Babilonia. La gran ciudad de Mesopotamia
A unos 85 kilómetros al sur de Bagdad, próxima a la moderna ciudad iraquí de Hillah, se extienden las ruinas de Babilonia, una de las grandes ciudades de la Antigüedad. El yacimiento ocupa más de mil hectáreas de la llanura mesopotámica, en un territorio marcado por el Éufrates y por la extensa red de canales que durante siglos llevó sus aguas hasta campos, palmerales y ciudades.
La antigua Babilonia se desarrolló a ambos lados del río, aunque la mayoría de los grandes edificios conocidos arqueológicamente se concentran en la antigua orilla oriental. Allí se encontraban los palacios reales, los principales templos, la Puerta de Ishtar y la Vía Procesional. En el centro de la ciudad se levantaban Esagila, el gran santuario de Marduk, y Etemenanki, la enorme ziggurat que quedó vinculada posteriormente a la tradición de la Torre de Babel.
Durante el I milenio a.C., Babilonia fue la mayor ciudad de Mesopotamia. También era la capital política y religiosa de Babilonia y uno de los principales centros intelectuales del Próximo Oriente. Sus escribas desarrollaron una larga tradición de conocimientos matemáticos y astronómicos, mientras que sus templos custodiaban y transmitían textos religiosos, literarios y científicos.
La ciudad alcanzó su mayor desarrollo monumental durante el reinado de Nabucodonosor II, en el siglo VI a.C. De aquella Babilonia proceden buena parte de los restos que hoy pueden visitarse: las grandes fortificaciones, la Puerta de Ishtar, la Vía Procesional, los palacios y varios de sus templos.
En 2019, Babilonia pasó a formar parte de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
HISTORIA DE BABILONIA
Los orígenes de Babilonia se remontan al III milenio a.C., aunque durante siglos fue un asentamiento secundario frente a ciudades como Ur, Uruk o Nippur. Su crecimiento comenzó a principios del II milenio a.C., cuando diferentes dinastías amorreas se hicieron con el control de buena parte de Mesopotamia. Hacia 1880 a.C., Sumu-la-El estableció en Babilonia la dinastía que acabaría convirtiendo aquella pequeña ciudad en la capital de un reino.
La ciudad alcanzó por primera vez una posición dominante durante el reinado de Hammurabi, entre 1792 y 1750 a.C. Mediante alianzas, campañas militares y una hábil política territorial, el rey consiguió imponerse a los principales estados vecinos y controlar buena parte de Mesopotamia. Babilonia pasó de ser la capital de un pequeño reino a convertirse en el centro de la potencia más importante de la región.
A aquel período se asocia el Código de Hammurabi, una extensa recopilación de disposiciones jurídicas grabada en una célebre estela conservada actualmente en el Museo del Louvre. La pieza no apareció en Babilonia, sino en Susa, donde había sido llevada como botín por los elamitas siglos después del reinado de Hammurabi.
La primera dinastía desapareció hacia 1595 a.C., después de una incursión hitita. Durante los siglos siguientes la ciudad quedó bajo diferentes dinastías, entre ellas la casita, pero mantuvo su importancia religiosa y cultural. Fue también durante este largo periodo cuando Marduk, su dios tutelar, adquirió progresivamente una posición preeminente dentro del panteón babilónico.
Durante el I milenio a.C., Babilonia mantuvo una compleja relación con el poderoso Imperio asirio. Los monarcas asirios intentaron controlar la región mientras las rebeliones babilónicas se sucedían. En 689 a.C., Senaquerib conquistó y destruyó Babilonia. La ciudad fue reconstruida posteriormente, pero volvió a sufrir una conquista violenta en 648 a.C. durante el reinado de Asurbanipal.
El gran renacimiento comenzó en 626 a.C. Nabopolasar se independizó del dominio asirio y fundó la dinastía neobabilónica. La alianza de babilonios y medos terminó destruyendo el Imperio asirio y proporcionó a Babilonia una posición política que no había tenido desde tiempos de Hammurabi.
