Illes Formigues II, un barco romano de salazones de la Bética

pecio romano Illes Formigues II
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Frente a la costa del Baix Empordà (Girona), entre Palafrugell y Palamós, las islas Formigues forman un pequeño archipiélago de dieciséis islotes rocosos. Al sudeste de ellos, a unos 300 metros del Foralló de Fora y 46 metros bajo la superficie del mar, descansa un mercante romano que naufragó a finales del siglo I a.C.

El pecio, conocido como Illes Formigues II, transportaba ánforas cargadas con conservas y salsas de pescado procedentes de la Bética. La conservación del barco, las ánforas, su disposición dentro de la bodega y parte de los alimentos es un hito único. El yacimiento constituye uno de los ejemplos más tempranos y mejor conservados del tráfico comercial en época romana en el Mediterráneo occidental y es el único conocido con estas características en el litoral catalán.

En julio de 2026, Illes Formigues II se convirtió además en el primer yacimiento arqueológico subacuático de Cataluña declarado Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN), en la categoría de Zona Arqueológica.

 

EL ÚLTIMO VIAJE DE ILLES FORMIGUES II

El Illes Formigues II era una nave mercante romana que procedía de la Bética y,  gracias a su cargamento, podemos fechar su naufragio en época augustea, en el último cuarto del siglo I a.C.

El barco había partido  con un cargamento de conservas y salsas de pescado, distribuido principalmente en ánforas de los tipos Dressel 7, Dressel 10 y Dressel 12. No se conoce el puerto concreto de salida ni tampoco su destino final. Los investigadores consideran que, por la composición de la carga, las dimensiones de la nave y el lugar donde se produjo el hundimiento, probablemente se dirigía hacia uno de los grandes puertos del sur de la Galia, Narbo Martius (Narbona) o Arelate (Arlés). Desde esta última, las mercancías podían incorporarse al eje Ródano-Rin y continuar hacia los mercados del interior y las zonas militares de la frontera germana.

El naufragio del barco se produjo junto a las islas Formigues, un conjunto de islotes, de escaso calado que, con mala mar o poca visibilidad, resultan difíciles de distinguir. Tras su hundimiento, el mercante terminó sobre un fondo arenoso, a casi cincuenta metros de profundidad. Parte de la nave y de su cargamento quedaron cubiertos en el fondo marino, favoreciendo así la conservación de las estructuras de madera y de los materiales orgánicos.

 

Islas Formigues
Islas Formigues (foto: Visita Costa Brava)

 

EL DESCUBRIMIENTO DEL PECIO

En 2010, el submarinista Jaume Soler descubrió un conjunto de ánforas a gran profundidad junto a las islas Formigues. La información facilitada a las Autoridades permitió incorporar el lugar a la Carta Arqueológica Subacuática de Catalunya con el nombre de Illes Formigues II, aunque entonces aún no se conocía la extensión y las características del yacimiento.

Seis años después, en octubre de 2016, el Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC) regresó a la zona durante una campaña de revisión de la Carta Arqueológica del Baix Empordà. Con la colaboración del propio Jaume Soler y del submarino tripulado Ictineu 3, los arqueólogos localizaron el pecio. Sobre el fondo marino sobresalían numerosos restos del cargamento.

Los arqueólogos identificaron 29 cuellos de ánfora que emergían de la arena, algunos todavía en posición vertical y alineados. También aparecieron tres pivotes —los extremos inferiores de las ánforas, posiblemente pertenecientes a recipientes completos enterrados en posición invertida— y cuatro cuerpos de ánfora casi totalmente visibles, además de varios fragmentos de sus paredes. En conjunto, aquella primera prospección permitió reconocer al menos 36 ánforas que podían conservarse prácticamente completas.

Lo verdaderamente significativo era la disposición de algunos de aquellos recipientes. Los cuellos que sobresalían de la arena prácticamente en vertical y de forma correlativa eran señal de que las ánforas podían conservarse en la posición en la que habían sido estibadas dentro de la bodega. Al menos una mantenía incluso el opérculo cerámico que cerraba el recipiente. Las primeras identificaciones correspondieron a ánforas béticas de la familia Dressel 7/11. Los arqueólogos intuyeron además que bajo aquel cargamento podía conservarse también la estructura de madera del barco.

