La segunda destrucción de Pompeya. El bombardeo aliado de 1943

Bombardeo de Pompeya en 1943
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Pompeya está indisolublemente asociada a la erupción del Vesubio del año 79 d.C., cuando la ciudad desapareció bajo un manto de lapilli, ceniza y depósitos generados por las corrientes piroclásticas. Sus calles y edificios quedaron sepultados bajo varios metros de materiales volcánicos. Aquella terrorífica destrucción, de manera paradójica, legó a la posteridad una ciudad romana conservada de forma excepcional.

Casi diecinueve siglos después, en 1943, Pompeya volvió a ser alcanzada por una fuerza destructiva. Pero esta vez el causante no fue la Naturaleza, sino la mano del hombre y su tecnología bélica.

Entre la noche del 24 de agosto y el 26 de septiembre de 1943, durante la campaña aliada en el sur de Italia, numerosos bombarderos británicos, canadienses y estadounidenses atacaron las carreteras, vías férreas y centros industriales situados alrededor de Torre Annunziata. Algunas de las bombas cayeron sobre el yacimiento de la antigua ciudad de Pompeya, destruyendo edificios, pinturas, pavimentos y colecciones arqueológicas.

Los primeros recuentos realizados tras los ataques aéreos registraron alrededor de 160 o 170 bombas en el área arqueológica. Investigaciones posteriores, basadas en partes de vuelo, fotografías aéreas y mapas de impactos, han propuesto que el número de bombas que explotaron dentro de las antiguas murallas pudo alcanzar o superar las doscientas. En total, durante el período de los ataques aéreos, las fuerzas aliadas arrojaron al menos 5.200 bombas (más de 830 toneladas de explosivos) sobre el área de operaciones situada alrededor de Torre Annunziata y Pompei.

Las explosiones en Pompeya alcanzaron el Foro, el Antiquarium, el Templo de Apolo, el teatro, la Casa del Fauno, la Casa de Salustio, la Casa de Triptolemos y numerosos edificios de la Via dell’Abbondanza.

La primera destrucción sepultó Pompeya bajo los materiales del Vesubio y, paradójicamente, permitió conservarla durante casi dos mil años. La segunda destruyó una parte de aquello que la arqueología había conseguido devolver a la luz.

 

Bombardero B-25 Mitchell lanzando bombas sobre Italia en 1943
Bombardero B-25 Mitchell (foto: US National Archives)

 

ITALIA EN GUERRA Y LA OFENSIVA ALIADA DE 1943

Durante el verano de 1943, el Mediterráneo central se convirtió en uno de los principales escenarios de la Segunda Guerra Mundial. El 10 de julio, las fuerzas aliadas desembarcaron en Sicilia (Operación Husky). La invasión aceleró la crisis del régimen fascista y el 25 de julio Benito Mussolini fue destituido y detenido.

El nuevo gobierno italiano, dirigido por el mariscal Pietro Badoglio, inició negociaciones secretas con los Aliados, firmando el armisticio el 3 de septiembre y anunciándolo el día 8. La reacción alemana fue inmediata. Las tropas de la Wehrmacht ocuparon puntos estratégicos, desarmaron a las unidades italianas y asumieron el control efectivo de buena parte de la península itálica.

El 9 de septiembre los Aliados desembarcaron en el golfo de Salerno (Operación Avalanche), con el objetivo de establecer una cabeza de puente en la Italia continental, avanzar hacia Nápoles y obligar a las fuerzas alemanas a retirarse hacia el norte. La operación estuvo a punto de fracasar. Las divisiones acorazadas y las unidades alemanas opusieron una férrea resistencia, obligando al repliegue aliado.

 

Operación Avalanche. Raid nocturno en el Golfo de Salerno
Operación Avalanche, septiembre 1943. Raid nocturno en el Golfo de Salerno (foto: U.S. Navy)

 

En los días posteriores al desembarco, la aviación y la artillería naval aliada actuaron intensamente para sostener a las tropas situadas en las playas e impedir la llegada de refuerzos alemanes al campo de batalla. La llanura comprendida entre Nápoles, el Vesubio y Salerno estaba atravesada por una densa red logística y de comunicaciones. Carreteras, vías férreas y enlaces secundarios conectaban Nápoles, Castellammare di Stabia, Torre Annunziata, Pompei y los accesos al golfo de Salerno. Estas rutas eran utilizadas por las fuerzas alemanas para desplazar tropas, vehículos, combustible y municiones.

