Ramsés II y el oro de los faraones
Una gran exposición internacional sobre el faraón más célebre de Egipto
Ramsés II protagoniza una de las mayores exposiciones internacionales dedicadas en las últimas décadas al antiguo Egipto. Cerca de 180 piezas originales procedentes de museos y yacimientos egipcios integran Ramses and the Pharaohs’ Gold. Esculturas monumentales, relieves, joyas, máscaras funerarias, ataúdes, amuletos y momias se combinan con audiovisuales y recreaciones para recorrer la vida del soberano y adentrarse después en las tumbas, creencias y ritos funerarios del antiguo Egipto. Las piezas han sido cedidas por el Supreme Council of Antiquities de Egipto.
La exposición fue concebida como una gran muestra itinerante internacional. Su estreno mundial tuvo lugar en Houston en noviembre de 2021 y posteriormente pasó por San Francisco, París, Sídney, Colonia y Tokio. En febrero de 2026 abrió sus puertas en Londres, séptima parada de una gira inicialmente planteada para recorrer diez ciudades.
La elección de Ramsés II tiene una sólida base histórica. Tercer faraón de la dinastía XIX, gobernó durante casi 67 años, entre 1279 y 1213 a. C. Su nombre aparece en más edificios y monumentos que el de cualquier otro faraón y su reinado dejó una extraordinaria huella desde el Delta del Nilo hasta Nubia. Abu Simbel, el Ramesseum, Pi-Ramsés y la batalla de Qadesh son algunos de los hitos que acompañaron su prolongado gobierno.
Sin embargo, Ramses and the Pharaohs’ Gold no reúne únicamente objetos pertenecientes a Ramsés II. Su tumba fue saqueada y prácticamente todo su ajuar funerario desapareció. La segunda parte de la exposición incorpora por ello piezas procedentes de otros enterramientos reales, entre ellas algunas de las extraordinarias joyas del Reino Medio y los tesoros hallados en la necrópolis real de Tanis.

EL RECORRIDO DE LA EXPOSICIÓN
La visita comienza con un teatro audiovisual y continúa por nueve grandes áreas: El viaje de Ramsés, Ramsés el Grande, la batalla de Qadesh, los constructores de tumbas, el Valle de los Reyes, los tesoros de las tumbas, el escondite real, Ramsés redescubierto y un epílogo final.
La primera mitad del recorrido gira alrededor del faraón y de su reinado. Conocemos sus orígenes, su familia, las formas mediante las que se representaba el poder real, sus grandes construcciones y la dimensión militar de su gobierno. Qadesh cierra este primer bloque.
A partir de los constructores de tumbas, la exposición se introduce progresivamente en el mundo funerario. Deir el-Medina conduce al Valle de los Reyes; las tumbas conducen a los objetos preparados para el Más Allá; los saqueos explican el traslado de las momias reales, y el escondite de Deir el-Bahari conduce finalmente al redescubrimiento de Ramsés II.


EL VIAJE DE RAMSÉS
La dinastía XIX fue fundada por Ramsés I, antiguo militar y visir que subió al trono tras el reinado de Horemheb. Le sucedió su hijo, Seti I, padre de Ramsés II, que recuperó una política activa en Oriente Próximo además de emprender importantes proyectos constructivos. Ramsés creció así muy cerca del ejercicio efectivo del poder.
Cuando sucedió a su padre hacia 1279 a. C., era todavía un hombre joven. Comenzaba un reinado que se prolongaría durante casi siete décadas.
Esta primera área presenta el tránsito del príncipe al faraón y los elementos que definían la realeza egipcia. Al coronarse, el soberano asumía una titulatura formada por cinco nombres que expresaban su identidad política y religiosa. Coronas, cartuchos, cetros e imágenes lo identificaban inmediatamente como rey.
El fragmento superior de obelisco de Ramsés II mostrado en esta zona pertenece a ese lenguaje. Los obeliscos estaban estrechamente vinculados al culto solar y se levantaban especialmente ante los templos. Sus inscripciones proclamaban los nombres y títulos del rey y su relación con las divinidades.
También aparece aquí una de las obras de mayor tamaño de la exposición: la cabeza colosal de granito rosa de Ramsés II, hallada en Menfis en 1888. Esta escultura fue realizada originalmente siglos antes para un soberano del Reino Medio, y se modificó durante el reinado de Ramsés para representar al nuevo faraón. La reutilización y apropiación de monumentos anteriores fue una práctica repetida durante su gobierno.