El interés del hallazgo llevó al CASC a ampliar en 2017 la excavación del pecio. La primera campaña intervino sobre un área de 5 × 5 metros y confirmó las expectativas: bajo las ánforas aparecieron las maderas del casco. Illes Formigues II conservaba así dos elementos que rara vez habían podido estudiarse conjuntamente en un pecio romano de la costa catalana: parte de la propia embarcación y buena parte de su cargamento. Por desgracia, la intervención constató también que el yacimiento ya había sido objeto de expolios.

Desde entonces, las sucesivas campañas han descubierto diferentes partes de la nave. Hasta 2025 se habían excavado más de 50 m², principalmente en la zona de popa y en el costado de babor, avanzando desde los distintos niveles de ánforas hasta las estructuras de madera situadas bajo la carga.

 

pecio romano Illes Formigues
Pecio romano Illes Formigues II (foto: CASC)

 

EL BARCO ILLES FORMIGUES II

Aunque las dimensiones completas de la nave todavía son una estimación, los arqueólogos calculan que tendría entre 20 y 22 metros de eslora y una manga mínima de 5,4 metros. Su arquitectura naval responde a la tradición constructiva itálica propia de este periodo.

El barco se construyó siguiendo el sistema denominado a casco primero. Los carpinteros comenzaban formando el casco mediante tablas unidas entre sí con mortajas, lengüetas y clavillas de madera; posteriormente incorporaban las cuadernas y otros elementos interiores que reforzaban la estructura. En Illes Formigues II se conservan partes de la quilla, las cuadernas, las tablas del casco y el pañol, el entarimado de madera situado en el interior de la nave sobre el que se organizaba el cargamento.

La conservación de estas estructuras junto con las ánforas constituye una de las principales singularidades del pecio. No solo permite estudiar cómo estaba construido el mercante, sino también la relación entre la forma del casco y la distribución de las mercancías dentro de la bodega.

Uno de los elementos más interesantes apareció en 2022, cuando los arqueólogos localizaron el denominado rayo de Júpiter, el complejo ensamblaje de madera que unía la quilla con la roda de popa. Su nombre procede de la característica forma quebrada de la unión.

También se han identificado varios componentes de la bomba de achique utilizada para evacuar el agua acumulada en la sentina. Se conservan tablas pertenecientes a la caja de recogida, un eje, dos cojinetes de bronce, dos émbolos de madera y un fragmento del tubo de plomo por el que el agua era conducida hasta la altura de la cubierta.

 

Illes Formigues II
Illes Formigues II (foto: CASC)

 

EL CARGAMENTO DE SALAZONES DE LA BÉTICA

Sobre las maderas de Illes Formigues II se conservaba buena parte de la carga que transportaba el mercante en su último viaje. Hasta 2025, los arqueólogos habían identificado y registrado 260 ánforas, de las que 85 se habían recuperado de forma completa. A ellas se suman numerosos bordes, asas, pivotes y opérculos, las tapas cerámicas utilizadas para cerrar los recipientes.

Las ánforas extraídas se trasladan al laboratorio del CASC, donde se someten a procesos de desalación antes de su estudio y conservación.

El cargamento del pecio romano estaba formado principalmente por tres tipos de ánforas producidas en la Bética: Dressel 7, Dressel 10 y Dressel 12. Muchas permanecían en la posición en la que habían sido colocadas antes de iniciar el viaje, y gracias a ello podemos reconstruir cómo se organizaba la bodega. Las ánforas ocupaban dos niveles superpuestos y probablemente llegaban a formar un tercero en algunos sectores.

Infografía sobre los tipos de ánforas del pecio romano Illes Formigues II

Las Dressel 7, las más numerosas, se distribuían principalmente junto a los costados y hacia los extremos de la nave, donde su tamaño permitía adaptarlas al progresivo estrechamiento y a la curvatura del casco. Algunas formaban también un segundo nivel sobre las Dressel 10. Estas últimas eran más pesadas y se colocaron directamente sobre el pañol, principalmente en la zona central y siguiendo el eje longitudinal del barco. De este modo, las ánforas de mayor peso quedaban próximas al centro de gravedad de la embarcación. Las Dressel 12, más altas y fusiformes, ocupaban igualmente sectores centrales de la bodega, tanto a babor como a estribor, donde disponían de mayor altura.

