinos, favoreció su romanización y abrió una vía permanente para el comercio y la administración imperial.

Dos mil años después, la Vía Claudia Augusta continúa siendo uno de los itinerarios culturales más interesantes de Europa. Alemania, Austria e Italia han recuperado buena parte de su trazado mediante una ruta perfectamente señalizada que permite seguir, en muchos tramos, el mismo corredor utilizado por los romanos. La moderna ruta turística supera los 700 kilómetros y puede recorrerse en automóvil, bicicleta o a pie, enlazando ciudades de origen romano, importantes museos arqueológicos, miliarios, antiguos puentes, monasterios y algunos de los mejores paisajes alpinos del continente.

A diferencia de otras grandes calzadas romanas, la Vía Claudia Augusta posee una singularidad excepcional. Su existencia no solo está documentada por las fuentes clásicas, sino también por dos miliarios conservados que mencionan expresamente la obra impulsada por el emperador Claudio. Estas inscripciones han permitido reconstruir con gran precisión buena parte de su recorrido y confirmar las dos variantes meridionales que comunicaban Tridentum con Hostilia, en el valle del Po, y con Altinum, uno de los principales puertos del norte del Adriático.

 

Via Claudia Augusta
Via Claudia Augusta (foto: italy-cycling-guide.info, CC BY-NC-SA 2.0)

 

HISTORIA DE LA VÍA CLAUDIA AUGUSTA

Mucho antes de la llegada de Roma, diversos pueblos alpinos utilizaban una red de senderos y pasos de montaña que comunicaban la llanura padana con los territorios situados al norte de los Alpes. Aquellas rutas permitían el intercambio de metales, sal, ganado, ámbar y otros productos entre el Mediterráneo y la Europa central, aunque sus características impedían el tránsito organizado de grandes contingentes militares o caravanas comerciales.

La situación cambió profundamente durante el reinado del emperador Augusto. Tras la conquista de la Galia y la consolidación del dominio romano sobre el norte de Italia, resultaba imprescindible asegurar las comunicaciones con las regiones alpinas y con las nuevas provincias situadas al otro lado de la cordillera.

En el año 15 a.C., Augusto emprendió la campaña definitiva contra los pueblos de Raetia y Noricum, confiando las operaciones militares a sus hijastros Druso y Tiberio. La victoria romana permitió incorporar aquellos territorios al Imperio, pero también puso de manifiesto la necesidad de disponer de una gran vía permanente que garantizara el abastecimiento de las legiones, el control administrativo y la rápida circulación entre Italia y las nuevas provincias.

Las primeras obras comenzaron precisamente durante estas campañas. Bajo la dirección de Nerón Claudio Druso, se acondicionó un antiguo corredor alpino siguiendo principalmente el valle del Adigio y los pasos naturales que permitían franquear la cordillera con menores dificultades. Aquella infraestructura inicial tenía un marcado carácter militar y respondía a las necesidades inmediatas del ejército romano.

Con el paso de las décadas, Roma consolidó su presencia en los Alpes. Los campamentos militares evolucionaron hacia nuevos núcleos urbanos, se organizó la administración provincial y aumentó de forma constante el intercambio de mercancías entre Italia y la Europa central. Fue entonces cuando el proyecto adquirió una dimensión mucho mayor.

Entre los años 46 y 47 d.C., el emperador Claudio ordenó completar y mejorar la vía, transformándola en una auténtica carretera imperial. Las obras incluyeron la ampliación de numerosos tramos, la estabilización de taludes, la construcción de puentes, muros de contención y sistemas de drenaje, así como la adecuación de los sectores más difíciles del recorrido alpino.

La importancia de esta intervención quedó reflejada en los miliarios levantados por orden del emperador, que identificaban oficialmente la infraestructura como Via Claudia Augusta y recordaban que Claudio había concluido la obra iniciada por su padre Druso.

