Visita al Museo Arqueológico Nacional de Madrid
El Museo Arqueológico Nacional de Madrid —conocido por sus siglas, MAN— se encuentra en el imponente Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales, en la céntrica calle Serrano. Este edificio neoclásico del siglo XIX custodia más de un millón de piezas que abarcan desde los primeros homínidos que pisaron la Península Ibérica hasta el siglo XIX.
En sus cuarenta salas podemos admirar y descubrir desde bifaces tallados hace cientos de miles de años hasta coronas visigodas de oro y piedras preciosas, esculturas ibéricas de una enorme belleza, mosaicos romanos de proporciones monumentales, sarcófagos egipcios con sus jeroglíficos y una de las mayores colecciones de cerámica griega de Europa.
HISTORIA DEL MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL
El Museo Arqueológico Nacional nació en el siglo XIX, en un momento en el que España comenzaba a tomar conciencia de la necesidad de proteger su patrimonio histórico. Las desamortizaciones eclesiásticas iniciadas en 1836 habían dejado miles de objetos procedentes de conventos y monasterios sin una custodia adecuada. Muchas piezas pasaron a colecciones dispersas, otras fueron vendidas y algunas se perdieron. Para frenar esa situación, en 1844 se crearon las Comisiones Provinciales de Monumentos, encargadas de reunir y conservar bienes históricos en distintas provincias.
Al mismo tiempo, el Romanticismo había impulsado en Europa un creciente interés por el pasado nacional y por la arqueología. Países como Francia, Gran Bretaña o Prusia ya contaban con grandes museos dedicados a mostrar sus antigüedades. España, en cambio, conservaba sus colecciones repartidas entre diferentes instituciones. La creación de un museo nacional permitía reunir esos fondos, protegerlos y presentarlos al público de forma ordenada.
LA FUNDACIÓN. ISABEL II Y EL REAL DECRETO DE 1867
El Museo Arqueológico Nacional se fundó por Real Decreto el 20 de marzo de 1867, durante el reinado de Isabel II, a propuesta del ministro Manuel Orovio Echagüe. Su primer director fue Pedro Felipe Monlau y su sede inicial se instaló en el Casino de la Reina, en el barrio madrileño de Embajadores. Las colecciones fundacionales procedían sobre todo del Real Gabinete de Historia Natural, del Museo de Medallas y Antigüedades de la Biblioteca Nacional y de la Real Academia de la Historia.
Los primeros años del museo estuvieron marcados por la inestabilidad política. Durante la Revolución de 1868, el edificio sufrió un intento de incendio y fueron los propios empleados quienes protegieron las colecciones. Finalmente, el museo abrió oficialmente al público el 9 de julio de 1871, bajo el reinado de Amadeo I. En aquel momento se organizaba en cuatro grandes secciones: Tiempos Primitivos, Edad Media, Numismática y Etnografía.
EL PALACIO DE BIBLIOTECA Y MUSEOS NACIONALES. LA SEDE DEFINITIVA
Desde su fundación, el destino del museo estaba vinculado al gran palacio que Francisco Jareño y Alarcón había comenzado a proyectar en 1862, al final del Paseo de Recoletos. Este edificio neoclásico, de fachada con pórtico dórico y molduras neogriegas, estaba concebido para albergar tres instituciones: la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional de Pintura y Escultura y el Museo Arqueológico Nacional. Las obras se prolongaron durante décadas y el proyecto original fue modificado y completado por Antonio Ruiz de Salces.
El traslado desde el Casino de la Reina comenzó en 1893, y el 5 de julio de 1895 la reina regente María Cristina inauguró las nuevas instalaciones en la calle Serrano. A partir de entonces, el museo contaría con entrada independiente por la calle Serrano —mientras la Biblioteca Nacional la tiene por el Paseo de Recoletos—, compartiendo un mismo edificio que es hoy uno de los más reconocibles del Madrid cultural. En 1968 se realizó una ampliación significativa del espacio expositivo para dar cabida al crecimiento continuo de las colecciones.
LA REFORMA INTEGRAL DEL SIGLO XXI
A comienzos del siglo XXI, el museo necesitaba una profunda renovación. En 2008 cerró sus puertas para acometer una reforma integral que transformó sus espacios, su iluminación, sus accesos y su forma de presentar las colecciones. La reapertura tuvo lugar el 1 de abril de 2014. El nuevo recorrido organiza los fondos de manera cronológica y cultural, desde la Prehistoria hasta el siglo XIX, e incorpora recursos audiovisuales, maquetas y elementos interactivos sin desplazar el protagonismo de las piezas arqueológicas.
El resultado es el museo que hoy visita el público: una de las grandes instituciones arqueológicas de Europa, con una colección que permite recorrer la historia de la península ibérica y del Mediterráneo antiguo a través de objetos esenciales para comprender nuestro pasado.