Su hijo Nabucodonosor II, que reinó entre 604 y 562 a.C., convirtió la capital en una enorme representación monumental del nuevo imperio. Restauró templos, amplió el complejo palacial, reforzó las fortificaciones, intervino en Etemenanki y reconstruyó la Puerta de Ishtar y la Vía Procesional. La ciudad llegó a ocupar cerca de mil hectáreas y disponía de decenas de santuarios.

En el corazón de aquella capital se encontraba Marduk. Cada primavera, durante los primeros doce días del nuevo año, Babilonia celebraba el Akitu. Las imágenes de los dioses participaban en ceremonias y procesiones que recorrían la ciudad. Nabu llegaba desde la vecina Borsippa para reunirse con su padre Marduk y la Vía Procesional se convertía en uno de los principales escenarios de la celebración.
Es en este periodo donde las fuentes clásicas situaron también los famosos Jardines Colgantes. Sin embargo, las inscripciones babilónicas no mencionan una construcción que pueda identificarse con ellos y las excavaciones tampoco han proporcionado pruebas concluyentes. Robert Koldewey relacionó determinadas estructuras del Palacio Sur con los jardines. La asirióloga Stephanie Dalley ha defendido posteriormente que la tradición podría proceder en realidad de los jardines creados por Senaquerib en Nínive.
La etapa neobabilónica terminó en 539 a.C., cuando Ciro II incorporó la ciudad al Imperio aqueménida. Babilonia dejó de ser la capital de un estado independiente, pero mantuvo durante dos siglos una notable importancia como residencia real, centro administrativo y ciudad sagrada.
En 331 a.C., Alejandro Magno entró en Babilonia después de su victoria sobre Darío III en Gaugamela. El conquistador macedonio regresó posteriormente a la ciudad y murió allí en junio de 323 a.C. Tras las luchas de sus sucesores, Babilonia quedó integrada en el reino seléucida. La fundación de Seleucia del Tigris trasladó progresivamente el centro político de la región, aunque la antigua capital continuó habitada y mantuvo una importante actividad religiosa y erudita.
Durante el periodo helenístico aparecieron además instituciones y edificios de tradición griega, entre ellos un teatro y un gimnasio. Bajo los partos todavía se copiaban textos cuneiformes y se mantenía parte de la antigua tradición intelectual babilónica. No obstante, su importancia fue decayendo progresivamente, aunque la zona permaneció habitada durante siglos.
Sus ruinas nunca desaparecieron de la memoria local. A finales del siglo XIX comenzó su investigación arqueológica sistemática y, entre 1899 y 1917, Robert Koldewey dirigió las grandes excavaciones de la Deutsche Orient-Gesellschaft. La misión alemana sacó a la luz la Puerta de Ishtar, la Vía Procesional, los palacios, varios templos, parte de las fortificaciones y los restos del puente sobre el Éufrates. La Babilonia de Nabucodonosor II volvía a aparecer después de más de dos mil años.

QUÉ VER EN BABILONIA
Una parte del aspecto actual del yacimiento procede de las restauraciones y reconstrucciones realizadas durante el siglo XX. Las primeras intervenciones iraquíes comenzaron décadas antes del gobierno de Saddam Hussein, pero a partir de 1983 se emprendió un ambicioso programa que afectó especialmente al Palacio Sur, las murallas y el teatro. Por este motivo, durante la visita conviven muros neobabilónicos, restos excavados, restauraciones arqueológicas y construcciones modernas.
La visita permite recorrer principalmente la Babilonia de Nabucodonosor II: la Puerta de Ishtar, la Vía Procesional, los palacios, varios templos, las fortificaciones y el gran recinto religioso de Marduk, así como el teatro helenístico.
LA PUERTA DE ISHTAR
La gran puerta azul situada junto al acceso al yacimiento no es la Puerta de Ishtar original. Es una reproducción a menor escala construida en 1954. Los restos de la puerta antigua se encuentran más adelante, en el mismo lugar que ocupaban hace unos 2.600 años.