La construcción de una vía de estas características exigió un extraordinario esfuerzo de ingeniería. Allí donde el relieve lo permitía, la calzada se asentaba sobre sucesivas capas de materiales compactados que garantizaban estabilidad y drenaje. En los sectores más abruptos fue necesario excavar la roca, levantar muros de contención y construir puentes capaces de salvar torrentes y barrancos, adaptando continuamente el trazado a la compleja geografía alpina sin renunciar a mantener una circulación segura durante la mayor parte del año.

La nueva calzada no solo respondía a objetivos militares. Muy pronto se convirtió en una de las principales arterias comerciales del Imperio romano. Por ella circulaban vino, aceite bético, cerámica, tejidos, vidrio y objetos de lujo procedentes de Italia hacia las provincias alpinas, mientras descendían hacia la península madera, minerales, ganado y otras materias primas procedentes de Raetia y Noricum.

 

Recreación digital de la Via Claudia Augusta
Recreación digital de la Vía Claudia Augusta (foto: viaclaudia.org)

 

La Vía Claudia Augusta desempeñó además un papel fundamental dentro del cursus publicus, el servicio oficial de correos y transporte del Estado romano. Funcionarios imperiales, mensajeros, magistrados y representantes del poder central podían desplazarse con rapidez gracias a una red organizada de estaciones distribuidas a lo largo del recorrido.

Estas estaciones respondían a funciones distintas. Las mutationes permitían cambiar caballos y atender las necesidades inmediatas de los viajeros, mientras que las mansiones ofrecían alojamiento, establos, almacenes y diversos servicios para quienes realizaban desplazamientos de larga distancia. La distancia entre unas y otras estaba cuidadosamente planificada para garantizar un viaje seguro y eficiente.

Como ocurría en el resto de la red viaria romana, la Vía Claudia Augusta estaba jalonada por miliarios colocados aproximadamente cada milla romana. Además de indicar las distancias, estos monumentos constituían auténticos documentos oficiales donde figuraban el nombre del emperador responsable de las obras, los títulos imperiales y otra información administrativa de enorme valor para los historiadores.

Durante los siglos I y II d.C., la vía alcanzó su momento de mayor esplendor. Ciudades como Augusta Vindelicorum (Augsburgo), Maia (Merano), Pons Drusi (Bolzano) y Tridentum (Trento) prosperaron gracias al intenso movimiento de viajeros y mercancías que recorría diariamente esta gran arteria alpina.

A partir del siglo III comenzaron a manifestarse los primeros signos de inestabilidad. Las incursiones de pueblos germánicos, las dificultades económicas y la creciente presión sobre las fronteras del Rin y el Danubio redujeron parcialmente la intensidad del tráfico. Sin embargo, la carretera continuó siendo utilizada durante toda la Antigüedad tardía.

Tras la desaparición del Imperio romano de Occidente, la infraestructura no cayó inmediatamente en el abandono. Muchos de sus tramos siguieron empleándose durante la Alta Edad Media, convirtiéndose en corredores utilizados por comerciantes, peregrinos, ejércitos y viajeros. Precisamente esa continuidad explica que numerosos caminos medievales y modernos aprovechasen el antiguo trazado romano.

Las investigaciones arqueológicas desarrolladas durante los siglos XX y XXI han permitido identificar numerosos tramos originales de la calzada, puentes, estaciones viarias y asentamientos vinculados directamente a la Vía Claudia Augusta. Paralelamente, Alemania, Austria e Italia impulsaron un ambicioso proyecto internacional destinado a recuperar este extraordinario itinerario histórico, convertido hoy en una de las rutas culturales más importantes de Europa.

El resultado es uno de los itinerarios culturales transfronterizos más interesantes de Europa. Hoy, la Vía Claudia Augusta puede recorrerse prácticamente en toda su longitud mediante una red señalizada que sigue, siempre que resulta posible, el antiguo corredor romano y enlaza algunos de los principales conjuntos arqueológicos y monumentales de los Alpes.