RAMSÉS EL GRANDE
La siguiente área es una de las más extensas del recorrido y reúne buena parte de las piezas directamente relacionadas con Ramsés II y su familia. Esculturas, relieves, armas y elementos arquitectónicos presentan los diferentes ámbitos de un reinado excepcionalmente largo: la familia real, la religión, la guerra, la arquitectura monumental y la nueva capital establecida en el Delta.
Pocos faraones dejaron su nombre inscrito tantas veces sobre Egipto como Ramsés II. Su largo reinado permitió desarrollar un enorme programa arquitectónico. Terminó obras iniciadas por Seti I, amplió grandes santuarios y levantó nuevos templos. Su presencia aparece en Karnak, Luxor, Abydos, Menfis y numerosos lugares del territorio egipcio.
En Nubia realizó algunas de sus construcciones más conocidas. Los dos templos excavados en la roca de Abu Simbel constituyen la expresión más monumental de ese programa. El mayor está presidido por cuatro enormes imágenes sedentes de Ramsés II. Muy cerca se encuentra el templo dedicado a Hathor y a la reina Nefertari. En Tebas occidental levantó su templo funerario, conocido actualmente como Ramesseum, mientras que en el Delta oriental fundó Pi-Ramsés, la capital real desde la que podía controlar las campañas hacia Siria y Palestina.


La estatua sedente de Tuya, madre de Ramsés II, es una de las piezas destacadas de la sala. Realizada en granito oscuro y encontrada en Tanis por Flinders Petrie en 1883, representa a la reina con una larga peluca, vestido plisado y tocado de buitre. La escultura fue originalmente realizada durante el Reino Medio y posteriormente modificada para representar a Tuya.
La numerosa descendencia del faraón aparece representada por Khaemwaset, uno de sus hijos más conocidos. Cuarto hijo de Ramsés y de la reina Isetnofret, alcanzó el cargo de sumo sacerdote de Ptah en Menfis. La estatua expuesta lo muestra con los atributos de este sacerdocio. Khaemwaset intervino además en antiguos monumentos de Saqqara y otros lugares de Egipto, dejando inscripciones relacionadas con su restauración. Llegó a ser designado heredero, pero murió antes que su padre. El trono terminó pasando a Merenptah, otro de los hijos de Ramsés.


La condición militar del faraón ocupa igualmente una parte importante de Ramsés el Grande. En una vitrina se conserva un arco compuesto realizado con madera, corteza y marfil, acompañado por un carcaj decorado. Este tipo de arma, introducido en Egipto desde Asia y perfeccionado durante el Imperio Nuevo, proporcionaba mayor potencia que los arcos simples y tuvo especial importancia para los arqueros que combatían desde los carros.
El mismo lenguaje militar aparece en las baldosas de fayenza con prisioneros extranjeros procedentes de palacios ramésidas. Representar a los enemigos sometidos bajo los pies del faraón convertía elementos de la decoración palaciega en imágenes permanentes de la supremacía de Egipto. La muestra londinense incluye asimismo un relieve de piedra caliza donde Ramsés, armado con un hacha, domina a tres enemigos que representan a Nubia, Siria y Libia.