La Puerta de Ishtar era una de las ocho grandes entradas de la ciudad interior y la principal puerta del sector septentrional. Por ella penetraba la Vía Procesional, que continuaba junto al Palacio Sur hacia el centro religioso de Babilonia. Durante el Akitu, la gran celebración del Año Nuevo, las procesiones de los dioses atravesaban este lugar.
La entrada estaba formada por dos puertas sucesivas integradas en el doble cinturón de murallas. El conjunto alcanzaba unos 50 metros de longitud. Nabucodonosor II la reconstruyó varias veces durante su largo reinado porque el nivel de la Vía Procesional fue elevándose progresivamente. El propio rey dejó escrito que las antiguas entradas habían quedado demasiado bajas y que volvió a levantar la puerta desde sus cimientos.
Las primeras fases construidas por Nabucodonosor estaban decoradas con toros relacionados con Adad, dios de la tormenta, y mušḫuššu, las criaturas híbridas vinculadas a Marduk. Los animales estaban modelados en relieve sobre ladrillos sin vidriar. En reformas posteriores comenzaron a utilizarse ladrillos vidriados y, en la última gran reconstrucción, la puerta adquirió el aspecto por el que se hizo famosa: una fachada de ladrillos vidriados de intenso azul sobre la que destacaban toros y mušḫuššu de diferentes colores realizados también en relieve. Grandes puertas de madera de cedro cerraban los accesos.
Esta última fase azul se levantaba sobre las anteriores y era la que contemplaban quienes entraban en Babilonia. Sin embargo, prácticamente toda la parte de la puerta situada por encima de aquel último nivel de la calle fue desmontada en la Antigüedad para reutilizar sus ladrillos. Cuando los arqueólogos comenzaron a excavar el monumento, encontraron miles de fragmentos de aquella decoración vidriada dispersos por la zona. Una parte fue trasladada a Berlín y utilizada para realizar la conocida reconstrucción del Pergamonmuseum, que combina material antiguo con ladrillos modernos.
En Babilonia se conservaron mucho mejor las fases anteriores porque habían quedado enterradas cuando Nabucodonosor fue elevando la Vía Procesional. Las excavaciones volvieron a sacarlas a la luz y son precisamente las que hoy se contemplan en el yacimiento. Por eso los toros y mušḫuššu de ladrillo sin vidriar aparecen actualmente junto al nivel por el que camina el visitante: no era esa su posición respecto a la calle en la última fase de la Puerta de Ishtar, sino que la excavación moderna descendió hasta los niveles más antiguos del monumento.


LA VÍA PROCESIONAL
La Vía Procesional era una de las principales calles de Babilonia. Conocida como Ay-ibur-shabum, «Que el enemigo arrogante no prevalezca», los arqueólogos han podido seguir cerca de 1.200 metros de su trazado, desde el área religiosa de Esagila y Etemenanki hasta el sector situado al norte de la Puerta de Ishtar.
El tramo más monumental se encontraba al norte de la puerta. Durante unos 180 metros, la avenida discurría entre altos muros decorados con unos 120 leones realizados en ladrillos vidriados, aproximadamente sesenta a cada lado.
La calzada se asentaba sobre sucesivas capas de ladrillos unidos con betún y algunos sectores estaban pavimentados con grandes losas de piedra. Varias de estas losas llevaban inscripciones de Nabucodonosor II. Durante su reinado, el nivel de la Vía Procesional fue elevado varias veces. Junto a la Puerta de Ishtar todavía pueden distinguirse diferentes niveles superpuestos de la calzada.
La avenida alcanzaba su máxima importancia durante el Akitu, la fiesta del Año Nuevo babilónico celebrada durante los primeros doce días del año. En el octavo día, la procesión de las divinidades atravesaba este eje ceremonial.