LOS MILIARIOS DE LA VÍA CLAUDIA AUGUSTA

La existencia de la Vía Claudia Augusta está respaldada por dos de los testimonios epigráficos más importantes conservados sobre una calzada romana alpina.

El primero apareció en 1552 en Rablà (Rabland), en el actual Tirol del Sur. Su inscripción recuerda que el emperador Claudio completó la carretera iniciada por Druso y constituye la prueba fundamental para identificar oficialmente la vía. El original se conserva hoy en el Museo Cívico de Bolzano, mientras que una réplica ocupa las proximidades del lugar de su hallazgo.

El segundo miliario fue descubierto en 1786 en Cesiomaggiore, cerca de Feltre. Su inscripción confirma la existencia de la variante que descendía hacia Altinum, importante puerto romano situado junto a la laguna del Adriático. Actualmente se conserva en Villa Tauro delle Centenere.

 

Réplica miliario de la Via Claudia Augusta

RECORRER HOY LA VIA CLAUDIA AUGUSTA

La Vía Claudia Augusta atraviesa tres países (Alemania, Austria e Italia) y algunos de los paisajes más espectaculares de Europa. Buena parte de las carreteras actuales, caminos históricos y vías ciclistas siguen el mismo itinerario utilizado por legionarios, comerciantes, funcionarios imperiales y viajeros.

La ruta cultural moderna permite recorrer prácticamente todo el trazado de la antigua vía. En muchos lugares se conservan restos arqueológicos directamente relacionados con ella; en otros, la importancia reside en las ciudades romanas que articulaba o en los museos que permiten comprender su historia. El recorrido puede realizarse íntegramente en automóvil, por etapas en bicicleta o combinando ambas opciones.

DEL DANUBIO A AUGSBURGO

La mayoría de los itinerarios actuales comienzan en Donauwörth, ciudad situada en la confluencia de los ríos Wörnitz y Danubio. En época romana este sector constituía uno de los extremos septentrionales de la Vía Claudia Augusta, donde enlazaba con la red viaria que comunicaba las provincias de Raetia y Germania con el limes del Danubio.

Aunque los restos romanos conservados en la ciudad son escasos, Donauwörth constituye un magnífico punto de partida para comprender la dimensión estratégica de la ruta. Desde aquí, la vía se dirigía hacia el sur atravesando una región progresivamente romanizada tras las campañas de Druso y Tiberio.

A unos 48 kilómetros por carretera aparece el primer gran destino del viaje: Augusta Vindelicorum, la actual Augsburgo. Fundada alrededor del año 15 a.C. como campamento militar durante la conquista de Raetia, pronto evolucionó hasta convertirse en la capital provincial y en uno de los principales centros administrativos del sur de Germania.

Dedicar al menos una jornada a Augsburgo resulta plenamente recomendable. Bajo el centro histórico permanecen numerosos restos de la ciudad romana y el Römerlager, integrado actualmente en los Museos Municipales, ofrece una excelente introducción a la historia de Augusta Vindelicorum y al papel desempeñado por la Vía Claudia Augusta en el desarrollo económico de la provincia. Esculturas, inscripciones, elementos arquitectónicos y objetos de la vida cotidiana permiten comprender la importancia alcanzada por esta ciudad dentro de la red viaria imperial.

 

Espacio expositivo del RÖMISCHES MUSEUM AUGSBURG
Museo romano de Augsburgo (foto: roemer-tour.de)

 

SIGUIENDO EL VALLE DEL LECH

Desde Augsburgo, la Vía Claudia Augusta se dirigía hacia el sur siguiendo el curso del río Lech, uno de los corredores naturales que facilitaban el acceso a los Alpes. Este tramo, de unos 110 kilómetros hasta Füssen, atraviesa un paisaje de suaves colinas, bosques y amplias llanuras agrícolas que contrasta con la alta montaña que aparecerá más adelante.

