Los Bañales: la gran ciudad romana de las Cinco Villas

Termas romanas de Los Bañales
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Aragón – Zaragoza / TARRACA (Tarraconensis)

 

El yacimiento arqueológico de Los Bañales se encuentra en el término municipal de Uncastillo, entre Layana, Sádaba y Biota, en la comarca zaragozana de las Cinco Villas. El acceso se realiza desde Layana, situada a 1,7 kilómetros. En el paisaje actual, dominado por campos de cultivo, se conservan los restos de una ciudad romana que llegó a ocupar 18 hectáreas.

Según Javier Andreu, catedrático de Historia Antigua y director de las excavaciones de Los Bañales, era una ciudad de tamaño medio: los núcleos urbanos de Hispania ocupaban por término medio entre 12 y 13 hectáreas, mientras Caesar Augusta (Zaragoza) alcanzaba 40 y Emerita Augusta (Mérida) 60.

Su importancia se debe tanto a la extensión del núcleo urbano como a la variedad de los restos conservados: el asentamiento de El Pueyo, el foro, varias calles, viviendas, talleres, las termas públicas y un sistema hidráulico en el que sobresale un acueducto de solución técnica singular. La ciudad ocupaba además una posición estratégica en la vía que enlazaba Caesar Augusta con Pompelo (Pamplona). Javier Andreu, recupera para ella el concepto de «ciudad escaparate» acuñado por Manuel Martín Bueno: la arquitectura monumental se dispuso para ser vista desde el sureste por quienes recorrían la calzada.

 

HISTORIA DE LOS BAÑALES

El origen de Los Bañales se encuentra en El Pueyo, un cerro a casi 600 metros de altitud cuyo nombre puede proceder del latín podium, como elevación o atalaya. Allí existía desde el siglo V a. C. un poblado probablemente vascón. Desde su cima se dominaban los Pirineos, el Moncayo y el valle del Ebro, una amplitud visual que explica la elección del lugar pese a la distancia de los cursos de agua: el Riguel queda a 3,5 kilómetros, en Sádaba, y el Arba a 4 kilómetros, en Biota.

La presencia romana en la zona se intensificó después de la ocupación de Jaca en 195 a. C. y de la campaña de Tiberio Sempronio Graco en 179 a. C., culminada con la fundación de Gracurris (Alfaro). Roma mantuvo el núcleo de El Pueyo por su valor estratégico, pero desplazó el crecimiento monumental hacia la llanura de la val de Bañales.

La monumentalización augustea

La gran transformación se produjo entre el 12 a. C. y el 2 a. C., durante el principado de Augusto. Tras las guerras cántabras se impulsó la vía entre Caesar Augusta y Pompelo. Los Bañales se encontraba exactamente a 100 kilómetros de cada una de las dos ciudades, por lo que funcionó como base logística para la construcción de la carretera. En aquellas obras intervinieron la Legio IV Macedonica, la Legio VI Victrix y la Legio X Gemina.

La cimentación del foro se inició hacia el 12 a. C. y el barrio septentrional quedó urbanizado en el 2 a. C. La participación militar también es visible en el acueducto, donde once marcas con las abreviaturas L4, LM y L4M señalan el trabajo de la Legio IV Macedonica. La ciudad adquirió entonces el tradicional urbanismo romano, con calles perpendiculares y manzanas regulares.

 

Termas y barrio artesano de Los Bañales
Termas y barrio artesano próximos al foro (foto: Sergio Geijo)

 

El municipio flavio y la crisis del siglo II

En el año 73 d.C., Vespasiano extendió el ius Latii al conjunto de Hispania. En este proceso, Los Bañales pasó a organizarse como municipio de derecho latino, con un consejo local formado por 60 decuriones y la obligación de recaudar impuestos y mantener sus edificios e infraestructuras públicas. Las termas públicas se construyeron hacia el año 80, cuando el nuevo municipio se encontraba en plena actividad.

A finales del siglo II d.C. se inició un profundo declive de la ciudad. Es posible que, como indica el profesor Andreu, entre los factores que provocaron este progresivo abandono estuvieran, por un lado una grave sequía que asoló esta parte del imperio, con la consiguiente ruina agrícola y económica, y, por otra parte, los efectos de la peste antonina, que causó grandes estragos en la población del Imperio. En el siglo III la zona baja estaba desierta, aunque El Pueyo continuó ocupado durante siglos y llegó a convertirse en un asentamiento fortificado en época tardoantigua y emiral.