EL PALACIO SUR
Inmediatamente al oeste de la Vía Procesional se extendía el principal palacio real de Babilonia. El Palacio Sur ocupaba unas 4,5 hectáreas y tenía una larga historia antes de ser completamente reconstruido por Nabucodonosor II. En su configuración final estaba formado por casi 600 estancias distribuidas alrededor de cinco grandes patios y unos cincuenta patios menores.
El edificio estaba organizado de este a oeste. En el sector oriental se concentraban principalmente las dependencias administrativas y los talleres; en la parte central se encontraban los grandes espacios de recepción y la sala del trono; y hacia el oeste se situaban los apartamentos reales. Los diferentes sectores se comunicaban a través de patios y puertas monumentales.
La sala del trono era la mayor estancia del palacio. Medía unos 52 metros de largo por 17,5 de ancho y se abría mediante tres puertas al patio principal, que alcanzaba aproximadamente 55 × 61 metros. Frente a la entrada central, un nicho abierto en el muro señala el lugar donde probablemente se encontraba el trono. La fachada orientada hacia el patio estaba decorada con ladrillos vidriados de colores que componían motivos vegetales y geométricos. Parte de esta decoración fue recuperada durante las excavaciones alemanas y reconstruida posteriormente en Berlín.
El Palacio Sur continuó utilizándose después de la conquista persa de Babilonia en 539 a.C. Más de dos siglos después volvió a convertirse en residencia real con Alejandro Magno. El conquistador macedonio pasó allí sus últimos días y murió en el palacio de Nabucodonosor en junio de 323 a.C., a los 32 años.
El aspecto que presenta actualmente el Palacio Sur está profundamente marcado por las reconstrucciones realizadas por las autoridades iraquíes durante la década de 1980 y terminadas en 1987. Se levantaron nuevos muros directamente sobre las estructuras antiguas, tomando como referencia los planos realizados por los arqueólogos alemanes durante las excavaciones de comienzos del siglo XX. En algunos puntos todavía pueden distinguirse varios metros de los muros originales bajo las reconstrucciones modernas. También se instaló un pavimento moderno en buena parte del complejo.
Las excavaciones sacaron también a la luz centenares de tablillas cuneiformes pertenecientes a los archivos administrativos del palacio. Entre ellas se conservan varias listas de raciones que mencionan a Joaquín, rey de Judá, deportado a Babilonia por Nabucodonosor II tras la conquista de Jerusalén en 597 a.C. Los documentos registran las cantidades de aceite entregadas al monarca y a miembros de su familia. Cuatro de estas tablillas fueron publicadas en 1939 y hoy se conservan en el Vorderasiatisches Museum de Berlín.


EL PALACIO NORTE
Al norte de las antiguas fortificaciones se levantaba un segundo gran complejo construido por Nabucodonosor II. El propio monarca explica en una de sus inscripciones que su antigua residencia ya no resultaba adecuada para la grandeza de la realeza y que buscó un nuevo emplazamiento donde ampliar el complejo palatino. El Palacio Norte fue construido en varias fases y terminó extendiéndose sobre unas 7,3 hectáreas.
Buena parte del conjunto se levantaba sobre una enorme terraza artificial. Sobre ella se encontraba el edificio principal, que ocupaba unos 17.000 m². Sin embargo, el Palacio Norte solo ha sido excavado parcialmente y su distribución interna se conoce mucho peor que la del Palacio Sur.
En su sector oriental aparecieron esculturas, estelas e inscripciones procedentes de diferentes lugares y épocas, algunas de ellas muchos siglos anteriores a Nabucodonosor II. Entre los hallazgos había estatuas de gobernantes de Mari y antiguas estelas procedentes de distintos territorios de Mesopotamia y Siria. Esta concentración de piezas llevó a los especialistas a interpretar este lugar como un «museo» de antigüedades reunido por los reyes de Babilonia.
