La tumba de Tutankamón (KV62)
La tumba de Tutankamón, identificada como KV62, se encuentra en el Valle de los Reyes, en la orilla occidental del Nilo frente a Luxor. Allí fue enterrado, a finales del siglo XIV a.C., uno de los últimos faraones de la dinastía XVIII. Su reinado apenas duró una década y su sepultura es considerablemente más pequeña que las grandes tumbas reales del Reino Nuevo. Sin embargo, su descubrimiento en 1922 se convirtió en uno de los grandes acontecimientos de la historia de la arqueología.
La tumba había permanecido oculta durante más de tres mil años bajo los escombros acumulados en esta zona del Valle de los Reyes y las construcciones relacionadas con la cercana tumba de Ramsés VI. Cuando Howard Carter la descubrió en noviembre de 1922 encontró un enterramiento real prácticamente intacto, algo excepcional en una necrópolis cuyas grandes tumbas habían sido saqueadas desde la Antigüedad.
En su interior se conservaban más de cinco mil objetos pertenecientes al ajuar de Tutankamón: muebles, carros, vestidos, armas, alimentos, joyas, estatuas, figuras funerarias y numerosos objetos rituales. En la cámara funeraria permanecían los cuatro grandes santuarios que rodeaban el sarcófago, los tres ataúdes del faraón y su momia.
La mayor parte del ajuar se conserva actualmente en el Gran Museo Egipcio de Giza. En el Valle de los Reyes permanece la propia KV62, con sus estancias, las pinturas de la cámara funeraria, el sarcófago de cuarcita y la momia de Tutankamón.

HISTORIA DE TUTANKAMÓN Y SU TUMBA
Tutankamón accedió al trono de Egipto a los 9 años de edad, reinando entre 1336 y 1327 a.C. Su gobierno se desarrolló en uno de los momentos de mayor transformación política y religiosa de la dinastía XVIII. Había nacido con el nombre de Tutankhatón, «imagen viva de Atón», en el entorno creado por su padre Ajenatón, que había elevado al disco solar Atón al centro del culto real y establecido una nueva capital en Ajetatón (Amarna).
Durante su reinado comenzó el abandono de la política religiosa de Amarna. Los grandes cultos tradicionales recuperaron progresivamente su posición, especialmente el de Amón, cuyos templos volvieron a recibir el apoyo de la corona. Este cambio quedó reflejado también en los nombres de la pareja real: Tutankhatón pasó a llamarse Tutankamón, «imagen viva de Amón», mientras su esposa Anjesenpaatón, hija de Ajenatón y Nefertiti, adoptó el nombre de Anjesenamón.
Tutankamón murió con apenas dieciocho o diecinueve años. Los estudios realizados sobre la momia no encontraron evidencias que respaldaran la antigua teoría de un golpe mortal en la cabeza y revelaron que había padecido malaria, presentaba diversas alteraciones óseas y había sufrido una fractura poco antes de morir. Es posible que varios de estos problemas contribuyeran a su fallecimiento, pero realmente no sabemos de qué murió el joven faraón.
La búsqueda de Tutankamón
A comienzos del siglo XX existían indicios de que el enterramiento de Tutankamón debía encontrarse en el Valle de los Reyes. Uno de los hallazgos más importantes había aparecido en 1907, cuando Edward Ayrton excavó para Theodore Davis la KV54. En ella encontró grandes recipientes, lino, natrón, restos vegetales y otros materiales utilizados durante las ceremonias funerarias y el proceso de embalsamamiento de Tutankamón.
Howard Carter estaba convencido de que la verdadera tumba del faraón seguía oculta en el valle. Desde 1917 dirigió allí las excavaciones financiadas por George Herbert, quinto conde de Carnarvon. Carter concentró la búsqueda en una amplia zona situada entre las tumbas de Ramsés II, Merenptah y Ramsés VI, donde durante varias campañas fueron retirándose grandes cantidades de escombros hasta alcanzar progresivamente la roca del valle.
Los resultados, sin embargo, fueron decepcionantes. Después de seis campañas sin localizar la tumba, Carnarvon comenzó a plantearse abandonar la búsqueda. Al finalizar la temporada de 1921-1922 ambos debatieron seriamente si tenía sentido continuar excavando en el Valle de los Reyes. Carter seguía convencido de que quedaba una última zona por investigar y logró que Carnarvon financiara una campaña más, que debía ser breve y definitiva.
Los trabajos comenzaron de nuevo el 1 de noviembre de 1922, junto a la entrada de la tumba de Ramsés VI. Allí permanecían varias cabañas levantadas por los trabajadores de la necrópolis en época ramésida que habían impedido excavar completamente el terreno situado bajo ellas.