La exposición dedica un apartado específico a Pi-Ramsés, convertida durante su reinado en el principal centro político y militar de la monarquía. Situada en el Delta oriental, su posición facilitaba las comunicaciones con los territorios de Siria y Palestina. Los textos antiguos describen una ciudad dotada de palacios, templos y grandes instalaciones; desde allí podían organizarse las expediciones y el abastecimiento de los ejércitos que se dirigían hacia el Levante. Siglos más tarde, buena parte de sus monumentos fueron desmontados y trasladados a Tanis, circunstancia que durante mucho tiempo dificultó la localización de la antigua capital ramésida.

LA BATALLA DE QADESH
Una gran instalación audiovisual nos traslada a Siria, en el quinto año del reinado de Ramsés II, cuando se produjo uno de los episodios que Ramsés II convirtió en pieza fundamental de su propia imagen: la batalla de Qadesh.
Hacia 1274 a. C., egipcios e hititas se disputaban el control de una región estratégica del Mediterráneo oriental. Los ejércitos de Ramsés II y de Muwatalli II se encontraron cerca de Qadesh, junto al río Orontes. El rey Muwatalli II había concentrado su ejército cerca de Qadesh y lanzó sus carros contra los egipcios antes de que todas sus divisiones hubieran podido reunirse y la victoria estuvo a punto de decantarse del lado hitita pero la llegada de otras divisiones egipcias, cambió el signo de la batalla.
Ramsés convirtió posteriormente aquel momento crítico en una extraordinaria narración de victoria personal. Los relieves de Abu Simbel, Karnak, Luxor, Abydos y el Ramesseum muestran al faraón disparando desde su carro contra numerosos enemigos. Las inscripciones ordenadas por Ramsés presentan al faraón prácticamente solo frente al enemigo, salvando la situación mediante su valor personal y la ayuda del dios Amón. La escena fue reproducida en diferentes templos del país y acompañada de largos relatos escritos.
La instalación multimedia reproduce el movimiento de los ejércitos sobre el terreno y permite seguir la batalla, pero detrás del espectáculo aparece una cuestión histórica fundamental: Qadesh es también una lección sobre propaganda faraónica. Ramsés controló la manera en que aquel enfrentamiento sería recordado.
El resultado militar estuvo lejos de la victoria absoluta proclamada por los monumentos egipcios. Qadesh permaneció en la órbita hitita y las dos potencias continuaron enfrentadas. Años después, Ramsés II y Hattusili III acordaron un tratado de paz y cooperación, posteriormente reforzado mediante matrimonios dinásticos.


LOS CONSTRUCTORES DE TUMBAS
En Deir el-Medina, en la orilla occidental de Tebas, residía una comunidad de artesanos especializados encargados de excavar y decorar las tumbas reales. Canteros, dibujantes, pintores, escultores y escribas trabajaban en el Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas.
Miles de ostraca y papiros conservados permiten conocer de manera excepcional su vida diaria. Sabemos quiénes eran, cuánto cobraban, cuándo faltaban al trabajo, sus litigios, relaciones familiares e incluso algunos de sus problemas personales. La exposición abandona así por unos momentos la historia de los grandes soberanos para acercarse a la sociedad que hizo posibles sus monumentos funerarios.