El palacio siguió utilizándose después de la caída del Imperio neobabilónico. En esta misma zona aparecieron más de un millar de tablillas y fragmentos cuneiformes, en su mayoría de los siglos V-IV a.C. Muchos pertenecían al archivo privado de Belsunu, gobernador de Babilonia durante el dominio persa, que pudo tener su residencia en el Palacio Norte.

EL LEÓN DE BABILONIA
Entre los restos más reconocibles del yacimiento se encuentra el León de Babilonia, una gran escultura de basalto de unos 2,6 metros de longitud que representa a un león sobre una figura humana tendida. No se conoce con seguridad ni su procedencia ni el momento de su creación. Probablemente fue trasladada hasta Babilonia, aunque desconocemos cuándo y desde dónde.
La escultura permaneció en el propio yacimiento y con el tiempo se convirtió en uno de los símbolos arqueológicos del Irak contemporáneo. En 2013 fue sometida a trabajos de conservación que incluyeron la estabilización de su pedestal, la limpieza de la escultura y la instalación de una barrera de protección.

EL TEMPLO DE NINMAKH
Muy cerca de la Puerta de Ishtar se encuentra el E-mah, templo dedicado a Ninmakh, una de las grandes divinidades maternas de la tradición mesopotámica. El edificio fue construido por Nabucodonosor II, aunque incorporaba estructuras anteriores, entre ellas un muro de contención levantado durante el reinado del rey asirio Asurbanipal.
El templo seguía una disposición característica de la arquitectura religiosa babilónica. Las estancias se organizaban alrededor de un patio central con un pozo y desde allí se accedía a la cella, el espacio más sagrado del edificio, donde un nicho albergaba la imagen de la diosa.
El aspecto actual del templo se debe en buena medida a las reconstrucciones realizadas por los arqueólogos iraquíes durante la segunda mitad del siglo XX. Los primeros trabajos comenzaron en 1958 y, a partir de 1968, se reconstruyeron buena parte de sus muros. Con el paso del tiempo, la humedad y las sales del terreno comenzaron a deteriorar tanto los restos antiguos como algunas de aquellas restauraciones. En los últimos años, especialistas iraquíes y el World Monuments Fund han trabajado de nuevo en el E-mah, esta vez recuperando el uso del adobe y otras técnicas tradicionales con las que se construyó el templo.

EL TEMPLO DE NABU-SHA-HARE
Las excavaciones iraquíes realizadas entre 1979 y 1981 sacaron a la luz otro de los templos más interesantes de Babilonia: el santuario de Nabu-sha-hare. El edificio, de unos 35 por 33 metros, se encontraba entre el Palacio Sur y Esagila, junto a la Vía Procesional. El templo ya existía en época de Asarhaddón, en el siglo VII a.C., y fue posteriormente reconstruido por Nabucodonosor II.
Su nombre ceremonial, E-niggidru-kalamma-summa, significaba «Casa que entrega el cetro del país». El santuario estaba relacionado con la investidura del príncipe heredero, que recibía allí el cetro real.
Uno de los hallazgos más interesantes fueron las más de 1.500 tablillas cuneiformes relacionadas con la formación de los escribas. Muchas contenían ejercicios realizados por los aprendices y algunas terminaban con plegarias dirigidas a Nabu, dios de la escritura y la sabiduría. Los estudiantes ofrecían sus tablillas al dios y pedían a cambio protección y ayuda para desarrollar sus conocimientos. Parte de estos ejercicios fue reutilizada posteriormente como material de construcción en los suelos y muros del propio templo.

ESAGILA, EL TEMPLO DE MARDUK
Al sur del sector palacial se encontraba el verdadero centro religioso de Babilonia. Allí, en el barrio de Eridu, se levantaba Esagila, el gran templo de Marduk, junto a la ziggurat Etemenanki.
Esagila era el núcleo de un extenso recinto sagrado formado por patios, capillas, almacenes y otras dependencias. Junto con Etemenanki ocupaba alrededor de veinte hectáreas. El templo estaba consagrado a Marduk y a su esposa Sarpanitum, aunque dentro del complejo existían también santuarios dedicados a otras divinidades.