Uno de los enclaves arqueológicos más interesantes del recorrido es Abodiacum, la actual Epfach. Situada aproximadamente a medio camino entre Augsburgo y Füssen, esta pequeña población fue una importante mansio, una estación oficial donde viajeros, comerciantes y funcionarios podían descansar, cambiar caballos, abastecerse y preparar el siguiente tramo del viaje. Hoy puede visitarse el Museum Abodiacum, uno de los museos arqueológicos especializados más interesantes de la ruta. Su exposición reúne materiales procedentes del asentamiento romano, explica la organización de la vía y muestra reconstrucciones que ayudan a comprender cómo era una pequeña comunidad situada junto a una de las grandes carreteras del Imperio.

A partir de Epfach, el paisaje comienza a cambiar de forma evidente. Las montañas aparecen en el horizonte y anuncian la proximidad del gran desafío al que tuvieron que enfrentarse los ingenieros romanos: el cruce de los Alpes.

 

Museo Abodiacum en Epfach, Alemania
Museo Abodiacum en Epfach (foto: Von Stefan Karl, CC BY-SA 4.0)

 

FÜSSEN, LA PUERTA DE LOS ALPES

A unos 45 kilómetros de Epfach se encuentra Füssen, último gran núcleo urbano antes del ascenso hacia los pasos alpinos. En época romana este sector tenía una enorme importancia estratégica, pues controlaba el acceso a los valles que permitían atravesar la cordillera.

Actualmente Füssen constituye una de las localidades más visitadas del sur de Alemania. Aunque su fama se debe principalmente a los castillos de Neuschwanstein y Hohenschwangau, ambos construidos en época moderna, merece la pena detenerse para comprender el papel que desempeñó como punto de transición entre la llanura bávara y las montañas. Aunque estos castillos no guardan relación con la Vía Claudia Augusta ni con el mundo romano, sin embargo, forman parte inseparable del paisaje cultural actual y constituyen un magnífico complemento para quienes recorren la antigua calzada.

Desde Füssen comienza uno de los sectores más espectaculares de todo el itinerario.

 

castillo de Neuschwanstein en Füssen, Alemania
Füssen. Castillo de Neuschwanstein (foto: Laura Cazzaniga)

 

EL FERNPASS: ATRAVESANDO LOS ALPES

Desde Füssen comienza uno de los tramos más espectaculares de toda la Vía Claudia Augusta. La carretera asciende hacia el Fernpass, situado a unos 1.210 metros de altitud, atravesando un paisaje dominado por bosques, lagos glaciares y abruptas paredes rocosas.  Aunque parte del trazado original desapareció bajo carreteras posteriores, todavía es posible identificar algunos sectores donde la vía aprovechaba cuidadosamente la topografía para reducir pendientes y facilitar el tránsito de personas, animales y carros.

En los puntos más complicados excavaron la roca, construyeron muros de contención para estabilizar las laderas y levantaron puentes allí donde era necesario salvar torrentes y barrancos. El objetivo no consistía en abrir el camino más corto, sino el más seguro y estable para garantizar el tránsito durante la mayor parte del año.

Recorrer hoy este tramo permite apreciar la extraordinaria capacidad de adaptación de la ingeniería romana a un entorno de enorme complejidad geográfica. Incluso después de dos mil años, el corredor elegido por Roma continúa siendo uno de los principales pasos naturales entre Baviera y el Tirol.

 

Fernpass
Fernpass (foto: Michael Kerling)

 

TIROL: EL CORREDOR HACIA EL VALLE DEL INN

Superado el Fernpass, la Vía Claudia Augusta desciende hacia el actual Tirol austríaco, donde el paisaje vuelve a abrirse siguiendo el curso del río Inn.

Las localidades de Imst, Landeck y Nauders mantienen todavía la función histórica que desempeñaron durante siglos como puntos de paso entre los Alpes centrales y la Europa septentrional.

 Aunque los restos romanos visibles son limitados, el interés del recorrido reside precisamente en la continuidad del paisaje histórico: durante más de dos mil años viajeros, comerciantes y ejércitos han utilizado prácticamente el mismo corredor para atravesar estas montañas.