QUÉ VER EN EL MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL
El recorrido por el MAN sigue un orden cronológico que avanza desde las salas de la planta baja —dedicadas a la Prehistoria— hacia la segunda planta. En la entreplanta se encuentra la sección de Numismática. En la primera planta se encuentran las salas dedicadas a la Protohistoria, la Hispania romana, la Antigüedad tardía y al-Ándalus. La segunda planta está dedicada a los Reinos cristianos, la Edad Moderna y la historia del Museo.
A esta estructura se suman, en la segunda planta, las grandes colecciones internacionales: Oriente Próximo, Egipto y Nubia, y Grecia. El museo cuenta además, en sus jardines exteriores, con uno de sus atractivos más singulares: la réplica de la cueva de Altamira.
LA RÉPLICA DE LA CUEVA DE ALTAMIRA
En los jardines del museo se encuentra una réplica del famoso techo de los polícromos de la cueva de Altamira, construida con una fidelidad técnica extraordinaria. La cueva original, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se descubrió en 1879 en Cantabria. La réplica del MAN —junto con la Neocueva del Museo de Altamira en Santillana del Mar— permite contemplar la majestuosidad de esos bisontes, ciervos y caballos trazados hace entre 14.000 y 20.000 años por artistas del Paleolítico Superior. Ver esta reproducción es un prólogo perfecto para lo que el museo ofrece en su interior.
ARQUEOLOGÍA Y PATRIMONIO (Salas 1 a 3)
El recorrido por el museo arranca en la Vitrina CERO, pensada para mostrar piezas, conjuntos o temas singulares que completan el recorrido general del museo. Por ejemplo, ha dedicado vitrinas a los idus de marzo, a la indumentaria en la Edad del Hierro, a Chipre, a la arqueología y diplomacia o a las falsificaciones del siglo XIX.
A continuación se encuentran tres salas introductorias dedicadas a la arqueología como disciplina y al patrimonio como concepto. Estas salas plantean preguntas fundamentales: ¿qué es un objeto arqueológico? ¿Cómo se excava, se conserva y se interpreta? ¿Qué significa el patrimonio para una sociedad? Con paneles cronológicos que abarcan desde la Prehistoria hasta el siglo XXI, con fotografías, gráficos y objetos explicativos, el museo ofrece aquí las claves interpretativas necesarias para que el resto de la visita tenga sentido. Es, en suma, la sala donde el visitante aprende a mirar lo que está a punto de ver.
PREHISTORIA (Salas 4 a 9)
La sección de Prehistoria comienza con un desafío de escala temporal: nos sitúa en un período que abarca desde hace más de un millón de años hasta el inicio del primer milenio antes de Cristo. Las primeras dos salas se centran en la evolución humana y el Paleolítico, trazando la presencia de los primeros homínidos en la Península Ibérica a través de instrumentos líticos, restos faunísticos y paneles explicativos. Los bifaces, raspadores y puntas de sílex expuestos son el testimonio tangible de los procesos cognitivos de los primeros grupos de humanos, de la inteligencia que aprendió a transformar el entorno para sobrevivir.
La sala dedicada al Paleolítico Superior muestra cómo esa inteligencia dio un salto cualitativo: la aparición del pensamiento simbólico, el arte, el ritual. Aquí cobran protagonismo las piezas de arte mobiliar —plaquetas grabadas, figurillas de hueso, objetos decorados—, que permiten intuir la complejidad espiritual de unas sociedades que durante demasiado tiempo han sido despachadas bajo el simplificador marbete de «cazadores-recolectores». La colección del MAN incluye piezas procedentes de yacimientos cantábricos y levantinos que son referencias ineludibles en el estudio del Paleolítico peninsular.
Las salas 6 a 9 avanzan hacia el Neolítico, el Calcolítico y la Edad del Bronce, período en que la Península Ibérica fue escenario de transformaciones radicales: la aparición de la agricultura y la ganadería, la cerámica, el tejido, la arquitectura funeraria megalítica y, finalmente, la metalurgia.