¿Fue la antigua Tarraca?

Ninguna inscripción ha revelado todavía el nombre romano de la ciudad. El profesor Andreu considera en un 85 % que Los Bañales corresponde a la antigua Tarraca, una población que se encontraba en la ruta entre Caesar Augusta y Pompelo. La calzada romana pasaba por Segia, Tarraca y Cara; Los Bañales se encuentra a 25 kilómetros de Segia (Ejea de los Caballeros), y a otros 25 kilómetros de Cara (Santacara). La identificación es muy probable, aunque solo una inscripción con el nombre de la ciudad permitiría confirmarla de forma definitiva.

Las excavaciones

El geógrafo portugués Juan Bautista Labaña reconoció las ruinas romanas en 1610 y dibujó los pilares del acueducto, las columnas y un arco de triunfo hoy desaparecido. José Galiay excavó en el yacimiento entre 1942 y 1949, y Antonio Beltrán continuó los trabajos entre 1972 y 1979. El equipo dirigido por Javier Andreu investiga Los Bañales de forma ininterrumpida desde 2008. Las campañas desarrolladas desde entonces han permitido conocer la planta del foro, el barrio septentrional y numerosos aspectos de la vida cotidiana de la ciudad.

 

Termas de los Bañales
Termas públicas (foto: Sergio Geijo)

 

QUÉ VER EN LOS BAÑALES

Los espacios excavados y visitables corresponden a la zona monumental o pública, donde se encuentran el foro, las termas y un barrio artesano; el barrio septentrional; y el acueducto. Las visitas son libres aunque os recomendamos sin duda alguna las visitas guiadas que organiza periódicamente la Fundación Los Bañales.

EL FORO

El foro ocupa una plataforma artificial levantada sobre la ladera y orientada hacia el sureste. Desde este punto, la monumentalidad del foro quedaba expuesta a la vista de los caminantes que llegaban a la ciudad por la calzada entre Caesar Augusta y Pompelo.

La plaza medía aproximadamente 12 metros de fondo por algo más de 20 de anchura, siendo una de las plazas forenses más pequeñas de la Hispania romana. El pavimento del foro estaba cubierto por grandes losas de arenisca. En sus lados norte y oeste, el foro contaba con un pórtico doble, que protegía buena parte de la actividad pública del frío, el calor y la lluvia. Durante la reforma flavia se construyeron nuevas dependencias en el frente sur, que cerraron la plaza y dieron al foro una configuración más compacta.

La basílica ocupaba el lateral oriental. En este espacio se administraba justicia y se desarrollaban reuniones y actividades comerciales. Las columnas y otros elementos arquitectónicos estaban realizados con arenisca local recubierta por un estuco amarillo que imitaba el mármol amarillo de Numidia. Una de estas columnas se exhibe en el Centro de Interpretación de Layana.

En el extremo occidental se encontraba la curia, sede del gobierno municipal. Junto a la curia se encontraban dos espacios de culto abiertos al pórtico. El primero, de cabecera recta, estaba dedicado a la Victoria Augusta, con una imponente estatua del emperador Domiciano representado como general victorioso pisando a bárbaros germanos. Según la inscripción conservada, sus promotores fueron Marco Fabio Novo y Porcia Faventina. Los pedestales señalaban la posición de sus estatuas y de las dedicadas a otros miembros de la familia, como Porcia Germula y Lucio Fabio Placo.

El segundo recinto, reconocible por su cabecera absidada, se construyó por disposición testamentaria de Pompeya Paula y estaba dedicado a un conjunto de divinidades, probablemente a Júpiter, las Ninfas, Apolo y las Diosas Madre.

No se ha identificado ningún templo que presidiera la plaza del foro. Sin embargo, según el profesor Andreu, la propia configuración del recinto y la concentración de estatuas y pedestales conmemorativos convertían el conjunto en un espacio de exaltación de la casa imperial, un ejercicio encubierto de culto a la persona del emperador. Dos de los pedestales estaban dedicados a los nietos e hijos adoptivos del emperador Augusto, Cayo y Lucio César. Es probable que una tercera estatua estuviera dedicada al propio emperador Augusto. En el año 32 d.C. se añadió un segundo grupo de esculturas, formado por una estatua del emperador Tiberio y dos de Quinto Sempronio Vítulo.