En la cella se custodiaba la estatua de Marduk. Para los babilonios, la imagen encarnaba la presencia de la divinidad en la ciudad. Su captura y traslado por un enemigo constituían, por tanto, un acontecimiento político y religioso de enorme importancia. Así ocurrió cuando los elamitas saquearon Babilonia en el siglo XII a.C. y llevaron la estatua hasta Susa, de donde sería recuperada décadas después por Nabucodonosor I.
Esagila desempeñaba igualmente un papel central durante el Akitu. Durante las celebraciones del Año Nuevo, la estatua de Marduk abandonaba el templo y participaba en las ceremonias que recorrían Babilonia. El rey intervenía directamente en unos rituales estrechamente vinculados a la renovación anual de su autoridad.
Esagila fue localizado por los arqueólogos alemanes a comienzos del siglo XX bajo Tell Amran ibn Ali, una colina que debe su nombre al santuario islámico situado sobre ella. Los restos del templo se encuentran a gran profundidad —en algunos puntos, unos veinte metros bajo la superficie—, por lo que los excavadores tuvieron que recurrir a pozos y galerías para investigar su planta. Solo una parte del complejo pudo ser excavada y buena parte de Esagila permanece todavía enterrada bajo el tell.

ETEMENANKI, LA TORRE DE BABEL
Junto a Esagila se levantaba Etemenanki, «Casa fundamento del cielo y de la tierra», la gran ziggurat de Marduk.
Los trabajos arqueológicos demostraron que su base formaba aproximadamente un cuadrado de 91 metros de lado. La conocida Tablilla del Esagila describe un edificio formado por siete niveles y proporciona unas proporciones que darían una altura semejante a la anchura de la base. La torre tenía un gran núcleo de adobe rodeado por un grueso revestimiento de ladrillo cocido.
Etemenanki ya existía antes del periodo neobabilónico. En 689 a.C. fue destruida por Senaquerib durante la conquista de Babilonia. Su hijo Asarhaddón inició posteriormente su reconstrucción, continuada décadas después por Nabopolasar y Nabucodonosor II. Cuando Alejandro Magno regresó a Babilonia en 323 a.C., Etemenanki se encontraba muy deteriorada. Las fuentes antiguas atribuyen al monarca un proyecto para reconstruir el gran santuario de Marduk y describen importantes trabajos de retirada de escombros. Alejandro murió en Babilonia ese mismo año y la reconstrucción de la torre nunca llegó a realizarse.
La extracción de sus ladrillos durante los siglos posteriores terminó por reducir la enorme construcción a sus cimientos y al núcleo de adobe. Actualmente todavía puede reconocerse su planta cuadrada, con el núcleo central de unos 60 metros de lado. Parte del espacio que ocupaba el antiguo revestimiento de ladrillo se encuentra cubierto por agua y esta zona del yacimiento no es actualmente accesible a los visitantes.
Etemenanki ha sido identificada tradicionalmente con la Torre de Babel. El relato del Génesis no menciona su nombre, pero sitúa la construcción de la torre en Babilonia, y las dimensiones y la fama que alcanzó la gran ziggurat de Marduk explican su asociación con la tradición bíblica.

LA PUERTA DE MARDUK Y LAS MURALLAS
Las enormes murallas de Babilonia llamaron la atención de los autores antiguos y llegaron a incorporarse a algunas de las primeras listas de las maravillas del mundo.
La ciudad interior estaba protegida por dos grandes murallas paralelas de adobe, reforzadas con torres. La primera tenía unos 6,5 metros de anchura y la segunda unos 3,7 metros. Delante de ellas discurría un amplio foso protegido por otro muro construido con ladrillo cocido. Ocho grandes puertas comunicaban la ciudad con el exterior, entre ellas las de Ishtar, Marduk y Urash.