El depósito de la ría de Huelva, hallado en 1923 durante los trabajos de dragado del puerto, está formado por más de cuatrocientos objetos de bronce —espadas, puñales, puntas de lanza, regatones y otros elementos metálicos— arrojados ritualmente al agua en torno al siglo X a.C. Su interpretación ha sido objeto de debate, entre la lectura ritual del depósito y la posibilidad de que procediera del cargamento de una embarcación hundida. Es uno de los tesoros más llamativos de estas salas.
A él se suman las estelas decoradas del Suroeste peninsular, grandes losas de piedra grabadas con figuras humanas, armas, escudos, carros y símbolos de prestigio, entre las que se incluyen las llamadas estelas de guerrero y las estelas diademadas. Constituyen uno de los testimonios iconográficos más singulares de la Edad del Bronce atlántico. También destacan los cuencos de Axtroki, el tesoro de Berzocana y el tesoro de Sagrajas, magníficos ejemplos de la orfebrería del Bronce Final.


PROTOHISTORIA (Salas 10 a 17)
La sección de Protohistoria narra el primer gran encuentro con el mundo mediterráneo. El primer milenio antes de Cristo fue para la Península Ibérica un período de transformaciones aceleradas: la llegada de fenicios y griegos como colonizadores y comerciantes; la difusión de la escritura, la moneda y la cerámica a torno; el florecimiento de la cultura ibérica en el arco levantino y meridional; y el ascenso de los pueblos celtas y celtibéricos en el interior y el norte. Ocho salas recorren este proceso de complejidad creciente con una colección de excepcional calidad.
Entre las piezas fenicias y orientalizantes destacan los marfiles y bronces procedentes del yacimiento de La Joya (Huelva) y del santuario de El Carambolo (Sevilla), reflejo de los intensos intercambios comerciales y culturales entre la Península y el Mediterráneo oriental desde el siglo IX a.C. La orfebrería tartésica, con sus filigranados collares, pendientes y brazaletes de oro, revela una sociedad aristocrática con acceso a recursos y técnicas de primer orden.

El corazón de la Protohistoria en el MAN son las salas dedicadas a la cultura ibérica, donde se concentran algunas de las piezas más icónicas del museo y del arte peninsular en su conjunto. La escultura ibérica del siglo V al III a.C. alcanzó una altura formal sorprendente, influida por los modelos griegos pero con una voz propia inconfundible. Aquí se exhibe la famosa Bicha de Balazote, escultura del siglo VI a.C. procedente de Albacete que representa una figura híbrida entre toro y ser humano, en la línea de los protomas orientales que los fenicios difundieron por el Mediterráneo occidental.

Pero las estrellas indiscutibles de esta sección son las grandes esculturas femeninas conocidas como «las damas». La Dama Oferente del Cerro de los Santos, procedente de un santuario ibérico en Montealegre del Castillo (Albacete), representa a una mujer en actitud de ofrenda, ataviada con una rica indumentaria que permite reconstruir el vestido y la joyería femenina ibérica con notable precisión.
La Dama de Baza, hallada en 1971 en la necrópolis homónima de Granada, es una escultura funeraria del siglo IV a.C. que representa a una mujer sedente en un trono alado, descubierta en el interior de una tumba donde actuaba como receptáculo para las cenizas del difunto; sus colores originales, parcialmente conservados, y la minuciosa representación de sus joyas la convierten en uno de los documentos visuales más completos sobre la aristocracia ibérica.