Quinto Sempronio Vítulo fue uno de los hijos más ilustres de Los Bañales. Oficial de caballería del Ala Tauriana, llegó a ser destinado a Roma como subprefecto de la Cohors Germanorum, la guardia personal de Tiberio, convirtiéndose en uno de los oficiales más próximos al emperador. En su testamento, ordenó levantar en el foro de Los Bañales una estatua ecuestre del emperador Tiberio y otra suya. Su liberto Esopo cumplió el encargo, añadiendo una estatua más dedicada a su antiguo patrono.

A finales del siglo II d.C., se instaló un horno de panadería privado adosado al segundo contrafuerte de la plataforma sur del foro. Para su construcción, se perforaron sin miramientos los suelos de piedra de los edificios forenses para dar salida a los humos de cocción. Este atropello urbanístico ilustra a la perfección el declive y el desgobierno de la ciudad, un momento en el que los magistrados ya habían perdido toda capacidad para proteger el espacio común frente a los intereses particulares.

 

Foro de la ciudad romana de Los Bañales
Foro de Los Bañales (foto: Sergio Geijo)
Foro romano de Los Bañales
Foro romano. Curia y recintos de culto (foto: Sergio Geijo)

 

EL BARRIO SEPTENTRIONAL

El Barrio Septentrional es fácilmente identificable por las dos columnas que se levantan en el decumano. Este barrio conserva uno de los tramos urbanos más completos de Los Bañales. El decumano que atravesaba el barrio de este a oeste separaba dos espacios claramente diferenciados. Al sur se extendía la gran manzana ocupada por la Domus de doble peristilo; al norte se alineaban los locales comerciales y los talleres, transformados posteriormente en viviendas más modestas.

Los Bañales carecía de una red general de alcantarillado, por lo que el agua de lluvia y buena parte de la suciedad circulaban por las propias calles. A ambos lados de la calle discurren aceras elevadas y, para cruzar la calzada sin mojarse, dispusieron grandes bloques de piedra que funcionaban como pasos elevados para peatones.

En uno de los pequeños locales o tabernae que se abrían hacia la calle, junto a las columnas, se recuperaron objetos de oro y plata que han permitido identificarlo como una posible taberna argentaria, un establecimiento dedicado a la elaboración o venta de joyas.

En la acera septentrional apareció también un gran vertido de conchas de ostras, considerado por el profesor Andreu el mayor conjunto de ostras marinas conocido en el interior de la Tarraconense. Procedían del Cantábrico, situado a unos 200 kilómetros, y habrían sido transportadas vivas en recipientes con agua salada. Su consumo se habría producido hacia el año 190 d.C., quedando las conchas abandonadas en la calle.

 

Columnas romanas que marcan el barrio septentrional de Los Bañales
Barrio septentrional (foto: Sergio Geijo)
Calle del barrio septentrional de Los Bañales
Calle del barrio septentrional (foto: Sergio Geijo)

 

LA DOMUS DE DOBLE PERISTILO

Al sur del decumano se extiende la gran manzana ocupada por la única residencia aristocrática familiar identificada en este sector de Los Bañales. La vivienda contaba con dos patios porticados o peristilos, uno occidental de mayor tamaño y monumentalidad, y otro oriental más pequeño. El acceso principal se encontraba en el lado sur, desde una calle paralela que aún no se ha excavado. Entre ambos peristilos se ubicaba el triclinium o sala de banquetes, cuya posición permitía comunicar directamente con la frescura de ambos patios.

Aunque las dimensiones de la vivienda transmitían la elevada posición social de sus propietarios, los acabados interiores eran de bajo coste. Las habitaciones no estaban pavimentadas con mosaicos, sino con suelos de arcilla apisonada o tierra batida, y las paredes se decoraron con pinturas que imitaban lujosas placas de mármol.

 

Domus romana de los dos peristilos en Los Bañales
Domus del doble peristilo (foto: Sergio Geijo)
Domus del doble peristilo de Los Bañales
Domus del doble peristilo (foto: Sergio Geijo)

 

LAS TERMAS DE LOS BAÑALES

Las termas se levantaron hacia el año 80 d.C. y contaban con todas las estancias habituales de este tipo de establecimientos. Desde la calle se accedía a un primer vestíbulo, con bancos de piedra adosados, donde se esperaba el turno de entrada. En un segundo vestíbulo, de menores dimensiones, se encontraba el puesto del capsarius, encargado de cobrar la entrada, controlar el aforo y vigilar las pertenencias de los usuarios. Las termas eran propiedad de la ciudad, pero su explotación podía adjudicarse a una empresa privada. Los candidatos a las magistraturas locales podían sufragar el acceso de los vecinos para ganar su apoyo electoral.