El descubrimiento de KV62
El 4 de noviembre de 1922, mientras los trabajadores retiraban restos de las antiguas cabañas situadas junto a la tumba de Ramsés VI, apareció la parte superior de un escalón tallado en la roca. Carter dejó aquel mismo día una escueta anotación en su diario: «First steps of tomb found». Habían aparecido los primeros escalones de una tumba.
La excavación continuó al día siguiente. La escalera descendía hasta una puerta cerrada con mampostería y recubierta de yeso. Sobre ella se conservaban impresiones del sello de la necrópolis real, donde Anubis aparece sobre nueve enemigos cautivos. Carter comprendió que se encontraba ante un enterramiento importante, aunque aún no conocía de quién se trataba. Volvió a proteger el acceso y envió un telegrama a Lord Carnarvon, que se encontraba en Inglaterra, anunciándole el descubrimiento de una tumba con los sellos conservados.
Carnarvon llegó a Luxor el 23 de noviembre acompañado por su hija, lady Evelyn Herbert. Los trabajos se reanudaron y permitieron despejar completamente la escalera de dieciséis peldaños. Entre las impresiones de los sellos apareció entonces el nombre de Tutankamón.
El 25 de noviembre se abrió la primera puerta. Detrás apareció un corredor descendente completamente relleno de piedras y escombros. Las señales conservadas indicaban que había sido atravesado por ladrones en la Antigüedad y posteriormente restaurado y sellado de nuevo. A unos nueve metros de la primera entrada apareció una segunda puerta sellada, muy similar a la anterior y también con evidencias de antiguas aperturas y posteriores cierres.
La tarde del 26 de noviembre Carter practicó una pequeña abertura en la esquina superior de aquella segunda puerta. Introdujo primero una barra metálica para comprobar que al otro lado había un espacio vacío y después acercó una vela. La descripción más conocida de este momento procede de las notas que Carter preparó posteriormente para sus conferencias. A medida que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad comenzó a distinguir formas animales, estatuas y el brillo del oro. Carnarvon le preguntó si podía ver algo y Carter respondió con la frase que quedaría asociada para siempre al descubrimiento: «Sí, cosas maravillosas».
La estancia que contemplaba era la antecámara. Tres grandes lechos ceremoniales con formas animales ocupaban uno de sus lados. Alrededor se distribuían cofres, sillas, cajas, recipientes, bastones, carros desmontados y numerosos objetos recubiertos de oro y ébano. Parte del contenido había sido removido durante los antiguos saqueos, aunque el conjunto seguía conservándose en un estado extraordinario.
En la pared norte se levantaban dos grandes estatuas negras de Tutankamón. Entre ambas había una nueva puerta sellada. Detrás se encontraba la cámara funeraria.


La excavación de la tumba
El hallazgo planteaba ahora una tarea mucho más compleja que localizar la tumba. Más de cinco mil objetos se encontraban distribuidos por unas estancias de reducidas dimensiones y muchos estaban realizados con materiales especialmente delicados, como madera, lino, cuero, yeso o marfil. Cada pieza debía registrarse en su posición, fotografiarse, consolidarse cuando fuera necesario y retirarse sin alterar los objetos que la rodeaban.
Carter reunió un equipo especializado en el que participaron Arthur Mace, Alfred Lucas, Arthur Callender, Percy Newberry y otros investigadores. El Metropolitan Museum of Art colaboró de manera decisiva poniendo a disposición de la excavación varios miembros de su expedición tebana. Entre ellos destacó Harry Burton, responsable del registro fotográfico.
Burton documentó durante los años siguientes prácticamente todas las fases de la excavación y numerosos objetos tanto en el interior de la tumba como en el estudio. Realizó alrededor de 1.400 negativos sobre placas de vidrio. Sus fotografías permiten hoy reconstruir con una precisión extraordinaria el aspecto que presentaba KV62 durante los trabajos.
Durante los primeros meses la atención se concentró en la antecámara. Solo después de retirar cuidadosamente su contenido pudo trabajarse sobre la puerta situada entre las dos estatuas guardianas.