Torre Annunziata, situada al oeste de Pompeya, concentraba varios objetivos de gran valor estratégico. Allí convergían importantes enlaces ferroviarios, carreteras e instalaciones industriales como la siderúrgica ILVA, uno de los principales complejos metalúrgicos del sur de Italia. Todo ello convertía la ciudad en un nudo esencial para el transporte de tropas, combustible, municiones y suministros hacia el frente de Salerno.

El 13 de septiembre, la situación aliada en Salerno se volvió especialmente delicada, por lo que los Aliados intensificaron los ataques aéreos. Bombarderos estadounidenses atacaron durante el día, mientras formaciones británicas y canadienses lo hicieron durante la noche.

La antigua Pompeya quedó atrapada entre esos corredores militares. El yacimiento carecía de valor estratégico por sí mismo, pero se encontraba junto a las comunicaciones que los Aliados consideraban esenciales para la movilidad y el abastecimiento de las fuerzas alemanas.

 

bombardeo aliado sobre Pompeya el 14 de septiembre de 1943
Bombardeo aliado sobre las infraestructuras situadas al oeste de Pompeya, 14 de septiembre de 1943 (US National Archives)

 

¿POR QUÉ FUE BOMBARDEADA POMPEYA?

Durante décadas circularon varias explicaciones. Se afirmó que las ruinas habían sido utilizadas por los alemanes como campamento, con la instalación de tropas y depósitos de municiones ocultos bajo las cubiertas de las casas antiguas. También se habló de la existencia de carros de combate estacionados cerca de la Villa de los Misterios y de un puesto de mando alemán instalado en un hotel próximo a Porta Marina.

La presencia ocasional de soldados y vehículos alemanes en las inmediaciones del yacimiento está recogida en testimonios de la época. Sin embargo, los estudios realizados a partir de los partes operativos de la Royal Air Force, la Royal Canadian Air Force y las fuerzas aéreas estadounidenses muestran que la antigua ciudad no figuraba como el objetivo principal de las misiones.

Pompeya era empleada como una referencia geográfica, fácilmente reconocible, para localizar cruces, carreteras y pasos ferroviarios. Los mapas elaborados a partir de fotografías tomadas durante las misiones confirman que las mayores concentraciones de bombas se extendieron sobre Torre Annunziata, los corredores de transporte y las áreas industriales situadas cerca del yacimiento.

Los objetivos eran militares y logísticos, pero la proximidad de Pompeya hacía evidente el peligro. Las bombas se lanzaban desde miles de metros de altura y la precisión podía ser limitada. El humo, las nubes, la oscuridad, las baterías antiaéreas y los errores de navegación no hacían sino aumentar la dificultad para identificar correctamente los blancos.

Entre el 24 de agosto y el 26 de septiembre de 1943, las fuerzas aéreas aliadas arrojaron al menos 5.200 bombas (más de 830 toneladas de explosivos) sobre el área de operaciones situada alrededor de Torre Annunziata y Pompei. El yacimiento arqueológico quedó dentro de ese espacio y fue alcanzado accidentalmente por alrededor de dos centenares de ellas.

Pompeya fue, por tanto, una víctima, un daño colateral de un bombardeo dirigido contra infraestructuras militares y logísticas cercanas.

 

Anfiteatro romano de Pompeya con un cráter producido por el bombardeo aliado de 1943
Cráter de una bomba en el anfiteatro de Pompeya. Tomada el 4 de noviembre de 1943 (foto: US National Archives)

 

CRONOLOGÍA DE LOS ATAQUES

El primer ataque que causó daños graves en Pompeya tuvo lugar durante la noche del 24 al 25 de agosto de 1943. Hacia las diez de la noche, bombarderos Wellington británicos y canadienses atacaron el área de Torre Annunziata. Los impactos más destructivos alcanzaron el Foro, la Casa de Rómulo y Remo y el Museo Pompeiano, situado junto a Porta Marina.