Landeck constituye además una excelente parada para descansar antes de afrontar el siguiente gran hito del recorrido. Su castillo medieval domina el valle exactamente igual que los romanos controlaban este estratégico corredor de comunicación.

A medida que la carretera avanza hacia Nauders, el paisaje vuelve a elevarse lentamente hasta alcanzar uno de los lugares más emblemáticos de toda la ruta: el Paso de Resia.

 

Landeck
Landeck (foto: Hans Porochelt, CC BY-NC-ND 2.0)

 

EL PASO DE RESIA. LA GRAN PUERTA ENTRE ITALIA Y RAETIA

El Paso de Resia (Reschenpass) constituye uno de los símbolos de la Vía Claudia Augusta y uno de los puntos donde mejor puede comprenderse la lógica seguida por los ingenieros romanos. Situado a unos 1.500 metros de altitud, ofrecía una de las conexiones más accesibles entre la vertiente meridional de los Alpes y las provincias situadas al norte de la cordillera. Precisamente por ello fue elegido como eje principal de la gran carretera imperial.

A diferencia de otros pasos alpinos mucho más elevados o con pendientes más pronunciadas, el corredor de Resia permitía mantener unas condiciones relativamente favorables para la circulación durante buena parte del año. Esta ventaja hizo que continuara utilizándose de forma prácticamente ininterrumpida durante la Edad Media y la Edad Moderna, consolidándose como uno de los grandes corredores históricos entre Italia y Europa central.

La moderna ruta cultural considera este lugar uno de sus principales hitos paisajísticos. Muy cerca se encuentra el Lago de Resia, cuya imagen se ha convertido en uno de los iconos del Tirol del Sur gracias al campanario medieval de Graun, que emerge de las aguas desde la construcción del embalse en 1950. Aunque este campanario pertenece a una época muy posterior a Roma, constituye una parada casi obligada para cualquier viajero que recorre la Vía Claudia Augusta.

Desde aquí comienza además uno de los descensos más espectaculares de todo el itinerario, siguiendo el curso del Adigio hacia el Val Venosta, exactamente igual que hicieron los viajeros romanos hace dos mil años.

 

lago de Resia con el campanario emergiendo del lago
Lago de Resia con el campanario medieval de Graun (foto: Daniel Friedlos, CC BY-NC-SA 2.0)

 

DESCENDIENDO POR EL VAL VENOSTA

Superado el Paso de Resia, la Vía Claudia Augusta inicia un largo descenso siguiendo el Val Venosta (Vinschgau), uno de los corredores naturales más importantes de los Alpes orientales. A lo largo de unos 90 kilómetros, el itinerario acompaña al nacimiento del río Adigio hasta alcanzar Merano, atravesando un paisaje dominado por viñedos, manzanares, castillos medievales y pequeños pueblos que conservan intacto el carácter alpino del Tirol del Sur.

Este valle fue uno de los sectores más transitados de toda la calzada romana. Además de constituir la vía de comunicación más directa entre Italia y Raetia, concentraba numerosas explotaciones agrícolas, pequeñas villas rurales y estaciones viarias encargadas de atender el continuo movimiento de viajeros y mercancías.

La primera localidad importante es Malles Venosta (Mals), donde diversos hallazgos arqueológicos confirman la presencia romana. Desde aquí la ruta continúa hacia Glorenza (Glurns), una de las ciudades amuralladas medievales mejor conservadas del arco alpino.

El recorrido prosigue por Silandro (Schlanders) y Lasa (Laas), donde el paisaje comienza a suavizarse conforme el valle se ensancha y el Adigio adquiere un mayor caudal. A partir de este punto la carretera entra en uno de los sectores históricamente mejor conocidos de toda la Vía Claudia Augusta.