La cámara funeraria
El 16 de febrero de 1923 Carter abrió la puerta sellada que daba acceso a la cámara funeraria ante representantes del Servicio de Antigüedades y miembros del equipo. Dos días después tuvo lugar una apertura ceremonial para numerosos visitantes, entre ellos la reina Isabel de Bélgica.
La cámara se encontraba aproximadamente un metro por debajo del nivel de la antecámara y estaba casi completamente ocupada por una enorme estructura rectangular de madera recubierta de oro. Era el primero de cuatro grandes santuarios funerarios colocados uno dentro de otro. El exterior ocupaba prácticamente toda la habitación y apenas dejaba espacio para desplazarse entre sus paredes y los muros de la cámara.
Al este se abría otra estancia. En ella podía verse una gran figura de Anubis en forma de chacal negro y, al fondo, el gran santuario que protegía el conjunto canópico. Carter denominó Tesoro a esta habitación.
Lord Carnarvon no llegaría a ver finalizada la excavación. Murió en El Cairo el 5 de abril de 1923 tras una infección después de una picadura de mosquito.


El sarcófago y la momia
Durante la campaña de 1923-1924 comenzaron a desmontarse los grandes santuarios que rodeaban el enterramiento. El 3 de febrero de 1924 quedó finalmente visible el sarcófago de cuarcita. El 12 de febrero se levantó su pesada tapa ante representantes del gobierno egipcio, especialistas y miembros del equipo. Debajo apareció el primero de los tres ataúdes antropomorfos de Tutankamón. La apertura de los ataúdes tendría que esperar hasta 1925.
El 13 de octubre se levantó la tapa del ataúd exterior y apareció un segundo ataúd cubierto por restos de lino y guirnaldas florales. Cuatro días después se abrió el segundo. Dentro había un tercero, envuelto en lino rojizo, que el 24 de octubre pudo identificarse como un ataúd de oro macizo. El 28 de octubre se levantó finalmente su tapa.
En el interior se encontraba la momia de Tutankamón, cubierta por la máscara funeraria de oro, bandas, amuletos y numerosas joyas. Durante los días siguientes Carter y su equipo fueron retirando los objetos situados sobre el cuerpo. El desenvolvimiento de la momia comenzó el 11 de noviembre en presencia del anatomista Douglas Derry y el estudio anatómico concluyó el día 20.
La excavación, conservación y estudio del contenido de KV62 continuaron durante varias campañas. Desde el hallazgo del primer escalón en noviembre de 1922 hasta el registro final de miles de objetos, el trabajo se prolongó durante casi una década.


QUÉ VER EN LA TUMBA DE TUTANKAMÓN
La KV62 es una de las tumbas que podemos visitar en el Valle de los Reyes. El recorrido turístico se desarrolla en la antecámara, donde se encuentra actualmente la momia de Tutankamón, protegida dentro de una vitrina especialmente acondicionada. Desde esta estancia, una plataforma permite contemplar la cámara funeraria, que conserva el sarcófago de cuarcita y las pinturas murales, el principal conjunto artístico que permanece en la tumba.
El anexo y el denominado Tesoro forman parte de la planta de KV62, pero no están abiertos al público. Las fotografías realizadas por Harry Burton durante la excavación permiten reconstruir el aspecto original de estos espacios y conocer la disposición del extraordinario ajuar que hoy se conserva fundamentalmente en el Gran Museo Egipcio.

LA ANTECÁMARA
La antecámara fue la primera estancia que Howard Carter contempló el 26 de noviembre de 1922. Hoy está prácticamente vacía, salvo por la momia de Tutankamón, trasladada en 2007 desde la cámara funeraria para ser expuesta en una vitrina acondicionada para su conservación.
Su aspecto original fue completamente diferente. Las fotografías de Harry Burton muestran una estancia llena de muebles y objetos. Tres grandes lechos rituales ocupaban buena parte de uno de sus lados: uno de aspecto leonino, otro con cabezas de vaca relacionado con Hathor y un tercero con la forma compuesta de la diosa Taweret. A su alrededor se distribuían cofres, sillas, taburetes, recipientes, bastones y numerosos objetos pertenecientes al ajuar.
Varias piezas de los carros del faraón habían sido desmontadas para poder introducirlas en la tumba y aparecieron apiladas en uno de los extremos. Aquí se encontraba también el célebre trono dorado de Tutankamón.
En el extremo norte de la estancia, dos grandes estatuas del faraón flanqueaban la puerta sellada de la cámara funeraria. Ambas representan a Tutankamón de pie, sosteniendo un bastón y una maza; una lleva el tocado nemes y la otra el khat. Su color negro está relacionado con la fertilidad de la tierra del Nilo y con la regeneración del difunto.