Al día siguiente, Maiuri, Soprintendente de Antigüedades de Campania y máximo responsable arqueológico de Pompeya, envió un fonograma a la Dirección General de Antigüedades y Bellas Artes solicitando la intervención de países neutrales para impedir que continuaran los ataques contra un monumento que consideraba patrimonio de toda la humanidad. La coincidencia con el 24 de agosto, fecha tradicionalmente vinculada a la erupción del año 79 d.C., otorgó al episodio una dimensión aun más trágica.

Durante la noche del 29 al 30 de agosto se produjeron nuevos ataques contra Torre Annunziata. Las nubes dificultaron la identificación de los blancos y, aunque algunas bombas cayeron cerca del yacimiento, los diarios de daños no registraron impactos significativos dentro de Pompeya.

La fase más destructiva comenzó el 13 de septiembre, cuatro días después del desembarco aliado en Salerno. A última hora de la tarde, 36 B-25 Mitchell del 310.º Grupo de Bombardeo y 35 B-26 Marauder del 319.º atacaron los cruces viarios y ferroviarios situados entre Torre Annunziata y Pompei, con el propósito de interrumpir las comunicaciones utilizadas por las fuerzas alemanas. Las tripulaciones observaron también numerosos vehículos en las carreteras y afirmaron haber alcanzado algunos de ellos.

Las fotografías tomadas durante la misión del 310.º Grupo muestran que numerosas bombas rebasaron los blancos y cayeron sobre Pompeya. Un plano elaborado posteriormente por sus oficiales de inteligencia señaló alrededor de 64 impactos dentro del recinto amurallado, la mayoría en áreas excavadas de la mitad occidental, aunque algunos alcanzaron sectores todavía cubiertos por los depósitos volcánicos al norte de la Via dell’Abbondanza. Los informes italianos registraron 25 puntos dañados durante las dos incursiones de aquella tarde, todos ellos en el sector occidental de Pompeya.

Durante la noche del 13 al 14 de septiembre se produjo una segunda acción de enorme intensidad. Noventa y un bombarderos Vickers Wellington de la Royal Air Force y la Royal Canadian Air Force atacaron la red de carreteras situada al este de Pompei. Entre las bombas empleadas había artefactos de 113 y 227 kg, algunos de 454 kg y un número reducido de grandes bombas de 1,8 toneladas, conocidas por los británicos como blockbusters. Diseñadas para producir una enorme onda expansiva, podían arrasar amplias superficies urbanas.

Los ataques continuaron durante los días siguientes. El 14 de septiembre, bombarderos pesados B-17 Flying Fortress de los 97.º y 99.º Grupos de Bombardeo atacaron nuevamente los cruces de carreteras y las vías de comunicación de Torre Annunziata. Al día siguiente, los B-25 Mitchell del 310.º Grupo de Bombardeo volvieron a bombardear el mismo sector con varios centenares de bombas de 136 kg. Durante la noche del 15 al 16 de septiembre, los Wellington británicos y canadienses realizaron una nueva incursión contra las carreteras y enlaces ferroviarios del área.

Entre el 13 y el 16 de septiembre, Pompeya quedó repetidamente bajo la trayectoria de las formaciones aliadas que atacaban el gran nudo logístico de Torre Annunziata. Fue el periodo en el que el yacimiento arqueológico sufrió la mayor parte de los daños ocasionados por la guerra.

Maiuri recordó aquellos días como un martirio casi continuo que se prolongó durante la segunda mitad de septiembre, entre alarmas, incursiones diurnas y nocturnas y el resplandor de las bengalas.

El 26 de septiembre concluyeron los ataques aéreos y tres días después, el 29 de septiembre, las tropas angloestadounidenses entraron en Pompeya. La ocupación aliada del sector permitió comenzar una evaluación más sistemática de los daños ocasionados.