 

Murallas medievales de Glorenza
Murallas medievales de Glorenza (foto: mstefano80, CC BY-SA 2.0)

 

RABLÀ Y EL MILIARIO DE CLAUDIO

Pocas localidades mantienen una vinculación tan estrecha con la Vía Claudia Augusta como Rablà. Fue aquí donde, en 1552, apareció uno de los dos miliarios que permiten identificar con seguridad esta gran carretera romana. El original se conserva actualmente en el Museo Cívico de Bolzano, pero junto al antiguo lugar del hallazgo puede contemplarse una réplica que recuerda la importancia histórica de este descubrimiento.

La visita merece especialmente la pena porque en el entorno se conservan otros testimonios de la presencia romana. Entre ellos destacan una estela funeraria, diversos hallazgos procedentes de villas rurales y restos relacionados con la organización del corredor viario. Muy cerca, en Tel (Töll), se localizaron vestigios de una antigua estación de control romana vinculada al tránsito por el valle.

Rablà constituye, por tanto, una de las paradas imprescindibles para comprender cómo funcionaba realmente la Vía Claudia Augusta y la extraordinaria importancia que tuvo el descubrimiento del miliario para reconstruir su recorrido.

MAIA, LA ACTUAL MERANO

La carretera continúa descendiendo hacia Merano, identificada con la antigua Maia, uno de los principales asentamientos romanos del valle.  Aunque el crecimiento urbano posterior ha reducido la visibilidad de muchos restos arqueológicos, diversos hallazgos demuestran que este núcleo desempeñó un papel destacado dentro de la red viaria romana. Su posición permitía controlar las comunicaciones entre el Val Venosta, los pasos alpinos y el curso medio del Adigio.

Merano constituye además una excelente base para recorrer el Tirol del Sur. Su centro histórico, los paseos junto al río Passirio y los jardines del castillo de Trauttmansdorff convierten la ciudad en una de las principales etapas turísticas del recorrido actual.

 

Merano, Italia
Merano (foto: barnyz, CC BY-NC-ND 2.0)

 

PONS DRUSI, LA ACTUAL BOLZANO

Desde Merano, la Vía Claudia Augusta seguía durante unos 35 kilómetros el curso del Adigio hasta alcanzar Pons Drusi, la actual Bolzano. Su nombre hace referencia al puente construido durante las campañas de Druso, probablemente el primer gran paso permanente sobre el río en este sector del valle. La ciudad evolucionó rápidamente gracias al intenso tráfico comercial que circulaba por la vía y se convirtió en un importante punto de intercambio entre las regiones alpinas y el norte de Italia.

En Bolzano podemos visitar el Museo Cívico, donde se expone el miliario original hallado en Rablà, y el Museo Arqueológico del Tirol del Sur, famoso por albergar la momia de Ötzi. Aunque cronológicamente muy anterior al mundo romano, ofrece una magnífica visión de la ocupación humana de los Alpes desde la Prehistoria.

 

Bolzano
Bolzano (foto: Steven dosRemedios, CC BY-NC-ND 2.0)

 

TRIDENTUM, EL GRAN NUDO VIARIO DE LOS ALPES

Los últimos 60 kilómetros del recorrido por el valle del Adigio conducen hasta Tridentum, la actual Trento, probablemente la ciudad más importante de toda la Vía Claudia Augusta desde el punto de vista arqueológico. La ciudad desempeñó un papel esencial dentro de la organización de la vía. Además de controlar el acceso a los valles alpinos, aquí se producía la bifurcación de los dos grandes itinerarios que conducían hacia la llanura padana y el Adriático.

La visita a Trento constituye uno de los momentos culminantes del viaje. El mejor punto de partida es el espacio arqueológico SASS, construido sobre la antigua ciudad romana. El recorrido permite caminar por calles, edificios públicos y tramos del urbanismo original. Muy cerca se conservan los restos de la Porta Veronensis, principal acceso monumental de la ciudad, así como diversos sectores de la muralla romana integrados dentro del tejido urbano actual.

Pasear por Trento permite descubrir cómo la ciudad moderna ha conservado la estructura básica del antiguo núcleo romano. Numerosos paneles informativos ayudan a identificar el foro, las principales vías y otros edificios públicos, convirtiendo la visita en una de las experiencias arqueológicas más completas de toda la Vía Claudia Augusta.