La Puerta de Marduk daba acceso al sector oriental de la ciudad y comunicaba con una amplia calle que se dirigía hacia el centro de Babilonia. Era más pequeña y menos decorada que la Puerta de Ishtar. Koldewey la excavó parcialmente en 1914 y los arqueólogos iraquíes volvieron a trabajar en ella en 1973.
En 1978 la puerta se reconstruyó con ladrillo cocido moderno y cemento sobre los restos neobabilónicos de adobe. La construcción alcanza actualmente unos 13 metros de altura, pero buena parte de lo que se contempla corresponde a aquella reconstrucción. Los restos antiguos se conservan principalmente en las zonas inferiores.
Más allá de la ciudad interior, Nabucodonosor II amplió las defensas de Babilonia con una extensa línea exterior de fortificaciones que llegaba hasta el Éufrates y encerraba un territorio mucho mayor, incluidas amplias zonas de cultivo. Algunos tramos de estas defensas todavía pueden reconocerse sobre el terreno, marcando los límites de la enorme superficie que llegó a ocupar Babilonia.

EL BARRIO DE MERKES
Al este del centro religioso se extendía Merkes, uno de los barrios residenciales mejor conocidos de Babilonia. Las excavaciones alemanas descubrieron aquí calles, callejuelas y numerosas viviendas construidas unas junto a otras. En los niveles de época neobabilónica llegaron a conocerse las plantas completas de trece casas.
Las viviendas se organizaban alrededor de patios interiores y podían alcanzar dimensiones considerables. Algunas tenían un único patio, mientras que las mayores disponían de dos o tres, rodeados por habitaciones de diferentes tamaños. Entre las casas discurrían calles estrechas y se levantaban también pequeños templos, como el dedicado a Ishtar de Agade.
Parte de este barrio puede verse actualmente. Varias viviendas excavadas por los arqueólogos iraquíes fueron reconstruidas sobre sus restos antiguos para mostrar su distribución. Una de ellas, situada junto a la Vía Procesional, tenía unos 450 m² y estaba organizada alrededor de un patio central; otra alcanzaba unos 1.200 m². Sus muros actuales son en buena medida reconstrucciones modernas levantadas sobre las estructuras neobabilónicas.
Las excavaciones demostraron además que Merkes llevaba siglos habitado. Bajo las casas neobabilónicas aparecieron viviendas más antiguas y numerosos archivos de tablillas cuneiformes. Cerámicas, figurillas de terracota y otros objetos encontrados en las casas completan la información sobre la vida cotidiana de los habitantes de Babilonia.
EL TEATRO HELENÍSTICO
La historia de Babilonia continuó después de la conquista de Alejandro Magno. Durante el periodo seléucida se asentó en la ciudad una comunidad griega y aparecieron edificios propios de la vida pública helenística. En la zona oriental de Babilonia se construyó un teatro y, junto a él, un gran edificio con patio porticado que tradicionalmente ha sido interpretado como un gimnasio.
El teatro se levantó con una estructura de adobe sobre la que se disponían las gradas. Su construcción se sitúa en época seléucida, aunque se ha planteado que pudiera remontarse ya al periodo de Alejandro. Posteriormente fue reformado durante el dominio parto, señal de que continuó utilizándose mucho después de la llegada de los griegos.
El edificio que vemos actualmente es, sin embargo, en gran parte moderno. Su reconstrucción comenzó a principios de la década de 1970, cuando se levantaron de nuevo el patio y la parte inferior de las gradas. A mediados de los años ochenta se realizó una segunda intervención que amplió considerablemente el graderío para utilizar el teatro durante el Festival Internacional de Babilonia. Los escasos restos de la construcción antigua quedaron integrados bajo las nuevas estructuras de ladrillo, cemento y hormigón.

EL PALACIO DE SADDAM HUSSEIN
Sobre una colina artificial situada junto a las ruinas de Babilonia se levanta uno de los edificios más visibles del yacimiento: el palacio construido para Saddam Hussein a finales de la década de 1980. Su posición elevada permite reconocer desde sus terrazas una amplia parte de la antigua ciudad y el curso del Éufrates.