 

Daños de la insula occidentalis en la Regio VII de Pompeya tras los bombardeos aliados de 1943
Daños en la insula occidentalis. Regio VII de Pompeya (foto: Parco Archeologico di Pompei)

 

AMEDEO MAIURI FRENTE A LA GUERRA

Amedeo Maiuri había asumido la dirección de las antigüedades de Campania en 1924 y durante las décadas siguientes se convirtió en una de las figuras más influyentes de la arqueología italiana. Bajo su dirección se excavaron amplios sectores de Pompeya, Herculano y otros enclaves vesubianos; se acometieron restauraciones, se ampliaron recorridos públicos y se reorganizaron las colecciones. Su trabajo transformó profundamente la presentación moderna de Pompeya.

Desde finales de 1942, Maiuri era consciente del peligro que representaba la guerra. Los bombardeos aliados sobre Nápoles y los centros industriales del golfo demostraban que el conflicto se acercaba peligrosamente a Pompeya y que las posibilidades de proteger un yacimiento arqueológico de decenas de hectáreas eran muy reducidas. Los trabajadores del yacimiento comenzaron a retirar los objetos más vulnerables. Estatuas, hermas y pequeños elementos decorativos de casas como la de los Vettii, Marco Lucrecio y Loreio Tiburtino fueron desmontados y trasladados a lugares considerados más seguros.

Maiuri intentó también reducir los riesgos derivados de la presencia militar alemana. Cuando supo que soldados y vehículos se habían instalado cerca de la Villa de los Misterios, envió a uno de sus colaboradores para convencer a los mandos alemanes de que abandonaran la zona. Temía que la presencia de tropas convirtiera la villa en un objetivo para la aviación aliada y pusiera en peligro sus célebres pinturas.

Por desgracia, su margen de actuación era escaso. Ni disponía de refugios capaces de proteger edificios completos ni podía controlar las decisiones de los mandos alemanes o aliados.

El 15 de septiembre, mientras trataba de llegar a Nápoles en bicicleta durante una incursión aérea, Maiuri resultó herido en la pierna izquierda. Hospitalizado en Torre del Greco, no pudo volver a Pompeya hasta mediados de noviembre.

Tras su regreso, participó en la inspección del yacimiento y en la elaboración de los primeros inventarios. Más de un centenar de edificios habían sufrido daños de distinta gravedad. En el Museo Pompeiano, los recuentos registraron la destrucción de 1.378 objetos, además de numerosos materiales fragmentados o deformados que pudieron recuperarse entre los escombros.

Su testimonio, recogido posteriormente en el Taccuino napoletano, conserva la percepción inmediata de la catástrofe. Su informe es la memoria de quien observó cómo décadas de excavaciones y siglos de historia desaparecían bajo las explosiones.

 

Casa de la Reina Margarita de Pompeya tras el bombardeo aliado de 1943
Casa de la reina Margarita — V.2.1. (foto: Parco Archeologico di Pompei)

 

LA DESTRUCCIÓN DE POMPEYA

Cuando el personal de Pompeya pudo recorrer el yacimiento después de las incursiones se encontró con una sucesión de cráteres, muros abiertos, cubiertas hundidas y habitaciones sepultadas bajo sus propios escombros. La dispersión de los impactos mostraba hasta qué punto las bombas dirigidas contra carreteras, ferrocarriles e instalaciones próximas habían penetrado en el interior de la antigua ciudad romana.

Los daños más graves se concentraban en la mitad occidental, la más cercana a Torre Annunziata y a los principales enlaces de transporte. Desde Porta Marina hasta el Foro, algunos de los espacios más conocidos de Pompeya habían quedado irreconocibles.

EL ANTIQUARIUM

El Museo Pompeiano, situado junto a la entrada de Porta Marina, fue uno de los primeros edificios alcanzados. La incursión del 24 de agosto destruyó parte de sus salas y sepultó vitrinas, objetos y materiales arqueológicos. El museo volvió a sufrir daños durante los ataques de septiembre.

EL ÁREA DEL FORO

El Foro, corazón político, religioso y comercial de Pompeya, también sufrió las consecuencias de los bombardeos. Varias explosiones afectaron al entorno de sus monumentos y a diversas estructuras levantadas o restituidas durante las excavaciones.