La siguiente estancia era el apodyterium o vestuario, que conserva las hornacinas utilizadas para dejar la ropa, en sus paredes norte y sur. La restauración realizada en 1973 añadió también taquillas en el muro occidental. En este lugar, los bañistas utilizarían unas sandalias de madera para protegerse del suelo caliente de las siguientes salas.

Desde el vestuario se pasaba al tepidarium, una sala templada con muros especialmente gruesos para conservar la temperatura. Servía para aclimatar el cuerpo y podía utilizarse para masajes, unciones y depilación.

Adyacente a esta se encontraba el caldarium o sala caliente. Esta sala contaba con bancos de madera, una gran bañera de agua caliente o alveus, accesible mediante unos escalones, y un recipiente de mármol con agua fría —el labrum— que permitía refrescarse sin abandonar la sala. Junto al caldarium se encuentra una pequeña dependencia que pudo funcionar como sauna seca o sudatio, aunque también se ha planteado que albergara una segunda bañera caliente.

El calor de las estancias se generaba con unos hornos o praefurnia. El aire generado por los hornos circulaba bajo los pavimentos del tepidarium y el caldarium. Los suelos estaban suspendidos sobre pequeños pilares de ladrillo que dejaban libre este espacio inferior, conocido como hypocaustum. El calor ascendía también por las paredes mediante conductos de ladrillo hueco, creando una cámara calefactada alrededor de las salas.

Después del baño caliente, el usuario regresaba al tepidarium para reducir gradualmente la temperatura antes de entrar en el  frigidarium, que disponía de una pequeña piscina de agua fría. Desde allí se volvía al vestuario, antes de abandonar el recinto, totalmente relajado.

El edificio tenía capacidad para unas 60 personas. Probablemente la ciudad contaba con otros establecimientos termales, aún no localizados. El acceso no era mixto: las mujeres acudían por la mañana y los hombres por la tarde. Según indica el profesor Andreu, las mujeres podían pagar una tarifa más elevada porque durante su turno era necesario calentar nuevamente las instalaciones después de permanecer apagadas durante la noche.

Tras el abandono de la ciudad, las termas se utilizaron en época medieval como vivienda y establo. Durante esta ocupación se arrancaron los mosaicos y buena parte de las placas de mármol que revestían las salas.

 

Caldarium de las termas públicas de Los Bañales
Caldarium de las termas públicas (foto: Sergio Geijo)
Frigidarium de las termas públicas de Los Bañales
Frigidarium de las termas públicas (foto: Sergio Geijo)

 

EL ACUEDUCTO DE LOS BAÑALES

El tramo elevado del acueducto romano de Los Bañales es uno de los elementos más característicos del yacimiento. Atraviesa la hondonada situada al este de la ciudad romana. De los 85 pilares que tuvo originalmente se conservan 32, separados por intervalos regulares de unos 4,5 metros.

Los pilares se levantaron con grandes sillares de arenisca local, cuya altura se adaptaba al desnivel del terreno para mantener la suave pendiente de la conducción. En su construcción no se emplearon grandes arcos de piedra, sino que tendieron vigas para sostener el canal de madera.

Los encajes de aquella estructura de madera todavía pueden reconocerse en la parte superior de los pilares. Un orificio abierto en el antepenúltimo sillar permitía introducir un travesaño de madera que atravesaba el soporte de lado a lado. En sus extremos se apoyaba un sistema de puntales oblicuos que se prolongaba hacia los vanos situados a ambos lados del pilar. Los puntales convergían en apoyos intermedios colocados bajo la conducción, reduciendo la distancia que debía salvar sin soporte y evitando que se combara bajo el peso del agua.

Sobre los pilares discurría un dintel longitudinal de madera, encajado en el rebaje en forma de U del sillar de coronación. Un clavo introducido en el orificio vertical conservado en la piedra fijaba la estructura al pilar. Sobre este entramado descansaba un gran cajón de madera que formaba la conducción. El agua pudo circular directamente por su interior, aunque probablemente lo hacía por una tubería de plomo o cerámica alojada dentro del cajón.

 

recreación digital del acueducto de Los Bañales
Recreación digital del acueducto de Los Bañales (Chatgpt/Sergio Geijo, basada en la propuesta de Viartola y Tutor)

 

El agua procedía de un manantial, hoy desaparecido, situado al norte de Puy Foradado. En el paraje de Cubalmena, dentro del actual término municipal de Biota, una presa cerraba el valle y formaba un embalse regulador, alimentado por el manantial y el agua de lluvia. Desde allí, partía el acueducto, excavado en la roca, bordeando y perforando lateralmente Puy Foradado. Al alcanzar la vaguada, el canal continuaba sobre los pilares en dirección a la ciudad.

