Descubriendo la Navarra romana

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El territorio de Navarra conserva numerosas huellas del paso de Roma por el norte de Hispania. Su posición estratégica, entre el Ebro y los Pirineos, la convirtió en un espacio de transición entre el mundo ibérico y el aquitano. El paisaje actual —dividido en Pirineos, Cuenca de Pamplona, Zona Media y Ribera— refleja esta diversidad, que también se proyecta en su arqueología. Desde torres conmemorativas hasta villas rurales y calzadas milenarias, la Navarra romana ofrece un recorrido fascinante por la integración del territorio vascón en el Imperio.

 

mapa con los principales yacimientos romanos de Navarra

 

LOS PIRINEOS

La franja pirenaica, límite natural entre Hispania y Aquitania, fue desde época antigua un corredor de paso. Roma aprovechó estas rutas naturales para trazar calzadas y controlar los valles que comunicaban el Atlántico con el Mediterráneo.

Entre los enclaves más representativos figura Zaldua, en Auritz-Burguete, donde las excavaciones han sacado a la luz un asentamiento romano de los siglos I y II d.C., posiblemente una mansio vinculada a la calzada del Pirineo que atravesaba el valle del Urrobi. En el mismo conjunto arqueológico se documentaron dos necrópolis y varios tramos de la vía original, confirmando la importancia del lugar como punto de control y descanso de los viajeros.

Cerca de allí se alza la torre-trofeo de Urkulu, levantada en la cima del monte del mismo nombre, a 1.420 metros de altitud, entre Roncesvalles y el puerto de Azpegi. Su estructura circular y monumentalidad la relacionan con los monumentos conmemorativos de época romana, posiblemente erigida tras las campañas del norte en el cambio de era.

Más al oeste, en el Parque Natural de Urbasa-Andía, se conservan tramos de la antigua calzada romana que unía Valdega con el valle de Arakil, ejemplo de obra viaria adaptada al terreno montañoso.

En el valle de Arce (Artzi), recientemente se han puesto en valor unas termas romanas del siglo I d.C., localizadas junto a la calzada que cruzaba el valle. El conjunto, excavado y musealizado, forma parte de un proyecto que ha recuperado la red viaria romana que conectaba el Pirineo oriental con la cuenca de Pamplona.

 

torre-trofeo de Urkulu
Urkulu. Torre-trofeo (foto: EGIZU)

LA CUENCA DE PAMPLONA

La actual capital navarra, Pamplona, fue fundada por Cneo Pompeyo Magno hacia el año 75 a.C., durante las guerras sertorianas, con el nombre de Pompaelo. Situada en el centro de la cuenca y protegida por colinas, la ciudad controlaba los accesos al Pirineo y al valle del Ebro.

Las excavaciones arqueológicas han permitido identificar parte del trazado urbano romano bajo el casco antiguo, así como restos de la muralla y de varias viviendas. En el Museo de Navarra, instalado en el antiguo hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, se exponen mosaicos y esculturas procedentes de las principales villas de la región. Entre ellos destaca el célebre mosaico de Teseo y el Minotauro, hallado en la villa de Liédena.

En el entorno de la cuenca, el poblado de Irulegi, en el valle de Aranguren, ofrece una visión anterior a la conquista romana. Abandonado e incendiado durante las guerras sertorianas, el yacimiento se ha hecho célebre por el hallazgo de la llamada Mano de Irulegi, una lámina de bronce con una inscripción en lengua vascónica, considerada el texto más antiguo conocido de esta lengua.

 

mosaico romano en el Museo de Navarra en Pamplona
Pamplona. Museo de Navarra (foto: Carlos Octavio Uranga)

 

LA ZONA MEDIA

La Zona Media de Navarra concentra los principales testimonios de la romanización. En estas tierras de transición entre el norte montañoso y la ribera del Ebro se desarrollaron villas agrícolas, ciudades y calzadas que articularon la vida económica del territorio durante varios siglos.

El primer enclave de referencia es Liédena, en el valle del Irati, donde se excavó por completo una villa romana de época altoimperial. Sus mosaicos, dependencias termales y áreas de producción agrícola ilustran el modo de vida de las élites rurales romanas.

Siguiendo hacia el suroeste, el visitante alcanza Santa Criz de Eslava, uno de los yacimientos más destacados de Navarra. Las excavaciones, dirigidas por la Universidad de Navarra, han sacado a la luz el foro, templos y edificios públicos de una ciudad romana cuyo nombre original aún se desconoce. La monumentalidad de su urbanismo y su posición dominante sobre el valle demuestran su importancia en la red de asentamientos del norte peninsular.

Desde Eslava, la ruta conduce a Mendigorría, donde se alzan las ruinas de Andelos, ciudad romana célebre por su avanzado sistema hidráulico. A finales del siglo I d.C. se construyó una presa de captación y un complejo sistema de acueductos y cisternas que abastecían a la ciudad, ejemplo sobresaliente de ingeniería romana. Andelos cuenta con un museo y un recorrido señalizado que permite comprender su trazado urbano y sus infraestructuras.

En los alrededores, la villa de romana de Arellano conserva mosaicos geométricos de gran calidad y restos de un conjunto termal. En Cirauqui, junto al Camino de Santiago, aún se aprecia el empedrado original de la calzada romana y un puente de origen antiguo que permitía salvar el arroyo local. Más al sur, en Lodosa, se localizan los restos de un acueducto, mientras que en Falces la villa de San Esteban conserva estructuras relacionadas con la producción vinícola, con lagares y trujales excavados en la roca.

 

foro romano en Santa Criz de Eslava
Santa Criz de Eslava (foto: Universidad de Navarra)

 

LA RIBERA

La Ribera navarra, bañada por el Ebro, fue la zona más intensamente romanizada. Su clima más benigno y sus fértiles tierras propiciaron la aparición de numerosos asentamientos rurales y de auténticas ciudades.

En Santacara se encuentran las ruinas de la ciudad romana de Cara, citada en fuentes epigráficas como Municipium Carensis. Ocupaba una suave loma junto al río Aragón y contaba con foro, templos y un amplio entramado urbano.

En Funes, muy cerca, se hallaron los vestigios de una villa rústica dedicada al cultivo de la vid y la producción de vino, con lagares y estructuras de prensado.

El Consorcio Eder ha recuperado un tramo de 39 kilómetros de la Vía de Italia in Hispania, calzada romana que unía Tarraco con Asturica Augusta. El recorrido, habilitado para senderismo y bicicleta, discurre entre Cortes y Corella y atraviesa Ribaforada, Tudela, Ablitas y Cascante. En Ablitas, un área interpretativa permite ver un tramo reconstruido de 200 metros y la reproducción de un miliario romano, con paneles que explican la historia de la ruta.

 

ciudad romana de Cara en Santacara
Santacara. Ciudad romana de Cara (foto: Turiscapadas)

 

 

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