El cercano Templo de Apolo recibió varios impactos. Su estructura antigua resistió mejor que la de otros edificios, pero el pórtico, varios elementos reconstruidos y los cobertizos donde se conservaban revestimientos arquitectónicos de terracota resultaron dañados. Los arqueólogos lograron recuperar numerosos fragmentos, aunque parte de la información sobre su disposición original se perdió.

Los daños fueron mucho mayores en la cercana Casa de Triptólemo. El atrio, el peristilo y varias habitaciones quedaron hundidos bajo una masa de piedras, tejas y fragmentos arquitectónicos.

LAS CASAS DEL FAUNO Y DE SALUSTIO

Más al norte, las bombas alcanzaron algunas de las residencias más importantes de la Regio VI. En la Casa del Fauno, una explosión destruyó buena parte del atrio tetrástilo secundario y varias habitaciones próximas. Tres de sus cuatro columnas quedaron derribadas. También desaparecieron paredes pintadas y sectores de pavimento pertenecientes a una de las viviendas aristocráticas más extensas de la ciudad. Un informe de la Subcomisión Aliada de Monumentos, Bellas Artes y Archivos calificó estos daños como la pérdida individual más grave sufrida por una vivienda de Pompeya.

La cercana Casa de Salustio perdió el pequeño pórtico posterior y varias habitaciones. La pintura de Acteón atacado por los perros de Diana quedó parcialmente destruida. Su aspecto anterior es conocido gracias a dibujos, fotografías y a un modelo de corcho realizado antes de la guerra, pero una parte de la superficie pictórica romana conservada desde la erupción del año 79 d.C. desapareció para siempre.

 

Casa del Fauno tras el bombardeo aliado de 1943
Casa del Fauno, atrio tetrástilo secundario — VI.12. (foto: Parco Archeologico di Pompei)

 

LA CASA DE LOS VETTII

La destrucción alcanzó también la Casa de los Vettii. Una bomba cayó junto al ángulo noroccidental del peristilo, aunque los daños fueron mucho menores y las principales pinturas sobrevivieron. La proximidad del impacto pone de manifiesto hasta qué punto algunas de las obras más célebres de Pompeya escaparon por muy poco a una pérdida irreparable.

LA VIA DEL VESUBIO Y LA DE LA ABBONDANZA

En otros puntos, las bombas golpearon directamente las calles. En la Via del Vesuvio, entre la Casa del Fauno y la Casa de Lucio Cecilio Jocundo, la explosión levantó partes de la calzada, desplazando grandes bloques y derribando fachadas. Ese tramo reflejaba el aspecto que presentaban numerosos sectores de Pompeya: las calles seguían marcando el trazado de la ciudad romana, pero ahora discurrían entre montones de escombros.

La destrucción continuaba hacia el este siguiendo la Via dell’Abbondanza. En la Casa de Trebio Valente, el bombardeo arruinó parte de las habitaciones y destruyó su célebre fachada. Antes de 1943, aquella pared conservaba una extraordinaria acumulación de anuncios electorales y avisos de espectáculos, uno de los conjuntos de inscripciones pintadas más importantes conservados del mundo romano. Solo una pequeña parte sobrevivió.

En la Casa de Loreio Tiburtino, conocida también como Casa de Octavio Quartio, resultaron destruidos parte del atrio, varias habitaciones y un gran salón decorado. La Casa del Moralista y la Casa de Ifigenia sufrieron asimismo daños importantes. En esta última, la explosión destruyó el ala occidental del peristilo, tres habitaciones y parte de la decoración del triclinio.

LA ESCUELA DE GLADIADORES

La Schola Armaturarum, situada también junto a la Via dell’Abbondanza, perdió parte de su muro occidental y varias pinturas del cuarto estilo. Entre ellas se encontraba una composición relacionada con trofeos militares. El edificio había sido excavado pocas décadas antes y su función sigue siendo objeto de debate. Entre las distintas propuestas figura su utilización como sede de una asociación, lugar de formación de jóvenes o edificio destinado a la custodia y exhibición de armamento ceremonial.