En once puntos aparecen las marcas «L4», «LM» y «L4M», grabadas sobre los sillares. Estas inscripciones identifican a la Legio IV Macedonica como responsable de la construcción del acueducto.

En algunos pilares pueden verse cruces grabadas durante la Edad Media. No pertenecen a la construcción romana, sino que se crearon para cristianizar una obra que la tradición popular atribuía al diablo. Según la leyenda local, una joven, cansada de acarrear agua, le prometió su alma si conseguía llevarla desde la Fuente del Diablo de Malpica hasta Los Bañales antes de que cantara el gallo. Cuando solo faltaba la última piedra, la muchacha acercó un candil al animal para hacerle creer que estaba amaneciendo. El gallo cantó, el diablo creyó que había perdido la apuesta y abandonó la obra. Las cruces pretendían neutralizar así el origen demoníaco que la tradición atribuía al acueducto.

 

Acueducto romano de Los Bañales
Acueducto romano de Los Bañales (foto: Sergio Geijo)
Pilares del acueducto romano de Los Bañales
Acueducto romano de Los Bañales (foto: Sergio Geijo)

 

CENTRO DE INTERPRETACIÓN «ROMA EN LAS CINCO VILLAS: LOS BAÑALES»

El centro abrió en 2023 y exhibe piezas procedentes de las excavaciones. Entre las inscripciones sobresale el pedestal dedicado a Lucio César, hijo adoptivo de Augusto, fechado entre el 12 a. C. y el 2 a. C. y el conjunto relacionado con Quinto Sempronio Vítulo.

La arquitectura del foro está representada por una columna de la basílica reconstruida mediante anastilosis. La colección escultórica incluye fragmentos de una estatua thoracata de Domiciano, tallada en mármol de Carrara, que representaba al emperador como general victorioso, con enemigos germanos a sus pies. Junto a ella se expone un pequeño altar cilíndrico dedicado a la Victoria.

 

Centro de Interpretación de Los Bañales
Centro de Interpretación de Los Bañales (foto: Sergio Geijo)
Centro de Interpretación de Los Bañales
Centro de Interpretación de Los Bañales (foto: Sergio Geijo)

 

LOS BAÑALES EN IMÁGENES

Hemos reunido en Flickr las fotografías tomadas durante nuestra visita a Los Bañales. El álbum permite recorrer con mayor detalle el foro, el barrio septentrional, la domus de doble peristilo, las termas, el acueducto y las piezas expuestas en el Centro de Interpretación de Layana.

Ver el álbum completo de Los Bañales en Flickr

 

 VISITAS CERCANAS

En los alrededores de Los Bañales podemos visitar otros importantes vestigios romanos. Junto a Sádaba se conservan dos mausoleos vinculados con las grandes propiedades rurales del territorio de la ciudad. A unos 35 kilómetros, en Santacara, se encuentran las ruinas de la ciudad romana de Cara.

MAUSOLEOS ROMANOS DE SÁDABA

A unos 5 kilómetros, en Sádaba, se encuentran dos monumentos funerarios. El mausoleo de los Atilios, situado a 2 kilómetros de Sádaba en dirección a Uncastillo, conserva la fachada de un sepulcro-templo de arenisca. Atilia Festa lo levantó para ella misma, su padre Lucio Atilio Festo y su abuelo Cayo Atilio Genial. Los arcos, pilastras, guirnaldas, águilas y cabezas de Medusa muestran el rango de una familia de la élite rural. La cronología más aceptada lo sitúa en la primera mitad del siglo II.

El mausoleo de la Sinagoga pertenece al siglo IV. Tiene planta cruciforme con exedras y está relacionado con una villa situada unos 100 metros al oeste.

SANTACARA

Santacara se encuentra aproximadamente a 35 kilómetros de Los Bañales. En el extremo meridional de la localidad se conservan las ruinas de un barrio de la ciudad romana de Cara, la siguiente ciudad de la vía romana hacia Pompelo.

 

ARTÍCULOS RELACIONADOS.
Los mausoleos romanos de Sádaba. viatorimperi.es/sadaba
La ciudad romana de Cara. viatorimperi.es/santacara

 

MÁS INFORMACIÓN
FUNDACIÓN LOS BAÑALES. losbanales.es

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