EL VALLE DE LOS REYES
Durante unos cinco siglos, los soberanos del Imperio Nuevo hicieron excavar sus tumbas en un valle desértico de la orilla occidental de Tebas. Tutmosis III, Amenhotep III, Tutankamón, Seti I y Ramsés II se encuentran entre los faraones enterrados en el Valle de los Reyes.
La elección de tumbas excavadas en la montaña sustituyó a las grandes construcciones funerarias visibles de épocas anteriores, pero no modificó el principio esencial del enterramiento real. La muerte no representaba el final. Había que preservar el cadáver y proporcionar al faraón los conocimientos y objetos necesarios para superar el tránsito hacia el Más Allá.
Por ello, las paredes de las tumbas reales se cubrieron con extensos textos funerarios. El Amduat dividía el viaje nocturno del Sol en doce horas. El Libro de las Puertas describía ese mismo tránsito mediante una sucesión de regiones separadas por puertas custodiadas por seres sobrenaturales. Otras composiciones, como la Letanía de Ra o el Libro de la Vaca Celeste, completaban estos programas religiosos. La tumba de Seti I, KV17, contiene uno de los conjuntos más amplios conservados, mientras que el Libro de la Vaca Celeste también se encuentra en la tumba de su hijo Ramsés II.
También el cuerpo necesitaba protección. La momificación preservaba los restos físicos, mientras ataúdes, amuletos, joyas y otros elementos garantizaban distintas formas de protección mágica. Las piezas reunidas en esta sección procedentes de diferentes enterramientos nos permiten conocer ese complejo equipamiento funerario.
Las joyas son especialmente reveladoras. El oro no se utilizaba únicamente por su valor económico. Su brillo, su permanencia y su relación con el Sol lo vinculaban con el mundo de los dioses. Halcones, escarabajos, cobras y otras figuras convertían collares, cinturones y amuletos en objetos cargados de significado.
La máscara funeraria de Amenemope, formada por láminas de oro que reproducen el rostro idealizado del soberano, es una de las piezas principales. Sobre la frente aparece el uraeus, la cobra real que identifica y protege al faraón. Lapislázuli y cornalina completan una pieza en la que el oro transforma el rostro mortal del rey en una imagen destinada a permanecer.


Entre el Valle de los Reyes y los Tesoros de las tumbas se encuentra una interesante sección dedicada a las Momias de animales, procedentes de Saqqara, la gran necrópolis de la antigua Menfis. Se exhiben momias de gatos, un cachorro de león y una mangosta, además de un ataúd de madera para un cocodrilo momificado y pequeños sarcófagos de piedra caliza destinados a escarabajos momificados.


LOS TESOROS DE LAS TUMBAS
En estas salas, joyas, amuletos, máscaras y objetos funerarios nos permiten acercarnos a la riqueza depositada en las tumbas egipcias. Muchos pertenecen a periodos distintos del reinado de Ramsés II, y algunos son varios siglos posteriores. Entre los conjuntos más importantes se encuentran los tesoros reales de Tanis.
En 1939, el arqueólogo francés Pierre Montet descubrió en la antigua Tanis una necrópolis real utilizada durante las dinastías XXI y XXII. A diferencia de la mayoría de las tumbas del Valle de los Reyes, algunos de aquellos enterramientos conservaron una parte excepcional de sus ajuares. De ellos proceden objetos asociados con faraones como Psusennes I, Amenemope y Sheshonq II, además de personajes de la corte como el general Wendjebauendjed. Oro y plata fueron utilizados profusamente en máscaras, vasos y joyas.
El conjunto funerario de Sheshonq II muestra hasta dónde podía llegar esta riqueza. Joyas, recipientes y otros objetos de oro y plata acompañaban al soberano. Incluso algunas piezas depositadas en su tumba eran mucho más antiguas y habían sido reutilizadas, una práctica que recuerda la larga circulación de determinados objetos dentro de las instituciones reales y religiosas.
Todavía más singular es el ataúd de plata de Sheshonq II. Su cuerpo momiforme y cabeza de halcón convierten al faraón en una figura divina, mientras diferentes imágenes protectoras acompañan al difunto. Junto a él, los vasos canopos recuerdan otra parte esencial del proceso de momificación: los órganos retirados del cadáver recibían su propia protección ritual.
La plata merece especial atención. Egipto poseía importantes recursos de oro, especialmente en Nubia, mientras que la plata era más difícil de obtener y debía llegar en gran medida desde el exterior. En determinados periodos llegó a tener un valor superior al oro.
No todos los magníficos enterramientos de Tanis pertenecían a faraones. El general Wendjebauendjed, alto funcionario de Psusennes I, recibió igualmente una rica sepultura con máscara funeraria de oro y numerosos objetos.
¿Qué pudo contener originalmente la tumba de Ramsés II? No lo sabemos, pero si los objetos hallados en la tumba de Tutankamón fascinaron al mundo, y los de las tumbas de Tanis son igualmente impactantes, ¡qué tesoros habría en la tumba del faraón más longevo y famoso de la historia!