LOS TEATROS DE POMPEYA

Las bombas alcanzaron también el sector de los teatros. Tres impactos afectaron al Teatro Grande: uno cayó en la media cavea, otro en la galería y un tercero en la parte superior del graderío. Aunque parte de los elementos derribados correspondía a reconstrucciones realizadas durante el periodo borbónico, el monumento sufrió daños de consideración y quedó cubierto por una gran acumulación de escombros.

En el Foro Triangular resultó dañado el propileo de entrada. El llamado Templo Dórico perdió parte de un podio reconstruido y la Palestra Samnita sufrió daños en sus columnas y accesos. En la zona del anfiteatro, los cráteres abiertos por las bombas evidenciaban que los bombardeos también habían alcanzado el extremo oriental de la ciudad.

LA VIA DEI SEPOLCRI Y LAS VILLAS SUBURBANAS

Las áreas exteriores tampoco escaparon a los bombardeos. En la Via dei Sepolcri fueron alcanzados una tumba y un pórtico próximo. En la Villa de Diomedes se derrumbó parte del muro de contención situado en el ángulo suroccidental del peristilo. En las inmediaciones de la Villa de los Misterios se abrieron varios cráteres, aunque sus pinturas principales no sufrieron daños.

Algunas bombas quedaron sin explotar, hundidas en terrenos que entonces permanecían sin excavar. Muchas fueron localizadas y desactivadas en campañas arqueológicas posteriores, aunque los especialistas consideran probable que todavía permanezcan otras enterradas bajo sectores del yacimiento que continúan cubiertos por los depósitos volcánicos.

 

Via del Vesuvio, entre la Casa del Fauno y la Casa de Cecilio Jocundo.
Via del Vesuvio, entre la Casa del Fauno y la Casa de Cecilio Jocundo (foto: Parco Archeologico di Pompei)
Schola Armaturarum o Casa de los Gladiadores — III.3.6. tras el bombardeo aliado de 1943
Schola Armaturarum o Casa de los Gladiadores — III.3.6. (foto: Parco Archeologico di Pompei)

 

LA RECONSTRUCCIÓN DE POMPEYA

Cuando cesaron definitivamente los bombardeos, Pompeya seguía en pie, pero ya no era la misma ciudad que los arqueólogos habían mostrado al mundo durante las décadas anteriores. Las explosiones habían alterado el yacimiento en decenas de puntos y obligaban a emprender una reconstrucción sin precedentes en la historia moderna de la antigua ciudad.

La recuperación comenzó con una evaluación sistemática de los daños. En noviembre de 1943, Maiuri presentó a las autoridades aliadas un programa general de reconstrucción que definía las actuaciones imprescindibles para salvar Pompeya. El plan comenzaba por asegurar las estructuras más inestables, proteger pinturas, mosaicos y pavimentos expuestos a la intemperie, retirar los escombros y recuperar todos los elementos arquitectónicos susceptibles de ser reutilizados. Al mismo tiempo, debía rescatarse el material arqueológico sepultado bajo el Antiquarium y reorganizar las instalaciones necesarias para reanudar la actividad científica y administrativa del yacimiento.

LOS CRITERIOS DE INTERVENCIÓN

La retirada de los escombros se realizó bajo criterios arqueológicos. Cada bloque de piedra, tambor de columna, capitel, cornisa, teja o fragmento de pintura mural era examinado cuidadosamente antes de decidir su destino. Siempre que resultaba posible, los materiales originales se reincorporaban a los edificios de los que procedían. Cuando las piezas conservadas no bastaban para garantizar la estabilidad de una estructura, se empleaban materiales modernos, como ladrillo, hierro u hormigón armado, procurando que las nuevas intervenciones pudieran distinguirse de la fábrica romana.