Y después está ella, inevitablemente: la Dama de Elche. Tallada en piedra caliza entre los siglos V y IV a. C., fue hallada el 4 de agosto de 1897 en el yacimiento de La Alcudia, en Elche, la antigua Ilici. Desde su descubrimiento se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la cultura ibérica y en una de las piezas esenciales del Museo Arqueológico Nacional.
La escultura representa a una figura femenina ricamente ataviada. El rostro, sereno y frontal, aparece enmarcado por un complejo tocado con grandes rodetes laterales, velo, diadema y adornos que acentúan su carácter ceremonial. Sobre el pecho se disponen collares, colgantes y joyas que remiten al mundo de las élites ibéricas. La pieza estuvo originalmente policromada y sus ojos llevaban pasta vítrea, por lo que su aspecto antiguo debió de ser muy distinto al que hoy muestra la piedra desnuda.
Su interpretación sigue abierta. La Dama ha sido vista como una divinidad, una mujer aristocrática, una sacerdotisa o una figura vinculada a un ritual funerario. La cavidad labrada en su espalda ha tenido un papel central en ese debate. Las investigaciones la relacionan con un posible uso como urna cineraria, una función conocida también en otras esculturas ibéricas.
Poco después de su hallazgo fue adquirida por el Museo del Louvre, donde permaneció desde 1897 hasta 1941. Ese año regresó a España dentro de un intercambio de bienes culturales entre los gobiernos de Franco y la Francia de Vichy. Primero quedó depositada en el Museo del Prado y, desde 1971, forma parte de la colección permanente del Museo Arqueológico Nacional.

La sección de Protohistoria incluye también piezas celtas y celtibéricas de gran interés: torques de oro macizo, cascos de bronce, fíbulas y espadas de antenas que ilustran las costumbres guerreras y suntuarias de los pueblos del interior peninsular. El Monumento de Pozo Moro, un conjunto escultórico funerario del siglo V a.C. procedente de Chinchilla de Monte-Aragón (Albacete) con relieves de inspiración oriental que representan escenas mitológicas de difícil interpretación, cierra esta sección con una nota de ambigüedad fascinante.


HISPANIA ROMANA (Salas 18 a 22)
Con la romanización, la Península Ibérica se integró de forma progresiva en el sistema político, jurídico, económico y cultural de Roma. Las cinco salas dedicadas a la Hispania romana en el MAN recorren ese proceso desde los mecanismos de dominio y explotación del territorio hasta la ciudad, los espacios funerarios y las villas rurales.
La visita comienza en la sala 18, dedicada al poder y la sociedad. En ella aparecen los instrumentos que permitieron a Roma organizar Hispania como parte del Imperio: la legislación, el ejército, las calzadas, la lengua latina, la moneda, las nuevas técnicas productivas y la religión. Junto a estos elementos, el museo muestra la importancia de los recursos naturales —minería, agricultura y pesca— en la integración económica de las provincias hispanas.


El recorrido continúa hacia la ciudad hispanorromana. El patio de la sala 20 recrea el espacio del foro, centro político, judicial y religioso de la vida urbana. Retratos imperiales, esculturas de divinidades, aras, inscripciones y monumentos honoríficos muestran la presencia del poder romano en las ciudades.

A partir de ese núcleo urbano, las salas muestran los principales ámbitos de la vida ciudadana: talleres, mercados, espectáculos, termas y casa romana. Cerámicas, vidrios, bronces, lucernas, objetos de adorno, útiles domésticos y piezas vinculadas al ocio permiten acercarse a la actividad económica, social y cotidiana de las ciudades hispanorromanas.




ANTIGÜEDAD TARDÍA (Sala 23)
En la sala dedicada a la Antigüedad Tardía convergen el crepúsculo de Roma, la irrupción de los pueblos germánicos y el amanecer del cristianismo como nueva fuerza cultural. Y es también la sala donde se expone uno de los tesoros más deslumbrantes de todo el MAN: el Tesoro de Guarrazar.
Descubierto en Guadamur, cerca de Toledo, en el siglo XIX, el Tesoro de Guarrazar es un conjunto de coronas votivas y cruces de oro y piedras preciosas que los reyes visigodos ofrendaron a sus iglesias durante el siglo VII. La pieza más famosa es la Corona de Recesvinto, rey que gobernó Hispania entre 649 y 672 d.C., con sus letras colgantes de oro que forman la inscripción RECCESVINTHVS REX OFFERET («el rey Recesvinto hace esta ofrenda»). Adornada con zafiros, perlas, piedras de colores y una técnica de orfebrería que rivaliza con lo mejor de la producción bizantina.
La parte del tesoro conservada en el MAN —con seis coronas y cinco cruces— constituye uno de los grandes tesoros de la orfebrería medieval europea.