La disposición revela que la estiba había sido cuidadosamente preparada. La forma, el tamaño y el peso de cada tipo de ánfora determinaron su posición dentro de la bodega, aprovechando el espacio disponible y distribuyendo la carga de acuerdo con la geometría del barco.

Pero Illes Formigues II permite conocer algo todavía más excepcional: qué contenían aquellos recipientes. Una vez recuperadas, las ánforas son vaciadas y sus contenidos se criban y analizan mediante diferentes disciplinas. Los restos de peces, semillas y otras evidencias conservadas en su interior han permitido identificar varios de los productos que viajaban desde la Bética.

Las Dressel 7 transportaban caballa del Atlántico (Scomber colias), probablemente preparada en salazón. En algunas ánforas se han encontrado espinas todavía en posición anatómica y adheridas al revestimiento interior del recipiente. Las Dressel 10 contenían principalmente pequeños jureles del género Trachurus, que pudieron viajar en salazón o enteros dentro de una salsa. Asociados a estos preparados se han identificado también pepitas de uva y huesos de aceituna, empleados como condimentos.

El contenido de las Dressel 12 era diferente. En ellas no se han encontrado restos de peces de tamaño apreciable, una ausencia sistemática que ha llevado a los investigadores a proponer que transportaban una salsa de pescado líquida y muy filtrada.

Los análisis de las ánforas han proporcionado además uno de los hallazgos más singulares del pecio. Parte de los recipientes estaban impermeabilizados interiormente con resina de jara negra (Cistus monspeliensis). La identificación de esta planta como revestimiento de ánforas destinadas al transporte de productos pesqueros constituye, según la documentación oficial del yacimiento, un uso hasta ahora inédito.

 

ánforas del pecio romano Illes Formigues II
Ánforas del pecio Illes Formigues II (foto: Teddy Seguin / CASC)

 

INVESTIGACIÓN Y PROTECCIÓN DEL PECIO

Trabajar sobre Illes Formigues II presenta una dificultad fundamental: la profundidad. Cada arqueólogo realiza dos inmersiones al día y dispone, entre ambas, de un máximo de 45 minutos de tiempo de fondo. Para esos 45 minutos de trabajo, necesita otros 64 minutos solo en paradas de descompresión durante el ascenso.

A ello se añaden las condiciones del lugar. El pecio se encuentra en la parte exterior de las islas Formigues, expuesto a la tramontana, el lebeche y el levante, además del oleaje y de fuertes corrientes que pueden llegar a impedir los trabajos.

Al finalizar cada campaña, las zonas excavadas vuelven a cubrirse con el sedimento retirado, lonas y sacos de arena. De esta forma se protegen las estructuras que han quedado al descubierto, mientras una parte considerable del barco y de su cargamento continúa enterrada bajo el fondo marino.

En 2025, el proyecto de Illes Formigues II fue reconocido por la UNESCO como Ejemplo de Mejores Prácticas de Patrimonio Cultural Subacuático, dentro de la Convención de 2001. La distinción reconoce el trabajo desarrollado en la investigación, conservación, protección y difusión del pecio, y no supone su inclusión en la Lista del Patrimonio Mundial.

El 28 de julio de 2026, el Govern de Catalunya declaró Illes Formigues II Bien Cultural de Interés Nacional, en la categoría de Zona Arqueológica, convirtiéndolo en el primer yacimiento arqueológico subacuático de Cataluña que recibe esta protección. La zona protegida comprende el barco y su cargamento, el área donde se encuentran materiales dispersos y un espacio alrededor del yacimiento destinado a preservar posibles restos todavía no identificados.

La declaración prohíbe extraer o manipular restos arqueológicos, realizar dragados y desarrollar actividades que puedan alterar el yacimiento. Las inmersiones tampoco pueden implicar contacto físico con el pecio ni el empleo de herramientas o equipos susceptibles de dañarlo.

Illes Formigues II no está abierto como yacimiento arqueológico visitable. Su conocimiento público se realiza a través de los materiales recuperados durante las excavaciones, las imágenes y modelos digitales obtenidos en las campañas y los recursos desarrollados para acercar el pecio al público sin poner en riesgo su conservación

 

Illes Formigues II
Illes Formigues II (foto: ACN)

 

 

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MÁS INFORMACIÓN
Centro de Arqueología Subacuática de Catalunya (CASC). web

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