Las obras se extendieron por buena parte de la ciudad excavada. En el Foro se repararon muros, arcos y estructuras dañadas por las explosiones. En los templos de Apolo y Júpiter se consolidaron elementos arquitectónicos y se reconstruyeron las partes más afectadas. También fueron objeto de importantes intervenciones las Termas del Foro, el área de los teatros, el Foro Triangular, la Palestra Samnita, la Via dell’Abbondanza, la Via del Vesuvio y la Via dei Sepolcri. Numerosas viviendas recuperaron muros, columnas, cubiertas y decoraciones que habían quedado destruidas o gravemente alteradas por las bombas.

Especialmente compleja resultó la recuperación de las pinturas murales y los estucos. Miles de fragmentos fueron recogidos entre los derrumbes, limpiados, clasificados y recompuestos antes de volver a fijarse sobre los muros restaurados. Otras decoraciones, sin embargo, habían desaparecido para siempre. Lo mismo ocurrió con parte de las colecciones del Antiquarium, donde centenares de objetos arqueológicos quedaron destruidos o sufrieron daños irreparables.

LA REAPERTURA DEL ANTIQUARIUM

Las principales obras de emergencia quedaron prácticamente concluidas en 1947. Un año después, el 13 de junio de 1948, el Antiquarium reabrió sus puertas coincidiendo con el segundo centenario del inicio de las excavaciones de Pompeya. Su reapertura simbolizaba el final de una intensa campaña de recuperación que había permitido devolver la ciudad a la investigación y a la visita pública.

La Pompeya que hoy recorren millones de personas no es únicamente la ciudad conservada por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C. También es el resultado del enorme esfuerzo de reconstrucción emprendido tras los bombardeos de 1943. Muros recompuestos, columnas reconstruidas, cubiertas protectoras y numerosas intervenciones de conservación forman ya parte de la historia moderna del yacimiento. Gracias a aquel extraordinario trabajo fue posible preservar uno de los conjuntos arqueológicos más importantes del mundo y evitar que la segunda destrucción de Pompeya se convirtiera en una pérdida irreversible para el patrimonio de la humanidad.

 

Templo de Apolo en Pompeya
Pompeya. Templo de Apolo (foto: Sergio Geijo)

 

 

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
- Angelone, Giuseppe y Gianluca Vitagliano. Just West of Pompeii. Il sito archeologico e i bombardamenti dell’estate 1943. Lecce: Youcanprint, 2020.
- García y García, Laurentino. Danni di guerra a Pompei. Una dolorosa vicenda quasi dimenticata, con numerose notizie sul «Museo Pompeiano» distrutto nel 1943. Roma: L'Erma di Bretschneider, 2006.
- Maiuri, Amedeo. «Pompei e la guerra». La Rassegna d’Italia, n.º 1, enero de 1946, pp. 134-140.
- Maiuri, Amedeo. «Restauri di guerra a Pompei». Le Vie d’Italia, n.º 3, marzo de 1947, pp. 215-221.
- Meirano, Valeria. «The bombing of Pompeii in 1943: New evidence about the bronzes». Dissertationes Archaeologicae, Supplementum 4, 2024, pp. 199-213. DOI: 10.17204/dissarch.suppl4.199.
- Picone, Renata. «Pompei alla guerra. Danni bellici e restauri nel sito archeologico». En Stella Casiello (ed.), I ruderi e la guerra. Memoria, ricostruzioni, restauri, pp. 103-128. Florencia: Nardini Editore, 2011.
- Picone, Renata. «Restauri di guerra a Pompei. Le case del Fauno e di Epidio Rufo». En Stella Casiello (ed.), Offese di guerra. Ricostruzione e restauro nel Mezzogiorno d’Italia, vol. III, pp. 19-41. Florencia: Alinea Editrice, 2011.
- Pollard, Nigel. Bombing Pompeii: World Heritage and Military Necessity. Ann Arbor: University of Michigan Press, 2020.
- Pocock, Simon. Campania 1943: enciclopedia della memoria. Nápoles: Three Mice Books, 2009.
- Vitagliano, Gianluca. «1943. Bombs on Pompeii». Academia Letters, artículo 349, 2021. DOI: 10.20935/AL349.
Archivos y documentación
- Parco Archeologico di Pompei – Pompeii Commitment.
- National Archives and Records Administration (NARA), Estados Unidos.
- The National Archives (Reino Unido).

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