LA CÁMARA FUNERARIA
La cámara funeraria es la única estancia decorada de KV62. Mide 6,37 m de longitud por 4,02 m de anchura y su suelo se encuentra casi un metro por debajo del nivel de la antecámara.
Cuando Carter accedió a ella, casi todo el espacio estaba ocupado por cuatro grandes santuarios funerarios de madera dorada, encajados unos dentro de otros. El más exterior dejaba apenas un estrecho espacio entre su estructura y las paredes.
En su interior se encontraba el sarcófago rectangular de cuarcita que todavía permanece en la cámara. En las cuatro esquinas aparecen las figuras protectoras de Isis, Neftis, Neit y Selket, con los brazos extendidos alrededor del sarcófago. Dentro se encontraban originalmente los tres ataúdes antropomorfos de Tutankamón. El enterramiento estaba organizado como una sucesión de protecciones alrededor del cuerpo del faraón: los cuatro grandes santuarios, el sarcófago, los tres ataúdes, las vendas y los numerosos amuletos colocados sobre la momia.
LAS PINTURAS DE KV62
La decoración de la tumba resulta sorprendentemente reducida. Mientras otras tumbas reales del Reino Nuevo cubren extensos corredores y cámaras con textos e imágenes funerarias, únicamente las cuatro paredes de la cámara funeraria de Tutankamón fueron pintadas.
Las figuras aparecen sobre un característico fondo amarillo y desarrollan diferentes episodios relacionados con el funeral de Tutankamón, su transformación después de la muerte y su incorporación al mundo de los dioses.
La pared oriental representa el cortejo funerario. La momia de Tutankamón aparece protegida bajo un baldaquino sobre una embarcación funeraria dispuesta sobre un trineo. Doce hombres, distribuidos en cinco grupos, tiran del conjunto mediante cuerdas. Los dos últimos, diferenciados por llevar la cabeza afeitada y por su vestimenta, representan a los visires del Alto y del Bajo Egipto.

La pared norte concentra tres escenas que se leen de derecha a izquierda. En la primera, Ay, sucesor de Tutankamón, realiza sobre el faraón difunto el ritual de la Apertura de la Boca. Tutankamón aparece representado como Osiris. Mediante esta ceremonia se devolvían simbólicamente al fallecido las capacidades necesarias para su nueva existencia. En la escena central, el rey es recibido por Nut. A la izquierda, Tutankamón aparece acompañado por su ka y abraza a Osiris, culminando su incorporación al ámbito divino.

La pared occidental representa un episodio del Amduat, el texto funerario que describe el viaje nocturno del dios solar por el mundo subterráneo. En la parte superior aparece la barca solar con Khepri, representado mediante un escarabajo, acompañado por diferentes divinidades. Debajo se disponen doce babuinos que representan las doce horas de la noche que el Sol debe atravesar antes de renacer al amanecer. Tutankamón esperaba participar de ese mismo ciclo de muerte y regeneración.

La parte conservada de la pared meridional muestra a Tutankamón acompañado por Anubis y Hathor, que sostienen signos ankh relacionados con la vida eterna. Esta pared cerraba originalmente la cámara funeraria por el lado de la antecámara y una parte tuvo que ser desmontada durante los trabajos de Carter para poder extraer los grandes santuarios y el resto del equipamiento funerario. El fragmento desaparecido se conoce gracias a las fotografías realizadas por Harry Burton antes de su retirada. En él figuraba Isis junto a otras divinidades.
LAS MANCHAS MARRONES
Uno de los detalles que llama inmediatamente la atención al observar las pinturas son las numerosas manchas marrones distribuidas por sus superficies. No se deben al deterioro provocado por el turismo moderno. Ya aparecen claramente en las fotografías realizadas durante la excavación.
Entre 2009 y 2019, el Getty Conservation Institute y las autoridades egipcias desarrollaron un amplio programa de investigación y conservación de KV62. Los análisis confirmaron que las manchas tienen origen microbiológico, pero demostraron también que no han aumentado desde las fotografías realizadas en la década de 1920. Los microorganismos responsables ya no están activos y las manchas no fueron eliminadas porque penetran en la capa pictórica y su retirada podía causar daños.
LA CASA DE HOWARD CARTER Y LA RÉPLICA DE KV62
Como complemento a la visita, cerca del Valle de los Reyes se encuentra la antigua casa de Howard Carter, convertida en museo. Junto a ella se instaló en 2014 una reproducción de la cámara funeraria de Tutankamón realizada por Factum Foundation a partir de un registro tridimensional y fotográfico de alta resolución. La réplica reproduce las pinturas, las irregularidades de las paredes y buena parte de los detalles de la cámara original.

ARTÍCULOS RELACIONADOS Valle de los Reyes. viatorimperi.es/valle-de-los-reyes El tesoro de Tutankamón.
MÁS INFORMACIÓN Tutankhamun Spatial Archive. tutankhamun.griffith.ox.ac.uk The Burial Chamber of Tuthankamun. factumfoundation.org