MUNDO MEDIEVAL (Salas 24 a 27)
Las cuatro salas medievales del MAN articulan dos mundos que coexistieron durante siglos en la Península Ibérica: el de al-Ándalus y el de los reinos cristianos.
Las salas dedicadas a al-Ándalus exhiben piezas que ilustran el esplendor de la civilización islámica hispana: capiteles califales de mármol de finísima talla, lámparas de bronce con decoración vegetal y epigráfica, cerámicas de cuerda seca y de reflejos metálicos, marfiles de los talleres cordobeses de los siglos X y XI. El Bote de Zamora, un recipiente cilíndrico de marfil tallado en Córdoba en el año 964 para Subh, madre del futuro califa Hisham II, es una de las obras maestras del marfil califal y uno de los grandes tesoros del museo. Su superficie está cubierta de una decoración vegetal y figurada de una finura técnica que deja sin palabras.
Las salas de los reinos cristianos recorren el arte románico y gótico peninsular a través de esculturas, piezas de orfebrería, manuscritos y objetos litúrgicos. Cruces de altar, cálices, relicarios y tallas de madera policromada ilustran la dimensión espiritual y artística de una sociedad que construía catedrales como acto de fe y poder simultáneamente.
EDAD MODERNA (Salas 28 a 30)
Las tres salas de la Edad Moderna llevan el relato hasta el umbral del siglo XIX, cerrando el arco cronológico de la exposición permanente centrada en la Península Ibérica. Cerámica de Talavera y Manises, azulejos, vidrios soplados, orfebrería civil y religiosa, y objetos de la vida cotidiana de los siglos XVI al XVIII componen una sección que complementa la visión histórica del museo con una perspectiva más cercana a la historia de la cultura material.
HISTORIA DEL MUSEO (Sala 31)
Una sala extraordinaria por su carácter reflexivo: el museo habla de sí mismo. Documentos, fotografías, mobiliario original, catálogos históricos y objetos de las primeras colecciones permiten reconstruir la historia del MAN desde su fundación en 1867 hasta la actualidad. Es un ejercicio de memoria institucional que revela cómo ha cambiado la concepción del patrimonio, de la arqueología y de la propia función social de los museos a lo largo de siglo y medio.
ORIENTE PRÓXIMO ANTIGUO (Sala 32)
El MAN es, ante todo, un museo de arqueología peninsular y mediterránea, pero su colección de Oriente Próximo ofrece piezas de gran valor que amplían el horizonte cultural de la visita. La pieza más llamativa es la Estela de Nabucodonosor II, una placa del siglo VI a.C. con inscripciones cuneiformes del rey babilonio que destruyó Jerusalén y deportó a los judíos. Junto a ella se exhiben cilindros-sello mesopotámicos, tablillas con escritura cuneiforme, y una selección de objetos que ilustran las civilizaciones de Mesopotamia, Siria y Palestina durante el II y el I milenio a.C.

EL NILO: EGIPTO Y NUBIA (Salas 33 a 35)
La colección egipcia y nubia del MAN es una de las más relevantes de España y una de las más singulares de Europa, no tanto por su tamaño como por su origen. Una parte considerable de sus piezas no procede de compras o donaciones decimonónicas, sino de excavaciones arqueológicas sistemáticas llevadas a cabo por técnicos del propio museo durante las últimas décadas del siglo XX, especialmente en el yacimiento de Ihnasya el-Medina —la antigua Heracleópolis Magna, capital del nomo XX del Alto Egipto y centro político destacado durante el Primer Periodo Intermedio— y en varios sitios de Nubia amenazados por las obras de la presa de Asuán.


Las tres salas se articulan en torno a tres grandes temas: la sociedad egipcia, el panteón divino y la muerte y los rituales funerarios. Entre las piezas más destacadas se encuentran la Estatua de Harsomtus-em-hat, una estatua-bloque de la dinastía XXVI, probablemente del reinado de Psamético I, perteneciente a un sacerdote y alto funcionario relacionado con el culto de Hathor; la Estela de Nebsumenu, vinculada al Segundo Periodo Intermedio, una pieza de gran interés por su inscripción jeroglífica y por la mención del rey Seankhiptah; y varios sarcófagos de madera policromada que ilustran la elaborada teología funeraria del antiguo Egipto.
Las momias, los shabtis, los amuletos, las figuras de divinidades y los objetos de uso cotidiano completan un panorama que abarca desde la Prehistoria nilótica hasta el período romano y los primeros siglos medievales.