EL ESCONDITE REAL
Durante la XXI dinastía, el saqueo de las tumbas reales de Tebas se había convertido en un grave problema. Ante la imposibilidad de proteger los enterramientos originales, las autoridades sacerdotales comenzaron a trasladar las momias de antiguos faraones. Los cuerpos fueron inspeccionados, reparados cuando era necesario, envueltos nuevamente y depositados en lugares más seguros. La momia de Ramsés II terminó junto con la de otros miembros de la realeza en un escondite situado en los acantilados de Deir el-Bahari, conocido actualmente como DB320 o TT320.
Las piezas relacionadas con Pinedyem I y Pinedyem II pertenecen precisamente al mundo tebano que llevó a cabo aquellos reenterramientos. Sus ataúdes ayudan a explicar una época en la que las antiguas sepulturas reales estaban siendo reorganizadas para intentar preservar los cuerpos que todavía habían sobrevivido.

RAMSÉS REDESCUBIERTO
El escondite de Deir el-Bahari fue conocido por miembros de la familia Abd el-Rassul, que durante años extrajeron y vendieron antigüedades procedentes del depósito. Las sospechas de las autoridades egipcias terminaron conduciendo en 1881 al descubrimiento del lugar. Dentro había decenas de ataúdes y momias reales. Ahmose I, Amenhotep I, Tutmosis III, Seti I y Ramsés II se encontraban entre los soberanos que habían sobrevivido ocultos en la montaña tebana.
La exposición reconstruye virtualmente pinturas murales de la tumba de Seti I (KV17) en el Valle de los Reyes y una recreación audiovisual con la imagen de la momia del faraón Ramsés II y el aspecto idealizado del monarca egipcio a los treinta y ochenta años de edad.
Junto a ellas, en el centro de la sala se muestra el ataud de cedro de Ramsés II reutilizado durante los traslados de su momia y en el que finalmente fue depositado en el escondite de Deir el-Bahari.
En 1976, la momia fue trasladada excepcionalmente a París para ser estudiada y sometida a trabajos de conservación. Aquella estancia acabaría teniendo una curiosa consecuencia décadas después: cuando Ramses and the Gold of the Pharaohs llegó a París en 2023, Egipto autorizó que el ataúd utilizado para el reenterramiento del faraón acompañase excepcionalmente la exposición.

EPÍLOGO
En la sala que cierra la exposición nos encontramos con un coloso de piedra caliza de Ramsés II, junto a un audiovisual que nos recuerda la extraordinaria presencia de su figura en nuestra era.
La exposición comenzó presentando a un joven que ascendía al trono en 1279 a. C. y termina nuevamente ante una imagen monumental del mismo hombre. Entre ambos extremos hemos podido conocer al faraón, al guerrero de Qadesh y al constructor de Abu Simbel; a los artesanos que preparaban las tumbas reales; las creencias que acompañaban a los muertos; el oro, la plata y las joyas depositadas en las sepulturas; los saqueos que amenazaron las momias y la decisión de ocultarlas para salvarlas.
Ramses and the Pharaohs’ Gold utiliza así la excepcional trayectoria de Ramsés II para recorrer algunos de los aspectos esenciales de la civilización egipcia. Las 180 piezas expuestas en Londres nos permiten conocer el mundo en el que Ramsés vivió, comprender cómo ejerció el poder y descubrir el largo camino preparado por los egipcios para conducir a sus muertos hacia una nueva existencia.

LA EXPOSICIÓN EN IMÁGENES
Descubre las fotografías que tomamos en la exposición Ramsés y el oro de los faraones en nuestro canal de Flickr.

MÁS INFORMACIÓN RAMSES AND THE PHARAOH'S GOLD WEB: ramsestheexhibition.co.uk