El edificio formó parte del gran programa impulsado por el gobierno iraquí para recuperar Babilonia como escenario político y monumental. Durante aquellos años se reconstruyeron extensas zonas del Palacio Sur y otros edificios antiguos, mientras que sobre la colina se levantó esta nueva residencia. En sus muros se repitió además el nombre de Saddam Hussein mediante inscripciones que imitaban deliberadamente la tradición de los ladrillos estampados con el nombre de Nabucodonosor II.
Tras la caída del régimen en 2003, el palacio fue abandonado y sufrió saqueos y graves daños. El edificio se conserva actualmente dentro del área de Babilonia y las autoridades iraquíes han planteado su rehabilitación y transformación en un museo dedicado a la historia del yacimiento.

VISITAS CERCANAS
En los alrededores de Babilonia se encuentran otras ciudades que tuvieron una estrecha relación con la antigua capital. Borsippa y Kish pueden alcanzarse en aproximadamente media hora en coche y conservan restos arqueológicos suficientemente importantes para completar la visita.
BORSIPPA
A unos 25 km por carretera de Babilonia, aproximadamente 30 minutos en coche, se encuentran las ruinas de Borsippa, actualmente conocidas también como Birs Nimrud. La ciudad estaba estrechamente vinculada a Babilonia y tenía como principal divinidad a Nabu, dios de la escritura y la sabiduría e hijo de Marduk.
Su principal santuario era Ezida, un enorme complejo de más de una hectárea organizado alrededor de tres grandes patios. Junto al templo se levantaba la ziggurat E-ur-emin-an-ki, dedicada igualmente a Nabu.
La relación religiosa entre ambas ciudades adquiría especial importancia durante el Akitu. La imagen de Nabu abandonaba Borsippa y viajaba hasta Babilonia para participar junto a Marduk en las ceremonias del Año Nuevo.
La ziggurat es el elemento más impresionante que se conserva. Aunque muy deteriorado, su enorme núcleo todavía alcanza unos 47 metros de altura y se levanta aislado sobre la llanura. En la parte superior se conservan grandes masas de ladrillos vitrificados, cuyo aspecto alimentó durante siglos la identificación de Borsippa con la Torre de Babel. Alrededor de la ziggurat pueden verse también los restos del templo de Nabu y de otras construcciones de la antigua ciudad.
KISH
A unos 20 km por carretera de Babilonia, aproximadamente media hora en coche, se encuentra Kish, una de las ciudades más importantes de Mesopotamia durante el III milenio a.C. Esta importancia quedó reflejada incluso en la tradición mesopotámica. La Lista Real Sumeria afirmaba que, después del Diluvio, la realeza «descendió del cielo» y se estableció por primera vez en Kish. Siglos después, el prestigio de la ciudad seguía siendo tan grande que diferentes monarcas utilizaron el título de «rey de Kish» para expresar una autoridad que iba más allá de la propia ciudad.
Kish no estaba formada por un único núcleo urbano. Sus restos se distribuyen por numerosos montículos, entre los que destacan Tell Uhaimir y Tell Ingharra, este último correspondiente a la antigua Hursagkalama.
En Tell Uhaimir todavía pueden reconocerse los restos del santuario de Zababa, dios principal de Kish, y de su ziggurat. En Tell Ingharra se encuentran los restos del templo de Ishtar de Hursagkalama, cuya última gran reconstrucción fue realizada por Nabucodonosor II. Las excavaciones de Kish han descubierto además palacios y enterramientos del III milenio a.C., entre ellos el llamado Palacio A y las tumbas con carros del Cementerio Y.
MÁS INFORMACIÓN Babylon Archaeological Site. World Monuments Fund Babylon. Unesco World Heritage Babylon Reloaded: 3D Virtual Tour. Vorderasiatisches Museum