 

calzada romana en Trento
Trento romano. S.A.S.S. (foto: Azienda per il Turismo Trento)

 

LAS DOS GRANDES VARIANTES DE LA VÍA CLAUDIA AUGUSTA

Al llegar a Tridentum, la Vía Claudia Augusta abandonaba definitivamente el corredor alpino para adentrarse en el norte de Italia. A partir de aquí, la calzada se dividía en dos grandes ramales que permitían alcanzar dos destinos estratégicos diferentes: la llanura del Po y el mar Adriático.

Durante mucho tiempo existió un intenso debate entre los investigadores acerca del recorrido seguido por la vía en este último tramo. El descubrimiento de los dos miliarios conservados permitió demostrar que ambas variantes existieron y que desempeñaron funciones complementarias dentro del sistema de comunicaciones romano.

LA VARIANTE PADANA: HACIA VERONA Y OSTIGLIA

La primera variante descendía siguiendo el curso del río Adigio hasta Verona, situada aproximadamente a 100 kilómetros de Trento. El recorrido atravesaba una región fértil y densamente poblada en tiempos antiguos. En Verona, la Via Claudia Augusta enlazaba con la Vía Postumia, una de las grandes arterias del norte de Italia, que unía poblaciones tan relevantes como Mediolanum (Milán), Génova, Aquileia.

Verona apenas necesita presentación. Su anfiteatro, el teatro romano, el puente de Piedra, la Porta Borsari y la Porta Leoni forman uno de los conjuntos monumentales romanos mejor conservados de Europa. Dedicar una jornada completa a la ciudad resulta prácticamente obligado para cualquier viajero interesado en la arqueología romana.

Desde Verona, la vía continuaba hacia Ostiglia, identificada con la antigua Hostilia, importante puerto fluvial situado junto al río Po. Desde allí las mercancías podían distribuirse fácilmente hacia otras regiones de la península italiana mediante navegación interior.

 

anfiteatro romano de Verona, Italia
Verona. Anfiteatro romano (foto: Ben Bawden)

 

LA VARIANTE ALTINATE: HACIA FELTRE Y EL ADRIÁTICO

La segunda variante seguía un recorrido completamente diferente. Desde Tridentum se dirigía hacia el este atravesando el Valsugana, aprovechando el amplio valle recorrido por el río Brenta antes de alcanzar Feltre, situada aproximadamente a 70 kilómetros de Trento. Este itinerario permitía conectar directamente el corredor alpino con el Adriático sin necesidad de atravesar Verona, facilitando el acceso a uno de los principales puertos comerciales del norte de Italia, el de Altino.

La visita a Feltre permite recorrer un interesante casco histórico levantado sobre un asentamiento de origen romano, mientras que en las proximidades, en Villa Tauro delle Centenere, se conserva el segundo gran miliario de la Vía Claudia Augusta.

El recorrido concluye en Altino, uno de los principales puertos del norte del Adriático durante la Antigüedad. Desde aquí partían embarcaciones hacia las costas de Istria, Dalmacia y otras regiones del Mediterráneo oriental. El Museo Arqueológico Nacional de Altino constituye el mejor lugar para finalizar el viaje. Sus colecciones muestran la importancia comercial alcanzada por este puerto y permiten comprender cómo la Vía Claudia Augusta conectaba el mundo alpino con las grandes rutas marítimas del Imperio.

 

Museo de Altino
Museo de Altino (foto: Carole Raddato, CC BY-SA 2.0)

 

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Augsburgo. Las huellas romanas de Augusta Vindelicum. viatorimperi.es/augsburg
Bolzano. Pons Drusi, la puerta romana de los Alpes. viatorimperi.es/bolzano
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Verona romana. viatorimperi.es/verona

 

MÁS INFORMACIÓN
VIA CLAUDIA AUGUSTA. web oficial.

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