GRECIA (Sala 36)
La sala dedicada a la Antigua Grecia merece estar entre las mejores colecciones de cerámica griega de Europa. La colección del MAN tiene su origen en el siglo XVIII, cuando Carlos III y Carlos IV trasladaron desde Nápoles los primeros grandes vasos cerámicos. En el siglo XIX se incrementó con las adquisiciones del Marqués de Salamanca, el diplomático Tomás Asensi y el comerciante bávaro Theodor Stützel, así como con las piezas traídas por la fragata Arapiles en su expedición al Mediterráneo oriental. Ya en el siglo XX, la colección del ingeniero José Luis Várez Fisa enriqueció aún más este conjunto.

El recorrido por la sala avanza desde las culturas del Egeo preclásico hasta la época helenística, organizado en apartados temáticos dedicados a la sociedad, la religión, el banquete, la guerra, el mito y la vida cotidiana. Los vasos, con sus figuras negras y rojas sobre arcilla, son documentos visuales de primer orden: en ellos se representaron mitos, rituales, escenas de symposion, competiciones atléticas, escenas de guerra y episodios de la vida cotidiana con una precisión narrativa que no tiene equivalente en ningún otro soporte de la Antigüedad griega.


Entre las piezas más notables destaca el Dinos de Las bodas de Tetis y Peleo, una gran vasija para mezclar vino y agua que muestra el cortejo nupcial de los padres de Aquiles en un desfile de dioses y mortales de extraordinaria vivacidad. La Ánfora bilingüe —denominada así porque combina la técnica de figuras negras en un lado y figuras rojas en el otro—, la Copa de Aison y la Crátera de Asteas son otras de las joyas de esta colección única.


LA MONEDA (Salas 37 a 40)
El recorrido por el MAN concluye —o, en función del itinerario elegido, se complementa— con cuatro salas dedicadas a la numismática, alojadas en la entreplanta del edificio. La colección numismática del MAN es, sin discusión posible, la más importante de España en su ámbito y una de las más destacadas de Europa. Formada por cerca de 300.000 ejemplares, tiene su origen en la Real Biblioteca fundada por Felipe V en 1711 y ha crecido sin interrupción hasta nuestros días.
Su alcance cronológico es vertiginoso: abarca desde las primeras monedas acuñadas en el mundo griego hacia el 600 a.C. hasta las emisiones del siglo XXI. Pero más allá de las piezas en sí, el planteamiento museográfico de estas salas resulta especialmente inteligente: la moneda no se presenta como un objeto de colección sino como un documento histórico de primera magnitud, un soporte de propaganda política, un instrumento de intercambio económico y un reflejo de la organización social de cada época.
La serie de moneda hispánica —ibérica, fenicio-púnica, romana provincial— es considerada la más importante del mundo en su categoría.
Entre las piezas más llamativas destaca el Trishekel hispano-cartaginés de plata, acuñado entre los años 237 y 227 a.C. para financiar los ejércitos de conquista de Cartago en la Península, y la Gran Dobla de Pedro I de Castilla, acuñada en Sevilla hacia 1360 en plena guerra civil contra su hermanastro Enrique de Trastámara.
Las salas incluyen también pesas, balanzas, matrices de cuño, medallas y objetos monetiformes de todas las épocas, así como ejemplos de formas de dinero no metálico procedentes de culturas extrapenninsulares: entre ellos el fascinante Tevau de las islas Salomón, una tira vegetal de diez metros con diminutas plumas rojas adheridas que servía como moneda ritual en ceremonias de matrimonio y comercio.
MÁS INFORMACIÓN MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL (calle Serrano 13, Madrid) HORARIOS: Martes a sábado de 9:30 a 20:00 horas. Domingos y festivos de 9:30 a 15:00. Cierra los lunes y los días 1 y 6 de enero, 1 y 15 de mayo, y 24, 25 y 31 de diciembre. TARIFAS 2026: General, 3 euros. Gratuita los sábados a partir de las 14:00 horas y los domingos por la mañana. WEB: man.es

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